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José Antonio Bustamante. Empresario y ciudadano indignado

Si, como reza el título del libro de Marta Rivera, veinte años no es nada, diez años debe ser la mitad de nada. O dicho de otra forma, un suspiro; tal y como si hubiera pasado hace un instante. Exactamente así percibí lo ocurrido el pasado 11 de marzo con motivo del décimo aniversario de los brutales atentados de Madrid. Me vi transportado al día de los hechos volviendo a escuchar por parte de algunas personas y personajillos las mismas frases, los mismos ataques sin fundamento alguno, las mismas falacias y, lo más triste, la misma falta de respeto y sensibilidad para con las víctimas y sus familiares.

Si bien es cierto que algunos miembros del PP con responsabilidades dentro del Gobierno de la Nación han afirmado públicamente que la justicia ya dictaminó quiénes fueron los autores y, por tanto, ETA no fue la causante de la masacre, otros que no tienen esas responsabilidades y que marcan desde la calle Génova la línea del partido, volvían a sembrar dudas sobre la sentencia insistiendo en la teoría de la conspiración. "Con todo y con eso, si hay conocimiento de datos, de cosas y así arrojar toda la luz, siempre será bienvenido", soltó Dolores de Cospedal mostrando de esta forma el camino a seguir a sus compañeros de partido. No tardó el presidente del Congreso, Jesús Posada, en sumarse a la causa manifestando que "hay otras cosas que no conocemos y otras que no se conocerán nunca". De igual forma, Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid y secretario general del PP de esa Comunidad, siguió con el despropósito iniciado por Cospedal al afirmar que "es importante saber quién hizo un atentado tan salvaje". González Bermúdez, presidente del tribunal que dictó la sentencia, invitó al presidente madrileño a que se la leyera, mientras mantenía que las dudas son fruto de la ignorancia y la mala fe.

Si alguno de ellos tuviera el más mínimo indicio de que pudiera haber algo más, por ínfimo que sea, debería ponerlo inmediatamente en conocimiento de la justicia. El Estado de Derecho, España y las víctimas se merecen que se investigue hasta el final en caso de existir algún dato. En caso contrario, en el supuesto de que no tengan nada, deberían callar de una vez por todas dejando de crear interesadamente separación, enfrentamiento y odio entre los propios ciudadanos. De nada ha servido que durante este tiempo el entonces jefe de los Tedax haya desvelado que Interior les propuso atribuirse el error sobre el explosivo para así "justificar la equivocación" del EjecutivoDe nada ha valido que directores de distintos medios internacionales hayan reconocido que Aznar en persona les llamó para que publicaran que ETA fue la responsable de la barbarie y que incluso intentó que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condenase a la banda terrorista para favorecer electoralmente al PP. Como si nada de esto hubiera ocurrido, Jiménez Losantos, declaraba que en todo esto no hay más que una inmensa mentira propagada por el PSOE. 

Otro de sus voceros durante todos estos años, Rouco Valera, en su homilía de despedida no pudo resistir la tentación de ser, por última vez, protagonista, triste protagonista, de la historia reciente al afirmar que “se mataron inocentes a fin de conseguir oscuros objetivos de poder, sociales y políticos”, siguiendo el guión marcado desde el PP. “Que tanta gloria lleves como paz dejas”, habrán pensado los familiares de las víctimas. “Después de diez años de sufrimiento no merece la pena ni que se dirijan a nosotros”, decía Pilar Manjón, la presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo. La misma mujer que tuvo que escuchar durante esos durísimos días por parte de seguidores del PP que se metieran a sus muertos por donde pudieran.

Diez años no es nada; todo sigue igual.

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