El negocio de miel que arrasó el temporal: Adrián y Ainhoa, los jóvenes apicultores que empiezan de cero

El sevillano de 36 años y la vallisoletana de 27, de Surmiel, tratan de recuperar su actividad en el Poblado de Doña Blanca después de que el Guadalete se llevara por delante sus 70 colmenas

Adrián Carmona y Ainoa Álvarez, en terreno donde habían instalado sus 70 colmenas en el Poblado de Doña Blanca, en El Puerto.
Adrián Carmona y Ainoa Álvarez, en terreno donde habían instalado sus 70 colmenas en el Poblado de Doña Blanca, en El Puerto. MANU GARCÍA
28 de febrero de 2026 a las 08:10h

Una estructura metálica delimita el lugar donde hasta hace unas semanas se escuchaba el zumbido de cientos de abejas. Ahora, hay toallitas y plásticos enganchados y no queda rastro de ninguna de las 70 colmenas que Adrián Carmona y Ainhoa Álvarez poseían junto al río Guadalete. El temporal, los desembalses y las lluvias torrenciales arrasaron con el medio de vida de estos jóvenes. “Esto era una playa”, dice ella, de 27 años y natural de Valladolid, recordando la escena.

El agua se llevó por delante cajas con una decena de cuadros (sobre los que van los panales) cada una, tapaderas y la producción. En el terreno localizado en el Poblado de Doña Blanca, en El Puerto, solo quedan restos, abejas muertas y Mulito, un equino que corre por la zona. Ahora que puede hacerlo tras haber estado días con el agua hasta la barriga.

“Veníamos todos los días a ver las colmenas, hasta que el viernes 6 de febrero la UME ya no nos dejó entrar. Tuvimos que dar la vuelta al río, por la carretera, y con los prismáticos ya vimos que no quedaba nada. Habíamos perdido todo lo que teníamos, nos habíamos quedado a cero”, relatan a lavozdelsur.es estos apicultores que sacan adelante Surmiel.

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Así ha quedado la estructura donde se encontraban las colmenas junto al río Guadalete.  MANU GARCÍA

Fue Adrián, de 36 años y natural de Marismillas, en el municipio sevillano de Las Cabezas de San Juan, quien emprendió en 2010. Lleva 17 años ejerciendo este oficio que aprendió junto a su padre y del que se enamoró desde muy pequeño. “Me he criado en el campo, siempre hemos tenido colmenas”, comenta.

Decidió fundar su propia marca de miel en la provincia gaditana por las condiciones del lugar. “Aquí tenemos la sierra y el río, aquí hay menos insecticidas y la temperatura es más fresca para que las abejas no sufran. Siempre me ha gustado este sitio”, explica el sevillano, que cuenta con Ainhoa desde hace tres años y medio.

Sus caminos se unieron en Lebrija. Se conocieron y continuaron juntos. Ainoa trabajaba como auxiliar de enfermería en un hospital, pero, como ella dice, –“le picó la abeja” y no el gusanillo– y quiso dar un giro a su actividad laboral. “Empecé a investigar con él, y cada día me gusta más, también quiero dedicarme a esto con él”, explica la vallisoletana con las botas llenas de fango.

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Los apicultores, en la zona que se inundó por completo por el temporal.   MANU GARCÍA
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Mulito estuvo varios días en el terreno afectado por las lluvias.   MANU GARCÍA

Sobre la tierra que pisa deberían estar las colmenas perdidas, al menos hasta el inicio de la primavera. Después, tocaba cambiarlas de ubicación. Según explican, practican la transhumancia, que consiste en ir moviéndolas a lo largo del año a distintas zonas con el objetivo de obtener nuevos sabores. “Íbamos a pasarlas a la sierra para que estuvieran toda la primavera. Allí hay plantas más silvestres, más aromáticas, como el tomillo, la lavanda y en la miel se nota”, dicen.

Sin embargo, las borrascas truncaron sus planes. Destrozaron su trabajo y arrastraron las cajas hasta puntos muy alejados del río, como la playa de Valdelagrana o La Puntilla. Cuando ocurrió, comenzaron una búsqueda en la que contaron con la colaboración del Servicio Municipal de Playas del Ayuntamiento de El Puerto, que se puso en contacto con ellos y coordinó la recogida del material que iba apareciendo en el litoral.

También pidieron colaboración ciudadana a través de redes sociales. “La gente subía vídeos y no sabía lo que eran, pensaban que eran cajas de verduras, pero eran las colmenas dando vueltas”, comenta Adrián. Junto a sus pies, se divisa lo poco que han podido recuperar.

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Detalle de los cuadros destrozados.  MANU GARCÍA

En algunos cuadros todavía queda miel. En otros, se observan abejas ahogadas y mojo. En total han recogido 32 colmenas y algunas tapas. Ahora les toca revisar con detenimiento todo y comprobar si hay algo que puedan volver a utilizar. “Todas las tapaderas tienen que encajar con su caja. Ya no sabemos cuál corresponde a cuál, si ha aparecido la caja pero no la tapadera. La madera tiene muchos golpes, han recorrido muchos kilómetros”, expresan.

Pese al duro contratiempo, que también han sufrido otros muchos productores locales, Adrián y Ainhoa no se rinden. Están dispuestos a empezar desde cero y a continuar en este sector donde no es habitual encontrar a la juventud. De hecho, ellos no conocen a otros compañeros por la zona.

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Así han quedado los cuadros donde producían la miel.   MANU GARCÍA
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En algunos cuadros quedan restos de miel y de moho.   MANU GARCÍA

“La abeja no es un insecto fácil de llevar porque tiene muchos problemas. Está la varroa y ahora la avispa oriental que está matando a muchas, es una lucha que tenemos. Y todo el mundo no apuesta por una cosa que es complicada de llevar adelante”, reconoce el apicultor.

Jóvenes que apuestan por el sector primario

Ellos sí apuestan por el sector primario y la cría de abejas a pesar de las dificultades. Ponen su granito de arena en una pieza clave de la estructura agroalimentaria en España y Europa. Una actividad esencial para el equilibrio ecológico a través de la polinización.

“Ahora toca comprar algunos enjambres y poco a poco”, dicen. De momento, ha supuesto un alivio para ellos el haber tenido toda la cosecha del año. Por ello, están vendiendo toda su producción con el fin de poder adquirir esos enjambres. En total, al año, suelen producir unos 3.500 kilos de miel que venden a sus clientes en botes de cristal de un kilo.

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Detalle de las abejas ahogadas.   MANU GARCÍA
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Botes de miel de Surmiel.   MANU GARCÍA

“Con las desgracias a veces tienes que mirar el lado bueno. Gracias a esto nos ha conocido un montón de gente y nos está ayudando comprando la miel”, dicen.

Su sistema de trabajo es sencillo. Ellos mismos reparten la miel por toda la provincia de Cádiz y algunos municipios de Sevilla. Les gusta conocer a sus clientes y escucharlos, además, “muchos nos dan consejos”. También realizan envíos fuera de Andalucía en función de los pedidos.

“Que nadie piense que porque nos haya pasado esto vamos a apostar por irnos a otro lado. Queremos seguir manteniendo nuestra colmenas por Cádiz”, señalan. La pareja se levanta tras el bache y no pierde el entusiasmo por salir adelante y seguir trabajando en la explotación apícola.

Las personas interesadas pueden adquirir sus botes de miel a través del WhatsApp 663 92 70 10.

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Patricia Merello

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