Pablo Casado, líder del PP, en una imagen reciente.
Pablo Casado, líder del PP, en una imagen reciente.

O, para cinismo, los políticos. Parece norma. Nos han hecho creer en una normalidad sólo existente en sus enrevesadas mentes. Pero, ni es norma, ni debe serlo, ni debe identificar a todos los políticos. Por mucho trabajo que cueste, es deber de todos los ciudadanos aprender a discernir; diferenciar quien nos dice la verdad de quien sólo busca enredar para convencer. Pero para convencer de una razón que no les asiste, para esconder la falta de consistencia de sus desvaríos. Por ejemplo: las cosas, las acciones, lo son a partir de sí mismas, no según quien las protagonice. Si una ley, una norma, una postura es negativa, lo será sean quien sea quien la asuma. Por lo tanto, por seguir con el ejemplo, si se pudiera llamar “okupa” al actual presidente Sánchez, si se pudiera calificar de ilegítimo su cargo, como continua y machaconamente repite Casado, por estar en minoría, también sería “okupación” ilegítima la de San Telmo por su propio partido.

Casado tiene claro que una mentira reiteradamente repetida, termina por parecer verdad. Y todas aquellas personas y medios que siguen su dinámica aprueban con ello su mensaje y lo repiten. Y todas aquellas personas propensas a creer lo que más se repite, predispuestas o simplemente seguidoras de un discurso que les suene agradable, terminan por creerlo y propagarlo. Sin embargo, nada más mezquino, ruín, embustero, que cambiar el sentido de las palabras para desmerecer a Sánchez porque no tiene mayoría absoluta. Doble ruindad, porque las mayorías absolutas son las que han llevado a su lamentable situación actual al reino de España. No existe nada más ruín, mezquino, embustero, que llamar “golpe de Estado” a realizar un referéndum. El mundo al revés, de estos políticos mezquinos, ruines y embusteros, porque el referéndum es, precisamente, la más natural materialización de la democracia. Golpe de Estado sería, en todo caso, la oposición violenta a su celebración.

Cuando la discusión de corral televisivo se centró en decretos aprobados por el Gobierno, sin que contara, sin que a nadie preocupara si esos decretos eran beneficiosos para el pueblo o no. Sólo si eso «se ha hecho normalmente» hasta ahora. Ó porque «Hay una norma no escrita…», decía el comentarista en defensa de las mentiras de Casado; el que pedía que le dejaran terminar, después de interrumpir abrupta e ineducadamente a Javier Aroca. ¿Hay una norma no escrita por encima de la Constitución? ¿Es posible? ¿Esta gente se llaman a sí mismos “constitucionalistas”? ¿De qué constitución? El Gobierno decreta medidas sociales, medidas que si llevaran diez años habrían impedido que el alquiler de una vivienda de 80 m2 en un barrio periférico superara el salario medio, medidas que Casado critica «porque están decretadas con el Gobierno en funciones». Otra mentira.

El Gobierno estará en funciones cuando se celebren las elecciones. El parlamento se disuelve para otro, pero el Gobierno no se puede disolver. Eso es lo constitucional, no lo que quiera hacer creer cada político o cada comentarista, enzarzados en manipular a los espectadores. Con esos contertulios y el conductor del programa interrumpiendo, para que otro contertulio no pueda leer el artículo de la Constitución, se ayuda a crear más confusión. Y a producir desgaste, desgana, hartura. Porque, a mayor desilusión, mayor abstención. Y mayor ventaja para la ultraderecha.

Lo peor es que Rajoy también aprobó decretos con el Parlamento disuelto. Y lo que hicieron los suyos hace no tanto tiempo, es motivo de crítica a «los otros». El caso es enredar. O será que a los casadianos y a algunos directores y comentaristas de programas, les molesta que los convenios de empresa deban respetar el sectorial, o que pueda bajar el abusivo precio de la vivienda y sus amigos puedieran ganar menos dinero. O no. Porque a precios normales no habrían tantas viviendas vacías, pero la ambición es ciega. Oponerse a un decreto que facilita la vida a una mayoría, desautoriza todo el discurso del político más hipócrita conocido hasta ahora en el reino de España, lo cual es un récord. Eso coloca a cada cual en el lugar que les corresponde.

Aunque parece que los tirones de orejas tienen eficacia aunque no desfiguren el físico. Europa necesita una España en paz, de gente feliz que no de problemas, con salarios decentitos, sin pasarse, si no a ver a quien venden sus lavadoras, sus coches, sus frigoríficos y a ver dónde van a cerrar fábricas y establecimientos para instalar sus multinacionales. Se ve que le han dado con la palmeta aunque no le hayan dejado la mano roja, que son muy finos. Pues ahora que afinen los electores y busquen opciones afines, que las hay.

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