14 de enero

Lógica, amor y verdad comparten día. El día en el que, para mí, nació el amor de verdad

Antonia Nogales

Periodista & docente. Enseño en Universidad de Zaragoza. Doctora por la Universidad de Sevilla. Presido Laboratorio de Estudios en Comunicación de la Universidad de Sevilla. Investigo en Grupo de Investigación en Comunicación e Información Digital de la Universidad de Zaragoza.

Lógica, amor y verdad comparten día. El día en el que, para mí, nació el amor de verdad. Detalle de un grabado en torno a Alicia, por John Tenniel.
Lógica, amor y verdad comparten día. El día en el que, para mí, nació el amor de verdad. Detalle de un grabado en torno a Alicia, por John Tenniel.

El 14 de enero de 1898 murió Lewis Carroll, el célebre escritor británico creador de Alicia y de su país de maravillas. Su verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson, pero pasaría a la posteridad con su seudónimo y por sus míticas criaturas amantes del juego y del tiempo. Era también un afamado matemático, estudió la cuadratura del círculo, el cifrado de mensajes, las paradojas o la teoría del silogismo. También dedicó sus esfuerzos al álgebra, la aritmética y la lógica.

No en vano, hoy, 14 de enero, se celebra el Día Mundial de la Lógica. La decisión de que así fuera la adoptó la Conferencia General de la Unesco hace poco. Y aunque para ello no se ampararon en la muerte de Carroll, no me negarán que la coincidencia es simbólica. La fecha en cuestión conmemora el nacimiento de Alfred Tarski y el fallecimiento de Kurt Gödel, dos de los más destacados estudiosos de la lógica en el siglo XX. 

La lógica es la rama de la filosofía que estudia los principios de la demostración y la inferencia, las falacias y también las paradojas. Y hoy, en medio de esta época tan descafeinada en la que agoniza la filosofía, celebramos ilógicamente su día: el día de la lógica. No se me ocurre un momento histórico en el que impere menos ni tampoco en el que la necesitemos más. Una de las ocupaciones de la lógica ha sido siempre el estudio de la noción de verdad, otra de las grandes damnificadas de los tiempos que corren. En los días de la mentira por decreto y la posverdad en el tuit, la falta de certezas nos duele. Es curioso dónde se encierran las mayores verdades: suelen reflejarse en el olor de la piel de nuestra madre, en las páginas de la gran literatura, en el humo de una vela de cumpleaños puesta con la mayor ilusión, en los ojos de quien nos ama.

Pocas historias de amor me han conmovido tanto como la de Alberto y Elsa. La escribió Ana Diosdado para su portentosa Anillos de Oro, y dibujó para ellos un tiempo feliz de caramelo, a la manera de las maravillas que antes habitó Alicia. Claro que las maravillas del escritor y su joven esposa eran más mundanas, pero igualmente plenas. Tiempo, juego y verdad ¿o acaso no es eso el amor? Una de las mayores verdades que he visto estaba en los ojos con los que Alberto miraba a Elsa. Se habían casado hacía poco y la diferencia de edad era más que notable. Ella no había cumplido los treinta y él se acercaba peligrosamente a los setenta, si es que no los tenía ya. A pesar de ello, Alberto fascinaba a Elsa. Ella lo admiraba, lo necesitaba y lo comprendía. Él la adoraba, la necesitaba y la comprendía. Tenían las mismas pasiones, y su amor, que no tenía nada de lógico, era una inconmensurable verdad. Porque una de las mayores pruebas de amor es la renunciación, la entrega, la generosidad. Vivir por el otro aun sin el otro. Todo esto lo vivió Elsa, en la piel de la bellísima Carme Elías. La actriz barcelonesa nació tal día como hoy, un 14 de enero. Lógica, amor y verdad comparten día. El día en el que, para mí, nació el amor de verdad. 

A ti, como todo.

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