El periódico francés 'Le Monde' recogió el 6 de diciembre de 1977 el asesinato de Manuel José García Caparrós. La foto pertenece a una pintada realizada por las calles de Málaga los días posteriores al asesinato. Autor: Plataforma 4D
El periódico francés 'Le Monde' recogió el 6 de diciembre de 1977 el asesinato de Manuel José García Caparrós. La foto pertenece a una pintada realizada por las calles de Málaga los días posteriores al asesinato. Autor: Plataforma 4D

No digan “honestidad” que conduce a la moral pacata impuesta por la Iglesia y no es sinónimo de honradez. Que la honradez es la honradez y lo otro ni es más “fino” ni define más que un asunto de entrepiernas. Para llamar a las cosas por su nombre vamos al paralelismo entre el 11 de agosto celebrado el día 10 y el 4 de diciembre a celebrar ni se sabe. Véase la comparación de la manipulación en ambos casos, uno, limitado a buscar la presencia como si de un escaparate se tratara y el otro a suplir iniciativas para impedirlas, ni siquiera valorado que muchos no se hayan dispuesto a imponerse, por no mantener el espúreo interés de dividir a los andaluces.

La madrugada empieza a las 0 horas, cuando cambia el día. El 4 de diciembre empezó cuando unos jóvenes preocupados tan sólo de trabajar por Andalucía, decidieron guillotinarse, ocultarse, dejar de lado el mínimo afán de notoriedad, para que el 4-D fuera de todos los andaluces. Blas Infante, un hombre justo, cayó asesinado en el entonces Km. 4 de la carretera de Carmona, en Sevilla, de dos disparos a quemarropa. El primero en el pecho, porque se negó a caer en la trampa de la “ley de fugas”. El segundo en la cabeza, el “tiro de gracia” asestado por el “soldadito”, el “valiente y bizarro” enemigo de la democracia, de la convivencia, de los derechos humanos y de Andalucía. Murió por defender Andalucía, otros «mueren» por defender su protagonismo, por apuntarse el tanto de organizadores de fracasos, porque en su afán de figurar y de orillar a Sevilla como buenos enemigos de esta ciudad, no están uniendo Andalucía. Nunca une lo que se hace para separar. Y se pliegan a concentraciones minúsculas, doblan la rodilla ante el vil invento de las provincias, para consagrar su figurativismo, única y despreciable razón de su afán de protagonismo.

La cobardía de “el soldadito” ha seguido y sigue presente en los enemigos de los derechos de los pueblos; en cuantos sienten la necesidad de minimizar o anular el valor de quien se pone de parte de los débiles, de quien defiende el derecho de todos los andaluces frente al prurito de creerse redentores ¿de qué? Se arrogan la representación de quien investigó y descubrió, desde los Fundamentos de Andalucía y las razones de su estado de postergación, hasta el secreto de la verdadera educación, base y fuente del progreso y del respeto al ser humano. Y hasta llevan su nombre y con él disfrazan su identidad. Blas Infante no es una figura moldeable a la medida de cada cual, ni el 4 de diciembre es una fecha vacía, para lucimiento de quienes luego presumen de discretos, de trabajar en silencio, falsedad tan grave como el hecho en que buscan su protagonismo.

Muchos, más de lo que parece,  pretenden instrumentalizarlo para ocupar una tribuna, como instrumentalizarlo persiguen de continuo políticos y politiquillos, creídos que así pueden apoyar sus tesis en su discurso. Pues deberían saber que una de las características personales del Notario de Coria fue hablar y escribir claro. Como enemigo de la dictadura llamó “Dictadura pedagógica” a su libro-alegato en pro de una educación constructora de hombres y mujeres libres, una educación capaz de avivar el pensamiento, de despertar el intelecto, de obtener la verdadera libertad desde la libertad misma. Investigó, analizó, estudió en todos los frentes de la cultura, la historia, el arte, el folklore, la economía. Se adelantó en todo a su tiempo, de ahí la actualidad de su pensamiento. De ahí y de lo poco que hemos avanzado, también es justo decirlo. Ni Blas Infante ni el 4-D son manipulables, por más esfuerzo que pongan en manipularlos, en instrumentalizarlos, en apropiárselos, como si fueran entidades propias. Peor aún, como si fueran la propia entidad.

Blas Infante se enfrentó al sistema, rechazó la cartera de Agricultura para no hacerse cómplice de los desmanes y abusos del mal gobierno. Empezó en 1914 descubriendo El Ideal. Continuó toda su vida defendiendo la verdad y descubriendo las necesidades de Andalucía y los remedios que debían aplicarse; siempre en la defensa de los trabajadores, de los jornaleros “cuya imagen tenía clavada en su conciencia”, de los niños, adelantado en la defensa de los derechos de la mujer. Y llegó al final de su corta vida con una proclama: “Separémonos de esta España que nos desprecia”. Podía ser soñador, hay que serlo para adelantarse al futuro. Pero no fue ni inocente ni complaciente con quienes habían empobrecido Andalucía, “la tierra más rica de los hombres más pobres”. Ese era, ese es el espíritu. El verdadero.

El 4-D no es la obra de quienes se mueven para promocionarse como si fueran sus herederos. No pueden serlo quienes desprecian y rechazan a sus legítimos herederos; más aún: a sus autores, a quienes lo promovieron, trabajaron, sufrieron por ello y, para facilitarlo, se dejaron apartar, porque les guiaba Andalucía, no el protagonismo, igual que ahora se mantienen en silencio para no ser responsables de la división de los andaluces. Pero la división de los andaluces ya está muy avanzada, muy trabajada, muy forzada por los amantes del «lugar en la gloria». Ya han legitimado a quien esté dispuesto a enfrentarse a su manipuladora acción,    ya se han hecho justos merecedores al «título». Nunca podrán acusar a nadie de enfrentar ni dividir, que eso ya lo han protagonizado ellos más que sobradamente.

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