Anna Gabriel.
Anna Gabriel.

Cualquiera que conozca mínimamente la trayectoria de Anna Gabriel, la activista, la militante, la educadora social que poco a poco fue convirtiéndose en una de las cabezas visibles de la CUP, puede afirmar que se trata de una de las personalidades políticas más coherentes, honestas y luchadoras de toda Catalunya. Se puede estar más o menos de acuerdo con su discurso e ideología, incluso situarse radicalmente en contra, pero desde luego que cualquier periodista serio afirmaría que Gabriel se encuentra muy lejos de la surrealista, demoníaca e infantil caricatura que se han encargado de grabar a fuego la caverna mediática de la derecha, los rubenesamones de turno, los memes de los cuerpos de seguridad y el facebook de nuestro cuñao.

No, definitivamente Gabriel no es una Satanás rompepatrias, poco aseada y reencarnada en independentista, y a poco que se siga el historial judicial de este país en el último lustro, sabremos que lleva razón cuando asegura que no recibirá un juicio justo, básicamente porque ya está sentenciada por un poder judicial ultraconservador, pepero y maniatado que poco a poco nos mina y nos roba nuestros derechos y libertades, no digamos ya por una opinión pública, la española, que solo quiere verla sumida en la desgracia.

Conozco a gente simpática que haga lo que haga Gabriel va a criticarla, gente que se considera a sí misma muy demócrata, digna y afable a la que no le importaría verla arder, literalmente, como si se tratara de Juana de Arco o capaz de hacerle el paseíllo de la vergüenza cual Cersei Lannister.

Da miedo comprobar el odio que flota en el ambiente en un país cegado por sus emociones y el brutal giro de este hacia la derecha. Me aterra la manera en la que se han encargado las élites y los medios de comunicación de que la gente esté más preocupada del himno de España, de Anna Gabriel y de Valtonic que de la creciente desigualdad, la brecha salarial, las hucha de las pensiones, las corruptelas del PP o de que asesinen a mujeres día tras día.

Remar hoy a contracorriente, hacer pedagogía, defender nuestras libertades más básicas, pedir la limpieza de las instituciones y una democracia real, justo cuando tenemos a la derecha con el cuchillo entre los dientes, la policía política deseando encarcelar disidentes, tu cuñao llamándote Otegi, la progresía equidistante mirando hacia otro lado y media España cegada por la bandera es una tarea muy muy difícil, pero sin duda alguna, es una labor más necesaria que nunca.

Hoy toca apoyar sin avergonzarnos a Anna Gabriel porque es una política decente que solo buscó —por un camino que no comparto, pero alternativo— la dignidad y la revolución de su pueblo. Los libros de Historia —los buenos, los realistas, no los que manipula Santillana— hablarán de esta etapa política con vergüenza, con la cabeza gacha, cuando refresquen esta Inquisición 2.0 que, besando la bandera, encarcela políticos, tuiteros y artistas cediendo la libertad solo a corruptos, ratos y undargarines.



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