esteve y santa maria
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Después de conocer la noticia de que el ayuntamiento ha decidido asfaltar completamente el tramo entre la plaza de las Angustias y la calle Honda, hoy es un día triste. Que no se entienda la tristeza como depresión, pesimismo o rendición, sino como pena pura y dura porque esta ciudad va perdiendo, de forma consciente, que es peor, la posibilidad de ser un lugar más moderno, sostenible y respetuoso consigo mismo. Después de que el negro del asfalto invadiese las Angustias y de que se parchearan (de forma provisional, decían, en tanto en cuanto no se lleven a cabo las obras de instalación de las bandas de rodadura que tan buen resultado han dado en Cádiz, por ejemplo) los pasos de peatones de Corredera y Esteve de la misma forma, llega el anuncio de una actuación que yo, al menos yo, no considero un atentado contra el patrimonio, ya que vivimos en un atentado continuo contra el patrimonio en esta ciudad desde hace… no sé ni el tiempo que hace.

Para colmo todo esto se ha perpetrado de forma cobarde, oscura, utilizando a ciertos colectivos, sólo a ciertos, como escudo o paraguas con los que protegerse del chaparrón que está cayendo y va a seguir cayendo. Decía la alcaldesa en mayo que no se iba a sustituir más adoquín por asfalto. Daños colaterales en una guerra que, por muy perdida que se vea o desesperados se nos perciba, jamás la ganarán los malos. Y en esta ciudad el ayuntamiento siempre son los malos desde hace…tampoco consigo calcular el tiempo que hace.

Vivimos en una ciudad donde el ayuntamiento realiza una encuesta para elegir el color de los autobuses nuevos, pero para decidir sobre una actuación que cambia, altera gravemente la fisonomía del centro, una obra de carácter transversal para una población como Jerez, no se habla con urbanistas, historiadores, expertos en patrimonio, vecinos, asociaciones culturales o agentes sociales. Por no hablar, ni se ha llevado el asunto a la Mesa de Movilidad o a la Comisión Local de Patrimonio. Un disparate de proporciones cósmicas. Sin embargo, sí se cuenta con asociaciones de comerciantes y no es casual, porque dejando de lado su utilización instrumental en todo este asunto, refleja claramente las intenciones políticas y el modelo de ciudad que se pretende adoptar: una ciudad en la que solamente puedan opinar, decidir y tener derecho a ella aquellos sectores que puedan explotarla, exprimirla, desde el punto de vista económico. Los demás no contamos ni podemos ejercer ese derecho a la ciudad al que le dediqué un artículo hace unos meses. La ciudad como activo económico, una cosa que se puede comprar, vender o prostituir, si fuese necesario. La ciudad que se mantiene con los impuestos de todos, pero con la que solamente unos cuantos se pueden beneficiar. Ese es el camino que han tomado.

A pesar de todo, hay también personas que están a favor de una actuación como la presentada. En su derecho están, faltaría más, al igual que yo estoy en el mío de opinar lo contrario y expresarlo. Pero todo esto también ha servido como muestra del egoísmo social imperante en esta ciudad. Qué bien, los amortiguadores de MI coche o de MI moto me lo van a agradecer. MI coche, MI moto, pero a MI ciudad que le den por saco. Eso es lo que todos estamos viendo. Parece que nadie es capaz de darse cuenta de que nuevamente nos la cuelan por todas partes, ya que se ha descuidado tanto y durante tanto tiempo el mantenimiento del adoquinado, muy deteriorado (qué casualidad) en las zonas donde hay un parking debajo, que en el pensamiento de la gente se ha instalado la idea de que el adoquín es malo porque sí, no porque lo han dejado deteriorarse y no se ha montado bien, que esa es otra. Muchos pensarán, incluso, que el asfalto no se deteriora o que no se van a hacer boquetes en poco tiempo.

Perdemos oportunidades continuamente de hacer las cosas bien. Nos vienen fondos europeos para favorecer un desarrollo urbano sostenible (eso es lo que significa EDUSI) y nosotros los gastamos en favorecer al coche, al vehículo privado. ¡Que no se pierda esa costumbre jerezana de llegar con el coche hasta la misma puerta de los sitios, por Dios! El problema de esa zona, al igual que un Mamelón que tiene que comenzar a verle las orejas al lobo, es el tránsito de vehículos grandes por adoquines que no fueron colocados bien y que nunca fueron mantenidos, todo ello conjugado con la presencia de Garajes subterráneos, como ya he dicho. Pero no pensamos en eso. En ningún momento a nadie se le ocurre sacar las paradas de autobuses cercanas a zonas más periféricas del centro y establecer un sistema de lanzaderas de vehículos más pequeños y livianos hasta Esteve o la Rotonda, lo que solucionaría una grandísima parte del problema. No es nuevo lo que digo, es una propuesta que se presentó hace ya años. Pero aquí vamos a lo que vamos. Nada nuevo bajo el sol y el asfalto.

Sobre la actuación en sí, los motivos que se han dado para realizarla reflejan el cortoplacismo y las nulas miras de futuro que se tienen en esta ciudad, máxime habiendo elecciones a la vuelta de la esquina: tiempo de ejecución y gasto económico. Sobre lo primero, habrá que preguntarle a los de Cádiz si alguien ha tenido la percepción de que se ha tardado y molestado mucho; sobre lo segundo, ya se publicó una noticia en enero en la que el delegado de movilidad fijaba el presupuesto para instalar las bandas de rodadura en los mismos términos que ahora se ha presupuestado el asfaltado. ¿Recordáis la coincidencia de presupuestos para el entorno de San Juan de los Caballeros de la semana pasada? Pues eso.

Hoy es un día en la que lo veo todo negro, como el asfalto humeante recién depositado en lo que un día fue un señorial, elegante y exclusivo adoquinado que formaba parte del paisaje y del imaginario colectivo de esta ciudad. A pesar de verlo todo negro, se observa claramente la deriva mediocre e impersonal que impregna la ciudad. Como el alquitrán pegajoso, nocivo y repugnante. Blanco y en botella.

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