Zumbidos bravíos que mueven el mundo desde Chiclana

Manuel Payán y los hermanos Aurelio y Marian Fernández, única mujer apicultora de Cádiz, crean su propia marca de miel, Las Bravías, que producen en colmenas trashumantes que se trasladarán al Parque de Los Alcornocales después del verano

Los apicultores Manuel Payán y los hermanos Marian y Aurelio Fernández entre sus colmenas trashumantes ubicadas en Chiclana.
Los apicultores Manuel Payán y los hermanos Marian y Aurelio Fernández entre sus colmenas trashumantes ubicadas en Chiclana. MANU GARCÍA

Una abeja liba en una de las flores de la Dehesa de Campano. Perdido de la mano de Dios, a escasos kilómetros del mar, el insecto polinizador vuela hacia su colmena. Hace unos 7.000 años, esta acción ya era imprescindible para las primeras sociedades productoras y nada ha cambiado desde entonces.

La explotación apícola ubicada en esta zona de Chiclana es una de las más de 5.500 que existen en Andalucía, región líder en la producción de miel. De las 630.399 colmenas censadas en la comunidad, 60 están al cargo de Manuel Payán y Aurelio y Marian Fernández, apicultores que al principio de la pandemia decidieron apostar por su propia marca, Las Bravías.

Pero antes de emprender este viaje, el zumbido característico de las abejas ya les acompañaba en sus vidas. Manuel se ha criado entre panales. Su abuelo ya se dedicaba a este oficio milenario y su padre le dio el relevo. Después le tocó a él. “Yo me he criado encima de una colmena. La primera vez que fui a una tenía diez años”, dice antes de ponerse el ‘uniforme de trabajo’.

Los apicultores se colocan los trajes antes de acercarse a las colmenas.
Los apicultores se colocan los trajes antes de acercarse a las colmenas.   MANU GARCÍA

Sus compañeros dicen que cuando ve un enjambre, hace un ruido y vuelven a su colmena. “Es el Tarzán de las abejas”, bromean estos hermanos gaditanos que con solo mirar a los antófilos (que aman las flores) ya saben lo que les pasa, “como el que tiene un hijo”.

"Yo me he criado encima de una colmena"

Marian siempre había tenido curiosidad por este mundo y cuando se enteró de una convocatoria de ayudas a jóvenes agricultores destinada al relevo generacional y aquellos que quisieran iniciar una explotación, se apuntó. Con el tiempo se convirtió en su pasión y realizó cursos, pero sin trabajo de campo los conocimientos teóricos eran en vano. “El padre de Manuel confió en mí y me dio la oportunidad de empezar. Él fue quien me enseñó todo”, dice. Así se convirtió en la única mujer apicultora profesional de la provincia de Cádiz.

Todo lo contrario a lo que ocurre en las colmenas. “Las mujeres son las que sacan esto adelante”, comenta señalando una de ellas mientras Manuel esparce humo creado a partir de hojas e hierbas secas. Junto a Aurelio forman el equipo de Las Bravias, un proyecto que es fruto de la situación límite sufrida con anterioridad.

Panales.
Panales.   MANU GARCÍA

Estos apicultores siempre habían vendido a granel a grandes empresas del sector a nivel nacional. Sin embargo, “la vendían a un precio superior del que nos pagaban y a nosotros cada vez nos recortaban más. Las ganancias se las llevaban otros y no nosotros que hacemos todo el trabajo”. Aurelio explica que, otro motivo por el que optaron por vender su propia miel fue que “la mezclaban con otras mieles, incluso traídas de China donde las abejas están metidas en unas naves y le añaden sirope de maíz a la miel extraída”.

Con miles de abajes revoloteando a su alrededor expresan ese “coraje” que sentían cuando después de horas de sol, picaduras y dolores de riñones el esfuerzo era en vano. Marian, Manuel y Aurelio están acostumbrados a madrugar para hacer el traslado de sus colmenas —30 kilos cada una— a otra localización. Son los únicos de la provincia de Cádiz que realizan la transhumancia en la totalidad de sus colmenas. Algo que deben hacer por la noche, cuando las abejas están dentro.

“No están fijas. Cuando termine el verano las trasladamos a otro lugar donde empiece la floración, normalmente al Parque de Los Alcornocales”, explican.

Manuel, Marian y Aurelio echan humo para calmar a las abejas.
Manuel, Marian y Aurelio echan humo para calmar a las abejas.   MANU GARCÍA
Detalle de una de las colmenas.
Detalle de una de las colmenas.   MANU GARCÍA

A su marca le llamaron Las Bravías en honor a sus abejas, que se posan en sus trajes blancos —el negro las atrae—, donde algunas hincan su aguijón y, acto seguido, mueren. “Algo bravío nace de forma espontánea y así son nuestras abejas, libres y salvajes. Las flores donde hacen el pecoreo no están sembradas por nosotros, intervenimos lo menos posible”, explica Marian.

"La transhumancia nos permite tener variedades"

En el entorno se divisa una gran variedad de flores que determinan el tipo de miel que producen. Miles de abejas realizan hexágonos de cera para almacenar la miel -pura matemática en la naturaleza- mientras que los apicultores explican a lavozdelsur.es las características del lugar.

“Aquí hay eucaliptos, flor autóctona de color roja, una flor rastrera, hay algo de brezo. La trashumancia nos da la posibilidad de tener variedades, hemos tenido cilantro, retama o cantaueso”, comentan. Cuando se acerca la fecha de la floración del eucalipto, mueven sus colmenas para obtener este tipo de miel, pero, actualmente, extraen milflores.

Las abejas almacenan la miel en pequeños hexágonos.
Las abejas almacenan la miel en pequeños hexágonos.   MANU GARCÍA

Acaban de divisar a la abeja reina, la única que se alimenta de jalea real durante toda su vida. La miel de Las Bravías presenta mucha gracias al tipo de colmena que presentan, Layens. “Estas las utilizan menos gente y, en un mismo panal hacen la cría, el almacenamiento, el pan de abeja”, explica Aurelio que pone en valor el proceso natural que siguen a rajatabla.

“No calentamos ni filtramos la miel, el filtro es solo para que no lleve ningún trocito de cera. La depositamos en bidones y la dejamos que repose. Viene con toda la jalea real, el polen, el propóleo y todo lo que se encuentra naturalmente en un panal”.

Su producción depende del clima. Si llueve bastante, hay más kilos, sino no, no los hay. “Y si hay más flores hay más miel”, añade Manuel. Una vez extraída, la envasan y la venden a través de su página web y en tiendas de Chiclana, San Fernando o Cádiz. Algunos obradores la utilizan para hacer la repostería que lucirá en sus vitrinas.

Los apicultores frente a su explotación.
Los apicultores frente a su explotación.   MANU GARCÍA
Las abejas forman su panal.
Las abejas forman su panal.   MANU GARCÍA

“Dejamos parte de la cosecha a las abejas, al final es la finalidad con la que ellas la han almacenado, no le damos ningún alimento externo”, sostiene Marian con un zumbido de fondo.

Los tres forman parte de esa red de apicultores indispensables para nuestros ecosistemas. Un oficio que COAG, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, quiere proteger. Por ello, ha alzado la voz con el fin de defender que la apicultura debe ser declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Manuel se aleja de las colmenas.
Manuel, ataviado con su atuendo de trabajo, se aleja de las colmenas.   MANU GARCÍA
El equipo de Las Bravías en la Dehesa de Campano.
El equipo de Las Bravías en la Dehesa de Campano.   MANU GARCÍA

“Debería de haber pasado hace mucho tiempo. Es una gran noticia pero ocurre en un momento en el que la apicultura ya se ha visto afectada por muchos factores”, dice Marian. Tienen claro que “desgraciadamente, sin la mano del apicultor las abejas ya se habrían extinguido desde hace mucho tiempo”. Y sin polinización, “nos morimos todos”. Al atardecer, Aurelio rescata las palabras de Albert Einstein que sirven para concienciar de la importancia de este oficio. “Si se agotaran los insectos polinizadores, se acabaría el mundo”.  

Su número se ve reducido inevitablemente por el calentamiento global, las enfermedades y parásitos externos como la varroa o las especies invasoras. Incluso la FAO y la Unesco han dado la voz de alarma sobre la creciente disminución de insectos polinizadores en el planeta. “Antiguamente a una colmena podías sacarle 50 kilos de miel y ahora si le sacas 10 en el año, te puedes dar con un canto en los dientes”, comenta Manuel. Ese dulce olor a miel perdura en sus narices al quitarse el traje al igual que el zumbido que mueve el mundo.

La apicultura, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

El sector apícola de COAG ha presentado en el Ministerio de Cultura y Deporte 110.00 firmas de apoyo a la petición impulsada por esta organización para que la apicultura sea declarada por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Además, de forma simultánea, COAG Andalucía ha registrado la petición en la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, habiéndose presentado asimismo en Aragón, Asturias, Baleares, Cantabria, Canarias, Castilla La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, La Rioja y Región de Murcia.

Los máximos responsables del sector apícola de COAG se han reunido con Carmen Cabrera, Jefa del Área de Convenciones Unesco para presentarle un extenso informe que acompaña a las firmas y en el que se justifica la candidatura.

“Es necesario que las Administraciones reconozcan el valioso trabajo (empleo verde) que desempeñan los apicultores, convirtiendo su oficio en un servicio medioambiental imprescindible”, ha subrayado Pedro Loscertales, responsable del sector apícola de COAG, a lo que ha añadido; “en España el beneficio en polinización, sólo en el sector agrario, se estima que supera los 4.000 millones de euros anuales. En todo el mundo ese beneficio se estima que superaría los 153.000 millones de euros al año”.

Sobre el autor:

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Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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