Pedro Sánchez, en el Congreso.
Pedro Sánchez, en el Congreso.

Locos por quitarse votos mutuamente, después de haber quemado los barcos de la bonanza, porque era simulada, intentan acercarse al segundo puesto. Locos por alcanzar un trozo un poquitín más grande, de la tarta aguada, con su oposición a mejorar la vida de la gente, véase: Seguridad Social eficiente y segura; vivienda; empleo; salarios; pensiones; derechos; artículos a los que se oponen, porque sólo reconocen un artículo de la Constitución, el que puede anular los derechos de las autonomías y de los ciudadanos.

Adelgazamiento lamentable y peligroso de una Ley Máxima de mayor alcance que debe ser aceptada por Ley, con más motivo porque se auto titulan “constitucionalistas” en injustificado e injustificable título auto concedido.  Su “Constitución”, por lo visto, no es la de todos; la han reducido para ponerla a su servicio. Hechos a la arbitrariedad, confunden el DRAE con el BOE para legislar qué expresiones debe utilizar el común de los mortales, como si la RAE creara el idioma, igual que ellos hacen leyes para impedir la protesta a su ya mencionada arbitrariedad, o por lo menos dificultarla.

Locos por quitarse votos, corren de un lado a otro del escenario político como dos cómicos de tercera más que como dos actores, que los actores representan su papel y estos nadie sabe qué. Y ni se dan cuenta, ni su intelecto se entera, que la búsqueda del segundo puesto a fuerza de codazos a compañeros de vaivenes, contribuye de forma primordial a constatar la disminución del voto a su opción regresiva y totalitaria. Así no les queda más remedio que enzarzarse mutuamente en desacreditar al otro, a costa de desacreditar su propia imagen y (falta de) ideología. Consecuencia –volvamos unas líneas- incapaces de ganar partidarios, sólo pueden pelear por los que les quedan, cada vez menos y más divididos. Pérdida de apoyos que sólo se les ocurre compensar recurriendo a dramáticas llamadas de ayuda a unas Fuerzas Armadas no tan dispuestas como creen a tomar el poder por la fuerza.

Un buen panorama para la izquierda, si hubiera izquierda y estuviera organizada, siquiera menos enfrentada, si fuera consciente y respetuosa entre sí. Mejor vamos al fondo: si existiera. Así que vamos a dejarlo en sentimiento progresista, y ya es mucho. Otra cosa es que cada grupo pone al otro en su sitio. Pues vaya el sitio ocupado por esta derecha, cuando a “eso” llaman “izquierda”, “comunistas”, “rojos”. ¿Qué harían, si hubiera un partido de izquierda, consecuente y firme? Tendrían que pedir el regreso de un “fuhrioso” dirigente abridor de campos de exterminio, con mano de hierro y calavera de plomo, como la definición de Lorca. No hay más votantes y, si acaso, pueden disminuir, que méritos no les faltan. De pronto Casado pide que los rivereños permitan a Sánchez gobernar en solitario, que no se puede soportar a Podemos. Claro, Sánchez sólo, en absoluta minoría es un blanco perfecto. No es que sea muy listo, pero apunta. ¿Y los suyos? No se van a permitir semejante latrocinio.

Eso que lo hagan otros. Porque necesario es, pero no pueden “pringarse” (más). En esto de la arbitrariedad y el doble lenguaje los políticos están dejando de ser líderes. Pobrecitos, ya ni eso. Hay quienes les muestran su apoyo incondicional; que el DRAE no es el BOE pero algún medio se postula para Gaceta de Madrid. En los comicios anteriores sacaron de las profundidades a la ultraderecha los conquistadores abascalianos. Ahora, asustadillos por el poder que le han otorgado, se vuelven otra vez a los más moderaditos Cs. Y, adivina adivinanza, los medios (des)informativos de derecha, vuelven a apoyarlos con anuncio de resultados, mucho tiempo antes de que puedan producirse. Convenzámonos: hace tiempo que las encuestas no sirven. Simplemente, porque, si alguna vez fueron reales, ya hace tiempo de eso. Siempre ha habido errores, pero ya no se hacen para conocer la intención de voto, sino para inducirlo. País.

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