El abad Molina, en el centro de la imagen.
El abad Molina, en el centro de la imagen.

A finales del pasado mes de enero apareció en lavozdelsur.es el contenido del acta de la última reunión, a la que no fuimos invitados, de una comisión asesora de la Oficina Municipal de Memoria Democrática (aunque nosotros hemos pedido muchas veces un Consejo Local de Memoria Histórica). En este documento se recoge una propuesta de vías públicas de la ciudad cuya denominación podrían ser susceptibles de cambiar, en cumplimiento de la llamada Ley de Memoria Histórica, entre ellas las calles Arcipreste Corona, Teodoro Molina, Alcalde Junco, José María Pemán, Arturo Paz Varela, Alcalde Mateos Mancilla, Nuestra Señora de la Cabeza, las avenidas Duque de Abrantes, Tomás García Figueras y Alcalde Cantos Ropero, o la glorieta Alcalde Miguel Primo de Rivera.

Desde la publicación de esa acta, como era de esperar y los hechos alrededor de la retirada del busto de Pemán presagiaban desde hace tiempo, han venido apareciendo en distintos medios de comunicación de la ciudad escritos de protesta por la mencionada propuesta. El 26 de febrero era un nieto del exalcalde franquista Tomás García Figueras quien en un tono mesurado, hay que reconocerlo, mostraba su sorpresa en el Diario de Jerez ante dicha propuesta con un escrito titulado La ley de Memoria Histórica y Tomás García-Figueras. Apenas 4 días más tarde, el día 1 de marzo, era otro familiar de otro de los titulares de esas vías públicas afectadas por una posible sustitución de nombre, en esta ocasión del sacerdote Francisco Corona Humanes, quien reaccionaba públicamente ante esta idea, sorprendido también, preguntándose “qué tiene que ver una persona así con la Ley de Memoria Histórica, una persona que cuidó y salvó a cientos de personas de ser fusiladas”.

Esta misma idea acerca de la supuesta labor benefactora (lo que vendría a convertirlo en una versión jerezana del Oskar Schindler alemán) desplegada por Corona Humanes en plena Guerra Civil “salvando a muchos detenidos por rojos”  de una muerte segura fue ya recogida en 2009 en el blog Jerez Intramuros por Eduardo García Velo, quien matizaba, además, que “para este recordado sacerdote no existían colores ni bandos”.

Y, finalmente, apenas una semana después era el portavoz del PP en el Ayuntamiento quien en la prensa escrita local aprovechaba todo ello para criticar a la alcaldesa y a su partido por lo que calificaba como “errónea y malintencionada interpretación de la ley de Memoria Histórica”, una disposición legal que a su juicio poco tiene que ver con el personaje, un error que solo se debería a un claro “sectarismo ligado a un gran desconocimiento de la historia de Jerez”.

Pero no debería dar por hecha el PP la adopción de esta medida por parte del Ayuntamiento de Jerez (PSOE), sobre todo teniendo en cuenta que después de tantos años de promulgada la llamada Ley de Memoria Histórica aún continúan perviviendo en la ciudad numerosos vestigios franquistas en vías públicas o edificios, por mencionar solo este aspecto. Por no hablar de lo ocurrido, también gobernando otro ayuntamiento anterior de mayoría y mismo color político que el actual, cuando reculó y dio marcha atrás a la propuesta de retirar el nombre de la calle Comandante Arturo Paz Varela a poco que algún familiar dejó entrever su oposición a la medida en los medios de comunicación. Su osadía solo pudo llegar a suprimir el sustantivo “Comandante” del rótulo (¡!), no más.

No tema el PP. También el mismo día 10 de marzo actual este periódico recogía el carácter, cuando menos dudoso, de una medida de ese tipo en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica.

Pues bien, si repasamos los referidos escritos de protesta anteriores, en todos ellos existe un denominador común: por un lado, la sorpresa manifestada por la medida anunciada y por otro, la convicción de que la misma solo puede deberse a una mala interpretación de la Ley de Memoria Histórica y al “desconocimiento de la historia de Jerez”. Por nuestra parte, no dudamos de la referida labor social desarrollada por Francisco Corona Humanes con sus feligreses más desamparados del barrio de Santiago, aunque ello no constituye la  cuestión que se pretende dilucidad aquí y ahora, una actitud, por otro lado, propia de un cristiano que, además, es sacerdote. No creemos, sin embargo,  por las razones que señalaremos más adelante, ajustada a la realidad de los hechos históricos la  imagen creada de este sacerdote como salvador de cientos de personas que iban a ser fusiladas de no mediar su intercesión. En absoluto.

Es poco serio intentar poner un velo sobre el hecho de que la iglesia católica española apoyó mayoritariamente la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y el régimen dictatorial surgido de ella. La iglesia católica bendijo el golpe con gusto y lo legitimó, como es sabido, presentándolo ante el mundo como una santa cruzada contra el ateísmo y el comunismo. Pero el papel desempeñado por la Iglesia en esta Santa Cruzada no se limitó solo a este apoyo de legitimación y de justificación del golpe militar y de la sangrienta represión que siguió, sino que bajó a la tierra hasta implicarse prácticamente, hasta mancharse.

El poliédrico sistema de instancias represivas puesto en funcionamiento por el estado franquista durante la Guerra Civil y, sobre todo, una vez finalizada esta, requería de un bien tejido sistema de redes de delación e información sobre los antecedentes sociales, políticos, religiosos, personales, etc. de los miles de españoles y españolas que fueron sometidos al escrutinio y condena de cualquiera de estas numerosas instancias: consejos de guerra, depuración laboral, Tribunal de Responsabilidades Políticas, incautación de bienes, Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo…

La Iglesia, a través de sus sacerdotes, se convirtió junto con el Servicio de Información e Investigación de Falange en uno de los principales proveedores de información sobre la vida de esos miles de españoles sometidos a algún procedimiento de represión. De esta manera, estos informes proporcionados por muchos de estos sacerdotes se convirtieron en elementos que inclinaron definitivamente la balanza para terminar de implicar y condenar, en muchos casos a la última pena, a esos miles de encartados en estos procesos de investigación.

Colofón y firma de un informe del abad de la colegial de Jerez Teodoro Molina Escribano dirigido a la “Comisión Revisora del Magisterio de la Prov. de Cádiz”.

En Jerez, en nuestra ciudad, como en tantos otros lugares, la Iglesia y algunos de sus sacerdotes también participaron en esta tarea de delación y de información demandada por estos órganos y tribunales represivos. Dos de esos sacerdotes fueron, precisamente, Francisco Corona Humanes, cura propio de la iglesia de Santiago y de la Victoria, y el abad del Cabildo Eclesiástico de la Iglesia Colegial, Teodoro Molina Escribano.

El sacerdote Corona Humanes, emitía a principios de enero de 1937 ,“sin inhibirse”, un informe dirigido a la Comisión Depuradora del Personal de Magisterio de la provincia de Cádiz, encargada de depurar la conducta político social de los maestros de la provincia y de elevar a la superioridad sus propuestas de sanción a estos profesionales de la enseñanza. Informaba Corona Humanes sobre siete profesores de la Escuela Graduada Carmen Benítez, enclavada en el barrio de Santiago, y cuatro maestros y maestras de otros centros educativos del mismo barrio. Los siete maestros del colegio Carmen Benítez eran: Antonio Cleofé, Guillermo Garnacho, Teófilo Azabal Molina, José María Cordero, Dionisio Fernández López Aguirre, Máximo Marín Martínez, Demetrio Molina y Gregorio Recuero Molina. Se da la tremenda paradoja, muy frecuente, de que varios de ellos ya habían sido fusilados, entre ellos el inspector y maestro Teófilo Azabal Molina, o Dionisio Fernández López Aguirre. Estos fueron los informes de Corona Humanes enviados sobre estos maestros:

Referencia: Archivo Hco. Provincial de Cádiz: Comisión Depura-dora del personal de magisterio (Cádiz), 1936-1942, caja 29998

El arcipreste Corona Humanes dice del maestro Teófilo Azabal, asesinado por los golpistas: “Conocido personalmente. Cambió radicalmente al advenimiento de la República, si bien antes de esta tampoco era católico práctico. Se distinguió por la propaganda de ideas y todas las referencias de él son pésimas”. Del maestro José Mª Cordero dice: “Desconocido personalmente. Según informes estuvo afiliado al partido Izquierda Republicana y de ideas contrarias a la religión”. Del maestro Antonio Gálvez, asesinado en 12 de septiembre de 1936, dice Corona Humanes: “Poco conocido. Las referencias que de él tengo son también malas”.

Debe saberse que estos informes remitidos y firmados por sacerdotes como el padre Corona Humanes sobre la conducta política de los maestros encausados, o su religiosidad, sirvieron para decantar la resolución definitiva de los expedientes incoados hacia propuestas de sanción de estos profesionales, las cuales podían ir desde la suspensión temporal de empleo y sueldo, el traslado forzoso o la postergación temporal en el escalafón del cuerpo hasta la separación definitiva del puesto de trabajo.

No solo colaboró en esta labor represiva el padre Corona. El abad del Cabildo eclesiástico de la Iglesia Colegial, Teodoro Molina (ver documentos nº 1 y nº 2 del anexo gráfico), remitía también en junio de 1939 informes de antecedentes sobre otros maestros y maestras jerezanos a la misma Comisión Depuradora de Magisterio de la provincia de Cádiz. Estos que siguen fueron los que mandaba sobre el maestro socialista, ya fusilado en esa fecha, Juan Jiménez Ortega (ver documento nº 5 del anexo gráfico y documental) y el maestro Antonio Vicente Moronta afiliado a la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT:

(Fuente: Archivo Hco. Provincial de Cádiz, Comisión Depuradora del personal de magisterio, Cádiz, 1936-1942, caja 29998)

Y esta fue la dura respuesta dada por el abad de la colegial de Jerez Teodoro Molina Escribano a esa misma Comisión Depuradora de Magisterio, pero de la provincia de Toledo, sobre una maestra  que había prestado servicios con anterioridad en Jerez: ver documento nº 2 en anexo gráfico y documental.

En definitiva, todas estas son las razones por las cuales consideramos que deben suprimirse, si el gobierno local a bien lo tiene, los actuales nombres de la avenida Arcipreste Corona y calle Teodoro Molina.

Creemos que de las calles de Jerez deben ser eliminados aquellos nombres de las personas que se implicaron, sin ambages, en el golpe de estado del 18 de julio y en la posterior represión, o en el apoyo público al régimen, dando soporte a la dictadura franquista de una forma abierta y sin pudor. Todo ello por dignidad democrática de Jerez y por cumplir en nuestra ciudad con el artº 32 de la vigente Ley 2/2017, de 28 de marzo, de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, que habla de simbología franquista en la vía pública.

ANEXO GRÁFICO Y DOCUMENTAL:

1º.-Acto de desagravio del falangista jerezano Joaquín Bernal (17/04/1938), coincidiendo con los hechos de abril del 36 en el que el Jefe Provincial de Falange en 1936 fue víctima de un atentado resultando herido por disparos:

El abad, en el centro de la imagen.

En la cabecera de la manifestación identificamos al abad Teodoro Molina al lado del que parece ser el que también fuera, de manera accidental, Jefe Provincial de Falange y posteriormente alcalde de Jerez (a su derecha), José Mora Figueroa Gómez-Imaz; el Comandante Militar golpista Salvador Arizón Mejía (a la derecha de este último); el alcalde franquista del momento Juan José del Junco (a la derecha de Arizón), un nuevo representante de la Iglesia de Jerez y otros jerarcas locales del nuevo régimen; siendo, probablemente,  el segundo por la izquierda uniformado el propio Joaquín Bernal Vargas.

2º.-Informe a la Comisión Depuradora del magisterio de la provincia de Toledo, de 04 octubre 1937, de la profesora Mª Luisa Regife (que aún disfruta de una calle en Jerez) y del abad Teodoro Molina Escribano sobre una profesora que ejerció en Jerez (Fuente: AMJF, Protocolo Mpal., tomo nº 639, año 1937):

Informe.

3º.-El sacerdote Corona Humanes y el abad Teodoro Molina, junto a otros sacerdotes como Juan Torres Silva, junto a las autoridades franquistas, en un acto religioso en Jerez a fines de diciembre de 1936:

Anuncio en 'ABC'.

4º.- El sacerdote Corona Humanes y el abad Teodoro Molina, junto a sacerdotes como Ruiz Candil y las autoridades franquistas, en un acto religioso en Jerez en 27 de enero de 1938 de homenaje a los sacerdotes “asesinados por las hordas marxistas”:

Homenaje a los asesinados por las "hordas marxistas".

y 5º.-Informe del abad Teodoro Molina sobre el maestro, fusilado, Juan Jiménez Ortega (Fuente: Archivo Hco. Provincial de Cádiz, caja 29997, año 1936-1942: Comisión Depuradora de Personal de magisterio -Cádiz-)

Informe sobre maestro fusilado.

Grupo de Memorialistas de Jerez

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