Reparar buques "no era un trabajo para una mujer" como la chiclanera Isabel

Isabel Oliva, de 43 años, regenta su propio negocio de reparación y mantenimiento de embarcaciones después de que su padre se negara a que entrara en la empresa familiar junto a sus hermanos

La chiclanera Isabel Oliva regenta una empresa de reparación de buques y pintura, sector al que le costó acceder.
La chiclanera Isabel Oliva regenta una empresa de reparación de buques y pintura, sector al que le costó acceder. MANU GARCÍA

La limpieza hidráulica a alta presión, montar andamios, o medir gases no son trabajos para una mujer. Es lo que le repetían una y otra vez a Isabel Oliva, chiclanera de 43 años, que desde pequeña soñó con dedicarse a un sector dominado por hombres. Su ilusión era trabajar en el sector naval, iniciarse en el mundo laboral en unos tiempos en los que la reparación de buques no era tarea de chicas.

Pero ella se enamoró del cuidado de las embarcaciones desde el día en el que su padre la llevó al buque escuela Elcano. Allí, en el muelle de Cádiz, observó cómo cuatro operarios daban una mano de pintura al tercer velero más grande del mundo. Esas personas ataviadas con monos eran sus hermanos, trabajadores en la empresa de su progenitor, dedicada al mantenimiento de buques para clientes como Navantia y algunas de sus subcontratas.

“Yo siempre quise trabajar con ellos, pero decían que no era un trabajo para una mujer”, expresa Isabel a la que nunca le dieron la oportunidad. Su padre se negaba por activa y por pasiva a que entrara en la empresa familiar así que no tuvo más remedio que buscar una alternativa para labrarse un futuro.

Pintura en polvo en la empresa Hermanos Oliva Bahía.
Pintura en polvo en la empresa Hermanos Oliva Bahía.   MANU GARCÍA

Estudió un curso superior de Auxiliar de administrativo y logró un contrato a mediados de 1998 como cajera en Supersol. Era su medio de vida y no le iba mal, pero tenía una espina clavada. Por ser mujer no había podido aprender su verdadera pasión. Sin embargo, Isabel no se rindió y siempre recordaba a su padre su inquietud por los buques.

"Fue muy complicado"

Durante años trabajó como comercial, dependienta, camarera y auxiliar administrativo hasta 2007. “Insistí tanto que cuando mi padre se jubiló me cedió su puesto de trabajo, y de cajera pase a ser jefa de obra en los astilleros”, recuerda la chiclanera que por fin accedió al sector en el que deseaba formarse. Pero a Isabel, no solo le costó entrar. Una vez dentro, tuvo que lidiar con diversos problemas en el día a día. “Fue muy complicado. Trabajaba con los hijos de los socios de mi padre y entre nosotros la cosa no iba bien por ser mujer”, comenta.

Con 28 años dirigía el trabajo en los buques bajo la atenta mirada de sus compañeros, que no terminaban de encajar su presencia. “Para buscar un cuarto de baño te volvías loca, tenía que pedirle a la empresa auxiliar de limpieza que me diese la llave para poder usar su aseo. Estaba todo pensado para hombres”, explica.

Kaled introduce la estructura recién pintada en el horno.
Kaled introduce la estructura recién pintada en el horno.   MANU GARCÍA

Isabel se empapó de conocimientos y experiencia, luchó contra viento y marea y fue despejando las piedras de su camino hasta que pudo fundar su propia empresa. En 2016 sacó adelante Hermanos Oliva Bahía, que, aunque nació como negocio especializado en la limpieza y mantenimiento de buques, ha ampliado sus servicios porque “no queremos que venga otra crisis y nos coja al descubierto”.

Así, también ofrece a profesionales y particulares la aplicación de pintura en polvo con máquinas airles o a rodillo, aplicación de espuma de poliuretano, aislamientos térmicos acústicos, aplicación de poliuria vermiculita y desatascos, entre otros. Además es la única empresa de Chiclana que dispone de línea de granallado.

Ahora, la chiclanera trabaja codo con codo con sus hermanos en el lugar donde su padre le había cerrado las puertas tantas veces. Se coloca su mono y su casco y pone sus pies en los tanques para limpiarlos. Desde el polígono de Pelagatos, explica que “no solo damos servicio a embarcaciones sino también a clientes de la construcción”. Por eso, Víctor, uno de los pintores acaba de sellar una puerta mallorquina para un apartamento en la playa al mismo tiempo que Kaled prepara el horno.

Víctor pinta una puerta mallorquina.
Víctor pinta una puerta mallorquina.  MANU GARCÍA

“Es una pintura más resistente, no se ven los goterones”, dice la empresaria que muestra el proceso en una zona que debe estar impecable “porque cualquier mijita puede contaminar la superficie”.

En la misma nave donde hace unos días se pintaban las camas de unos barcos, se han pintado mesas de bares pero también se han realizado trabajos para Elcano. Aquel sueño de una chiclanera se cumplió. Quién le iba a decir a Isabel que iba a acabar sirviendo al barco del que quedó prendada.

Isabel Oliva logró dedicarse a un sector dominado por hombres.
Isabel Oliva logró dedicarse a un sector dominado por hombres.   MANU GARCÍA

A lo largo de estos años, la emprendedora ha crecido en su profesión, ha adquirido destrezas e incluso ha patentado un invento. “Hoy en día solo hay un andamio que no va sujeto para proteger. Nosotros hemos fabricado, patentado y homologado una baranda de seguridad para caídas a distinto nivel, por nuestra seguridad”, detalla. De momento, se trata de un sistema que solo usan los 14 empleados en sus encargos, pero espera que algún día se extienda.

En sus carnes, Isabel ha sufrido discriminación. Pero gracias a su perseverancia y su empeño hoy puede decir orgullosa que vive del sector naval, al igual que sus hermanos. “Actualmente hay muchas mujeres pintando y soldando, muchas inspectoras y jefas de obras. Es una alegría ver que hay más compañeras”, dice esta luchadora que allanó el camino para las nuevas generaciones. Ella demostró que este también es un trabajo para mujeres. 

Sobre el autor:

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Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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Comentarios (1)

Andres deBeniti Hace 1 mes
Un abrazo muy fuerte para ti tu familia
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