En aguas de azahar

Antonia Nogales

Periodista & docente. Enseño en Universidad de Zaragoza. Doctora por la Universidad de Sevilla. Presido Laboratorio de Estudios en Comunicación de la Universidad de Sevilla. Investigo en Grupo de Investigación en Comunicación e Información Digital de la Universidad de Zaragoza.

Una imagen de Iván Espinosa de los Monteros. FOTO: FACEBOOK.
Una imagen de Iván Espinosa de los Monteros. FOTO: FACEBOOK.

"Progre es a progreso lo que carterista a cartera". El autor de esta sentencia, a medio camino entre lo sesudo de un reguetón y lo ingenioso del prospecto de una pomada hemorroidal, es todo un señor. Creyente y de rectos principios. De vocación, político al parecer y de profesión, sus florecientes empresas. Iván fue el nombre con el que lo bautizaron —con kilos de organdí y responso catedralicio— sus amorosos padres. Y por apellidos tiene unos cuantos y además compuestos, como no podía ser de otro modo: Espinosa de los Monteros y de Simón. No sé si se habrán dado cuenta de que hasta entre las preposiciones siempre ha habido clases sociales. Hay una de ellas en particular que siempre ha estado por encima de las demás, pues su función es anteceder, cual cruz de guía procesional, apellidos de postín. Ser Espinosa no es para tanto, pero tener además un “de” que le cuelga y alarga la onomástica no tiene precio. Y si lo tiene, es un precio demasiado caro para los que somos de barrio. 

Pues este profesional de la preposición es ahora vicesecretario de Relaciones Internacionales del partido de moda. No sabemos cómo llevará las relaciones con el extranjero, pero en las redes sociales ya se mueve como nenúfar en el agua de azahar. Nótese que, en el caso de estos especímenes de rancia estirpe, todo tiene que ser compuesto y con caché, hasta los símiles. En lugar de ser pez es nenúfar –o besugo, que es un pez bien gordo y se come al resto—, y en lugar de agua sin más, él habita aguas de azahar o del Carmen, o del río Jordán. Todo muy fino y muy bimembre. 

Resulta que ahora, en plena campaña electoral, cautivos y desarmados por el ejército progre, se sienten excluidos de la agenda política por su ausencia en los debates televisados. Lo de ser el gran ausente ante los focos los llevó a organizar un acto de campaña en una plaza de toros de Las Rozas con el que pretendían contraprogramar el debate de Atresmedia. Y llenaron. Nuestro erudito preposicional se vino arriba y se desahogó de lo grande contra sus enemigos acérrimos: "¿Que no podríamos llenar la plaza? Pues… ¡Toma, progres!". Así deleitó al respetable de la plaza. Y es que hay que ser muy buen orador, muy intelectual y muy ocurrente para condensar en tan pocas palabras el sentir de su corazón de león. Y lo dijo así, sin despeinar su rizada cabellera, sin que mermara el sudor que goteaba viril de su frente de macho empresario y sin que dejara de ondear la bandera de España que preside el coso a sus espaldas. 

La vida que cuelga de las preposiciones se vive mejor. Cuando de tus apellidos cuelgan cosas, como las corbatas caras de los cuellos o los bolsos de marca de los hombros, todo es un poco más sencillo: emprender, colocarse y mandar a tomar viento a los diferentes. Y es que los “de” están dotando a algunos de una superioridad moral que da miedo si se acompaña de un discurso violento que, vaya usted a saber por qué, está calando. Y así llegaremos al domingo: nosotros como pollos sin cabeza, acojonados por el resurgir político de las preposiciones; ellos, como besugos hambrientos en aguas del río Jordán.



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