¿A qué juega el PSOE?

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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Ni siquiera en solitario, ni en un gobierno de coalición —el muerto para otros— ya que según el propio partido “los ciudadanos han situado al PSOE en la oposición”.

Rajoy no, Sánchez no. La ejecutiva federal del PSOE se ha posicionado en los últimos días en contra de una investidura a Mariano Rajoy —la opción del lavado de cara al PP que proponía Ciudadanos no parece barajarse— pero también en contra de un gobierno liderado por su propio candidato, Pedro Sánchez. Ni siquiera en solitario, ni en un gobierno de coalición —el muerto para otros— ya que según el propio partido “los ciudadanos han situado al PSOE en la oposición”. Si tomáramos por ciertas estas declaraciones podríamos llegar a concluir que nos precipitamos hacia unas terceras elecciones consecutivas, un hecho que la mayoría de los políticos y la prensa consideran un completo fracaso político, lejos de aquel espíritu de “segunda transición” al que supuestamente invocaban en estos últimos años.

Sin entrar en este tipo de consideraciones, lo único que podemos deducir es que el PSOE no lo tiene nada claro. Nada de nada, o eso quiere hacernos creer. Porque además de negarse a apoyar indirectamente —con la abstención— un gobierno presidido por el Partido Popular y desentenderse de ser parte del nuevo ejecutivo, también niega que vaya a haber unas terceras elecciones. La ejecutiva y la mayor parte de sus dirigentes políticos se escudan en el pretexto de que el Partido Popular puede conseguir los apoyos que necesita en “su espectro ideológico”. Algo que es prácticamente imposible, ya que Ciudadanos y Partido Popular suman 169 escaños y la búsqueda de los siete restantes—–excepto Coalición Canaria, con quien sumarían 170— se le hace complicada. Ni Bildu, ni Esquerra Republicana de Catalunya ni Convergència Democràtica de Catalunya apoyarían un ejecutivo españolista y de derechas. No olvidamos el protagonismo de Jordi Pujol (CiU) o el propio PNV en la época de José María Aznar o el apoyo de ERC y el BNG en el primera legislatura de Zapatero pero en el contexto en el que nos encontramos ya no va a ser posible aquello de recurrir a los partidos nacionalistas para perpetuar el bipartidismo.

Al Partido Popular, por tanto, sólo le quedaría el PNV, con cinco escaños, quien ya apoyó una investidura del PP —en 1996— y que se sitúa en un espectro ideológico y económico de centro-derecha. Pero, ¿está dispuesto el PNV a apoyar hoy a Mariano Rajoy, máxime cuando tendría que encontrarse en ese acuerdo con Ciudadanos, quien en reiteradas ocasiones ha despreciado la identidad regional y el histórico régimen foral que mantenemos con Navarra y con el País Vasco? La posibilidad parece remota y aun siendo afirmativa la respuesta, todavía faltaría un diputado para la mayoría absoluta. Teniendo en cuenta que todas las demás opciones políticas votarán en contra de la investidura sólo sería posible una investidura si algún diputado a nivel particular cambia su opción o, como se ha especulado, que el diputado de Nueva Canarias —integrado en el PSOE— cambiara su voto por la abstención. Algo que ya han negado tanto él como el PSOE.

Una vez expuestos todos estos condicionantes sólo nos queda preguntarnos, ¿a qué juega el PSOE? Pedro Sánchez y los suyos tienen que elegir, y no pueden decir ‘NO’ a todo, inclusive a unas terceras elecciones. Viendo el panorama, creo que una ‘gran coalición’ encubierta acecha de nuevo el panorama político español. Pero lo que me suscita una gran duda es cuál será la estratégica maniobra para excusar la decisión de apoyar –indirectamente— al Partido Popular, a Ciudadanos y, por ende, a la oligarquía económica y el régimen del 78. Ya hemos escuchado todo tipo de quejas para no buscar un pacto de progreso con Podemos, las confluencias e IU —ahora Unidos Podemos—: desde echar la culpa a “los independentistas” hasta “el reparto de sillones” pasando por “las líneas rojas”. Por el contrario, no tuvieron ningún tipo de reparos en el acuerdo con Ciudadanos. ¿Cuál será el desenlace de esta historia? La pelota está en el tejado de Pedro Sánchez. Y al PSOE, si continúa en esta dirección, la casa se le va caer encima.

 

 

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