Viven en apenas 15 metros cuadrados, hacinados, y encima criminalizados. Son jóvenes, migrantes y todos buscan un futuro mejor. De momento, el presente es duro. Porque para no dormir en la calle, lo hacen en centros de transformación eléctricos, inutilizados, que hay repartidos por la zona sur de Jerez. Soportando el paso de ratas o cucarachas, sin agua, sin luz, con mucha humedad.
Pero, a pesar de todo, lo prefieren a dormir en la calle. Porque llevan unas semanas malviviendo en estos habitáculos, un periodo en el que ha llovido muchísimo, en el que ha hecho mucho frío. Y no tienen nada mejor. Porque todos estudian el idioma, hacen cursos, e intentan buscar trabajo, pero sin papeles lo tienen muy complicado.
De ahí que tengan muchas esperanzas puestas en la regularización masiva de migrantes anunciada por el Gobierno, tras acordarla por Podemos, que el Ejecutivo calcula que beneficiará a más de 500.000 personas en todo el país, aunque un informe del centro de análisis Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros) cifra en 840.000 el número de migrantes sin papeles —con datos a 1 de enero de 2025— Para ello tendrán que acreditar que llevan al menos cinco meses en España, antes del 31 de diciembre de 2025, y que no tienen antecedentes penales.

Todos los que residen en estas casetas eléctricas cumplen los requisitos anunciados. Soufian, uno de ellos, hasta lleva toda su documentación en la mano cuando lavozdelsur.es los visita. Él lleva dos años en España, se defiende con el idioma, tiene cursos de hostelería y peluquería. Esto último es su gran pasión, a lo que le gustaría dedicarse.
"Nosotros vinimos aquí a España para trabajar y buscar un futuro, nada más", sostiene Soufian, que de momento trabaja como albañil, pero sin contrato, porque no tiene otra opción. Cuando pueda regularizar su situación, espera empezar a cotizar, tener una nómina y opción a alquilar una vivienda, para dejar de vivir en un centro de transformación eléctrico.
"Es mejor que estar en la calle, bajo la lluvia, pero entra frío, hay ratas...", empieza a enumerar sobre las condiciones en las que malviven. Dentro de las casetas apenas hay colchones viejos, algún sofá, y con suerte una mesita. Es todo el mobiliario del que disponen, lo que van encontrando en la basura. Además de algunas mantas y su ropa.
"Estamos aquí porque no hay otra cosa, no hay donde dormir", apunta Soufian, que se levanta todos los días muy temprano para ducharse en la Cruz Roja, en alguna estancia de la ONG Voluntarios por Otro Mundo, que los está ayudando.
Mucha esperanza en la regularización
"La mayoría vienen de África para buscar un futuro, para tener mejores condiciones", dice Abdelilah El Mortaji, de Voluntarios por Otro Mundo, que conoce bien a cerca de la decena de jóvenes que malvive en estas casetas de la luz. "Pero no tienen pasaporte, ni papeles, y gracias a esta regularización los vamos a regularizar a todos", sostiene esperanzado.

"Esta regularización va a ayudar al 90% de estos chavales. Han estado en albergues y en casas de acogida, pero pueden estar como mucho seis meses", explica El Mortaji.
En mayo se inicia el plazo para solicitar la regularización, para cuando deben acreditar su permanencia en España durante, al menos, los últimos cinco meses de 2025. Pueden hacerlo con documentos como un contrato de alquiler, billetes de transporte, el padrón, informes de citas médicas, certificados de asistencia a recursos sociales o justificantes de envíos de dinero.
Un acuerdo, anunciado por Podemos, tras acordarlo con el Gobierno, que se aprobará a través de un Real Decreto, y que recoge el sentir de un millar de asociaciones que llevan años luchando por esta regularización, y que impulsaron una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que cuenta más de 700.000 firmas.
Esta será la novena regularización de migrantes de la democracia, tras las tres aprobadas por Felipe González, cuatro por José María Aznar y una por José Luis Rodríguez Zapatero. La actual, del Gobierno de Pedro Sánchez, beneficiará a más de 500.000 personas, aunque aún es pronto para dar una cifra exacta.

Un joven con graves problemas de visión y hasta un español
Esta regularización puede ayudar a migrantes como Hamza, de 23 años, que lleva cinco en España. Estuvo en Sevilla, y lleva un tiempo en Jerez. Ahora, durmiendo en estas casetas de la luz. "Esperamos cambiar nuestras vidas, para tener un futuro bueno, pero sin papeles es difícil", aporta.
Hamza tiene graves problemas de visión. Tiene reconocido un grado de discapacidad del 76%. "Siempre llevo mis gotas en el bolsillo", dice. Porque ha conseguido que le traten en España, aunque viviendo donde vive, no sigue el tratamiento como debería.
Ha trabajado en bares, cocinando todo tipo de platos españoles. Le gustaría volver a hacerlo. En la hostelería o de lo que sea. "Vine para ayudar a mi familia", agrega, como todos sus compañeros.

Entre los residentes en estas casetas también hay españoles. Jonathan es de Melilla, tiene 21 años, y lleva seis meses en Jerez. Salió de su casa para buscarse la vida, pero se le truncaron los planes que tenía. Se quedó sin pareja, sin casa y sin móvil.
"He entregado currículum por todos lados y ahora no sé si me han llamado, porque he perdido el teléfono", lamenta Jonathan, que tiene formación como camarero, como fontanero y como electricista, aunque está abierto a cualquier trabajo.
"Estaba en el albergue, pero cuando tuve que salir no sabía qué hacer. Menos mal que me encontré con estos chicos, porque no sé qué hubiese sido de mí. Gracias a ellos tengo donde dormir, sé donde ir por comida, dónde ducharme... todo eso me lo han enseñado ellos", comenta Jonathan, muy agradecido.
"Estoy deseando encontrar trabajo e irme de aquí, a un piso. No quiero estar aquí, la verdad, pero es mejor que dormir en la calle", dice Jonathan, que también habla de la convivencia con vecinos de la zona. Hay quienes han denunciado su presencia en estas casetas, canalizadas a través de Vox, que lo hizo público hace unos días. "Hay quien dice que amenazamos y que robamos por las noches, eso es mentira", sostiene.
"Son muy solidarios, se ayudan entre ellos"
"Lo que más me gusta de ellos es su solidaridad, se ayudan mucho entre ellos", dice Abdelilah El Mortaji, quien desde Voluntarios por Otro Mundo ayuda a estos jóvenes. La ONG tiene cubiertas las plazas en pisos de los que dispone, pero les tramita documentación cuando lo necesitan.

También está trabajando ya en lo necesario para la regularización. "A todos les van a cambiar la vida, los conozco y no están parados: estudian español, se forman, buscan empleo, se están integrando", agrega El Mortaji.
"Estos jóvenes no son malos, no tienen antecedentes penales —lo he comprobado—, se están buscando la vida, queriendo integrarse. Solo pido que los dejen en paz. Si puedes ayudar, ayuda, si no, déjalos tranquilos", señala el miembro de la ONG, en respuesta al rechazo que ha provocado su presencia en estas casetas.
A quienes quieran solidarizarse con ellos, les solicita comida, algo de ropa, mantas, colchones, lo que puedan aportar para que su estancia en estos habitáculos sea lo más cómoda posible, dentro de las incomodidades.
Todos esperan que sus vidas cambien con la regularización masiva de migrantes anunciada por el Gobierno. Eso les permitirá tener trabajo, quizás acceso a una vivienda. Y esperanza.
Apoyo de la Red de Integración Social de Jerez
La Red de Integración Social (RIS) de Jerez, compuesta por una treintena de entidades o instituciones, mostró esta misma semana su rechazo a "los mensajes emitidos en los últimos días por parte de los representantes de extrema derecha al respecto de la presunta presencia de menores de edad viviendo en contadores de la luz en la zona sur de Jerez".
Estos jóvenes, dicen desde la RIS, son solicitantes de protección internacional, y "no tienen otro sitio donde ir, no hay recursos suficientes para acogerlos y si están ahí es para causar el menor daño posible porque no quieren ocupar un domicilio de alguien, ni tener problemas con la Policía".
"Es una realidad la de los muchos jóvenes extutelados atendidos a lo largo de los años por las diversas organizaciones de la red, que han hecho su vida y son nuestros vecinos y vecinas, incorporados plenamente al tejido laboral y social de Jerez, demostrando así que, pese a las adversidades y retos que han tenido que afrontar a temprana edad, han sido capaces de desplegar su talento, esfuerzo y habilidades para desarrollar sus proyectos vitales en nuestra ciudad", señala la RIS en su comunicado.
Y critican este "discurso sensacionalista que además, refleja un grave y absoluto desconocimiento de la realidad de los jóvenes migrantes que viven en nuestra ciudad, más enfocado en promover el odio y el rechazo que en ofrecer ninguna solución real".
Estos jóvenes, en su mayoría, han sido menores tutelados por el sistema de protección de menores y, al cumplir los 18 años, han quedado "abandonados a su suerte, en una situación de indefensión y vulnerabilidad absoluta", critica la RIS, que aprovecha para recordar la "necesidad de reforzar los programas de apoyo existentes para facilitar la inserción sociolaboral de estos jóvenes".



