La controversia ha estallado en Fuengirola (Málaga) tras conocerse que un establecimiento ha aplicado un suplemento de 1,20 euros a una familia por acceder con el carrito de su bebé. El caso, difundido por el programa Malas Lenguas, está generando debate sobre los límites de los recargos en bares y restaurantes, una práctica cada vez más extendida en el sector.
Este tipo de cobros adicionales no es nuevo en la hostelería española. A los habituales suplementos por atender en terraza, servir pan o incluir cubiertos, se suman otros conceptos como el referido, algo que muchos clientes consideran inusual y controvertido.
Muchos ciudadanos han reflejado su malestar por esta medida. Una vecina asegura que "si me pasara, lo pagaría, pero haría una reclamación", mientras otra califica el cargo de "desorbitado e injusto. Ya es que cobran por todo".
Debate social: entre la indignación y el apoyo
En redes, algunos usuarios preguntan si el carrito de bebé figura en la carta junto al resto de precios, mientras otros consideran directamente que se trata de una práctica que debería denunciarse. Lo llamativo del caso ha amplificado una discusión más amplia sobre los derechos de los clientes frente a las políticas internas de los establecimientos.
No obstante, también han surgido voces que respaldan la decisión del bar. Entre ellas, destaca un comentario que afirma: "Me parece fantástico. Los carritos de bebés ocupan sitio en los bares y, si los perros no pueden entrar, qué menos que, si tiene que entrar un carrito, se cobre. Los perros dan mucho menos ruidos que los niños y manchan mucho menos".
Algunos internautas han optado por la ironía para abordar la polémica, comparando la situación con el bar Reinols de la mítica serie Aída, regentado por el singular Mauricio Colmenero. Más allá de la anécdota, el caso plantea interrogantes sobre hasta qué punto los negocios pueden repercutir costes adicionales a los clientes sin afectar a la percepción de equidad y servicio.


