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Ahora resulta que una obra que iba a estar iniciada antes de final de año se retrasa tres meses. Como si dicen trescientos treinta y tres meses.

El sushi es un tipo de comida que, como la ópera, nunca alcanza un término medio entre la gente: o te chifla o lo detestas totalmente. Si nunca lo has probado y has pensado pedirlo en un restaurante chino, ¡error!, lo más probable es que aborrezcas una cosa que ni siquiera has comido. Posiblemente no desees nunca oír hablar de él sin haber al menos llegado a saber lo que realmente es. Porque el sushi de un restaurante chino no es sushi, aunque le hayan puesto el mismo nombre. Hay que ir a un buen restaurante japonés o coreano para hacerse una mínima idea de lo que es el sushi (cierto es que hay muchos de estos restaurantes que también te venden por sushi la mayor bazofia que te puedas llevar a la boca). Pues bien, lo mismo podemos decir de las Zambombas. Y es que estamos en un tiempo en el que se celebran las Zambombas que no lo son, esas en las que se coloca a un grupo con un micro y cantan un ratito nimio mientras los cubatas vuelan. Es el fenómeno de la mercantilización fraudulenta de una tradición, ya que, sabiéndolo, se vende al extraño (porque al propio no le dan gato por liebre) un producto que no lo es en absoluto.

Sin embargo, este período inicial de manifestaciones enlatadas sin ningún tipo de conexión con la tradición real me lleva a querer desempolvar las letras de los villancicos, y una cuadra a la perfección con el anuncio del retraso del comienzo de la prioritaria intervención de urbanización de la plaza Belén. A Belén, pastores, reza la entrada del estribillo. ¿Y qué Belén tenemos en Jerez? La plaza Belén, obviamente, un espacio al que se puede invitar a venir a los pastores con todas sus ovejas, cabras, vacas y cerdos; a los Reyes Magos con sus camellos; a los romanos del palacio de Herodes con sus caballos y a todos los animales del portal donde nació el niño. Incluso se podría traer a las gallinas, patos y pollitos que pululan junto al riachuelo de papel de aluminio y que nunca se sabe a qué grupo de personajes pertenecen. Quedarían todas las bestias más que satisfechas y aún seguiría sobrando forraje. Vamos, un lugar de genuino pastoreo en pleno centro histórico de la ciudad, una estampa digna de ser vista por Virgilio, que cambiaría sin duda la Arcadia por Belén en la famosa frase que resume la poesía bucólica. Et in Bethelem ego…, como si lo estuviera viendo.

Ahora resulta que una obra que iba a estar iniciada antes de final de año se retrasa tres meses. Como si dicen trescientos treinta y tres meses: hemos vivido ya tantas promesas incumplidas y tanto mareo de perdiz en todos estos años, que pueden decir lo que quieran. Sólo la observación de obreros y máquinas trabajando sobre el terreno nos haría cambiar la percepción (nefasta, por supuesto) de lo que puede suponer la promesa de un político del ayuntamiento de Jerez, sea del partido que fuere, gobierne o haya, o no, gobernado anteriormente o en la actualidad, hasta en el futuro me aventuraría a pronosticar. La trayectoria de nuestro Consistorio en las últimas décadas debería introducir en la mente de los políticos un poco de prudencia, un pensar que mientras no se vea claro que se acomete una obra, es mejor que me calle y meta la cabeza debajo de una manta porque no puedo dar lecciones de absolutamente nada. Pero esto es Jerez, un lugar donde se oyen patrañas y mentiras en tiempo real y donde lo importante, lo que de verdad hay que realizar, nunca se lleva a cabo, ni siquiera se llega a comenzar. Esperemos que esta vez cambie la cosa. Estaremos encantados de decir un rotundo ¡por fin! y que de una vez por todas podamos empezar a pensar que las cosas comienzan a cambiar y a mejorar. Pero la confianza perdida solamente podrá ser recuperada a través de un camino, el de los hechos. Entretanto, como siempre, las palabras vacías seguirán sobrevolando los medios de comunicación con total impunidad y con inexistente prudencia, sin atisbo alguno de una mínima muestra de vergüenza por parte de quien las pronuncie.

Y este es el panorama que se presenta para estas fiestas: una plaza Belén como siempre, a la que quisiéramos ver como nunca. Así que, pastores, si pensáis venir a adorar al niño  en este tiempo de zambombas que, como el falso sushi, no son lo que su nombre indica, podéis hacerlo. Pero venid con una espiocha y una zoleta al menos cada uno, porque la vais a necesitar. ¡A (plaza) Belén, pastores! Si os atrevéis…

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