Historia del cambio
Historia del cambio

Porque las semillas que brotan en la Reverde dan frutos que repercuten en nuestra sociedad.

Conozco a muchas personas que van en bici al trabajo, que se visten con ropa elaborada en condiciones más que dignas, que poseen móviles cuya fabricación no ha supuesto la muerte de ningún niño, que apoyan a una cooperativa eléctrica que apuesta por las renovables, que compran sólo productos ecológicos… en definitiva, conozco a personas cuyas formas de vida contribuyen a un mundo mejor.

Seré sincero: no, no conozco a muchas personas así, son pocas. La verdad es que conozco a muchas personas a las que les gustaría ir en bicicleta al trabajo, que su ropa se elaborara en condiciones más que dignas, que la fabricación de su teléfono móvil no supusiera la muerte de niños, que su compañía de electricidad no les estafara y no deteriorara el medio ambiente, que toda su alimentación fuese ecológica… en definitiva, que su modo de vida no contribuyera a la destrucción del planeta.

De todas esas cosas yo hago una y parte de otras (apoyo a una cooperativa eléctrica, compro ropa de comercio justo, pero no toda mi ropa es de comercio justo, soy socio de La Reverde y compro alimentos de comercio justo pero también compro en supermercados). Estas personas además se flagelan porque les provoca cargo de conciencia (“Llevo puesta una camiseta de Zara”, “he bebido Coca-Cola”, “hoy he tenido que coger el coche”...), pero como dice Annie Leonard, vivir de manera eco-perfectamente en un mundo que te empuja constantemente en la otra dirección es nadar a contracorriente, ser un súper héroe, pero al cambiar aquello que nuestra economía prioriza, podremos cambiar la corriente para que hacer lo correcto sea la decisión fácil. Conclusión: o cambiamos el sistema, o seguiremos “eligiendo” las opciones incorrectas.*

En La Reverde somos conscientes de esas cosas, es decir:

Sabemos que poner en marcha una iniciativa como La Reverde es navegar muy a contracorriente, es como un coche una bici que camina en dirección contraria esquivando coches (ahora sí) que vienen de frente (salarios bajos, paro, consumismo, ritmos de vida, hábitos culturales, dificultad para adquirir recursos coherentes con nuestros principios, burocracia, etcétera). Sorteamos esos obstáculos de diferentes maneras: desde la cooperativa ofrecemos muchas facilidades, precios tremendamente competitivos y hay un puñado de personas (yo no) que son auténticas súper heroínas.

Sabemos que además de esquivar obstáculos debemos realizar acciones que cambien la corriente ¿Qué hacemos  desde La Reverde para contribuir a cambiar la corriente? Apoyamos iniciativas que aportan cambios mayores, un ejemplo claro y simple es el carril bici: implementando un carril bici se está animando a desplazarse en bicicleta. Y, por otro lado, nos juntamos, aliamos o integramos con otras iniciativas con las que compartimos muchos valores e ideas, es decir, hay más gente navegando contra corriente y cuando esa gente se junta, pueden generar una corrientita pequeña a favor. Es el caso de la red de moneda local EL ZOQUITO. La Reverde es miembro del zoquito, así, cada semana, la cooperativa ofrece dos cestas de verduras por zoquitos. Zoquitos que posteriormente emplea La Reverde para solicitar productos o servicios al resto de zoquiteros. De esta forma, el Zoquito y La Reverde generan un mini-sistema que ayuda a ir cambiando la corriente.  

A todo eso contribuye cada persona que, de una forma u otra, está relacionada con La Reverde: la que es socia, la que “sólo” compra verduras, la que se une al zoquito, la que está contratada, la que se involucra en el consejo rector, en los grupos de trabajo… Todas y cada una de esas personas son necesarias ¿Le apetece ser una de ellas?

*Por favor, no entiendan este párrafo como una justificación para no cambiar nuestros hábitos. Hay que cambiar de hábitos, hay que intentar hacer todo lo posible y asumir que todos los cambios conllevan incomodidades y cierta dificultad. Lo que pretendo es combatir la falacia de que para cambiar el mundo simplemente hay que cambiar individualmente recayendo todo el peso en las pautas individuales, desterrar la idea de que las personas hiperconsumistas lo son por puro egoísmo (lo son porque es lo que se nos incita a hacer, es lo fácil, el margen de opción es pequeño), y evitar que las personas concienciadas con la mejora del planeta se culpabilicen por no hacerlo todo bien.

Javier Saborido, socio de La Reverde

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