Unos 300 kilos de marihuana envasados al vacío. Iban ocultos dentro de los congeladores que transportaba un camión. Hat fue condecorado con una medalla por detectarlos en esas circunstancias tan complejas. Este perro policía especializado en la búsqueda de drogas, armas y billetes de curso legal es puro nervio. Un bretón francés de 4 años que pertenecía a un cazador y que ahora forma parte de la unidad canina de la Policía Nacional adscrita a la Comisaría Provincial de Cádiz.
A su lado, Cai, más sosegado, mira a su compañero de trabajo. Este pastor alemán está especializado en la detección de explosivos. Su destino dio un giro cuando fue rescatado de la calle, donde vivía con una persona sin hogar. Superó todas las pruebas y se sumó a este grupo de 11 caninos, en su mayoría hembras, que realizan un servicio fundamental en el Cuerpo. Su labor se reconoce este miércoles 21 de enero, Día Mundial del Perro de Trabajo. Una fecha que pone en valor el apoyo que brindan estos animales que arriesgan sus vidas a diario.
Perros con un talante especial que forman parte de unidades de la Policía Nacional, Guardia Civil, Fuerzas Armadas y otros cuerpos, y que se dedican a la seguridad, el rescate, la búsqueda de personas desaparecidas o la detección de explosivos y estupefacientes. Casi todos los perros de trabajo de la provincia gaditana se concentran en la base militar de Torregorda, donde comparten espacio con el equipo de Infantería de Marina de la Armada Española.


Frente al mar, Mía Chole o Lana reciben entrenamientos y cuidados de agentes como Andrés Cortés, policía de la Unidad Especial de Guías Caninos desde el año 2006, cuando se creó. “Suele predominar el pastor alemán porque es un perro muy versátil, muy fuerte, atlético y dinámico, pero tenemos también perros de agua o perros más pequeños para espacios reducidos”, explica el isleño a lavozdelsur.es mientras acaricia a Hat y Cai, que están a su cargo.
Cada guía canino suele dedicarse a dos perros y muchos de ellos, en lugar de tenerlos en estas instalaciones, los llevan a sus casas y conviven con ellos. Durante la jornada, los lavan y, si no hay ninguna operación prevista, se dedican toda la mañana a realizar prácticas. Un trabajo que en España comenzó en 1945, hace más de 80 años.
En la unidad periférica de Torregorda, que en sus inicios se alojaba en La Carraca, se distinguen dos especialidades, los perros que pueden encontrar hachís, marihuana, cocaína o heroína, y los que identifican explosivos propios de atentados.

Estos perros proceden de distintos contextos. “Cada año se hacen compras, ahora mismo se está haciendo un curso con nuevos compañeros en Madrid y habrá que comprar. Y también vienen de la yeguada militar de Ávila, donde los crían y los reparten a los cuerpos”, explica Andrés. Otra forma de entrar es a través de donaciones o regalos de familias.
Una vez que llegan, son adiestrados para poder intervenir en redadas o registros, dando apoyo a la Unidad de Droga y Crimen Organizado (Udyco). “Facilitan mucho la labor porque el perro puede detectar si en una habitación hay droga o no en cuestión de minutos. Los perros marcan el sitio, un cajón o lo que sea, y los compañeros van a tiro hecho a buscar la sustancia, el dinero o las armas”, comenta Andrés.
Para aprender a desempeñar estos trabajos, los perros participan en entrenamientos basados en el juego, muy al contrario de lo que se pensaba antaño, cuando se decía que les daban droga para que tuviesen mono y así poder buscarla. Una leyenda urbana que la Policía desmiente en cada charla donde muestran cómo trabaja esta unidad. “Tenemos mucho cuidado de que no entren en contacto con la droga porque pueden morir. Nosotros buscamos que los perros tengan instintos de caza, de presa, y ganas de jugar y que sean activos. Es lo único que necesita a priori un perro de trabajo”, explica.



Una vez que superan los dos primeros meses de pruebas, los perros se dan de alta y son identificados por su chip. Aunque no tienen la consideración de agentes de la autoridad, como sí ocurre en otros países, caso de Estados Unidos, los K9. Normalmente, entran con un año y se jubilan con nueve. Ocho años de vida laboral en los que no les falta de nada.
Una jubilación digna
Sin embargo, hay perros que, o pierden facultades, o sufren alguna enfermedad y salen antes, o directamente, se quedan en la fase de pruebas. Según comparte el isleño, algunos son demasiado nerviosos y otros, demasiado buenos. Es el caso de West un perro de dos años que fue adiestrado para entrar en el Servicio Cinológico de la Guardia Civil como especialista en explosivos.
“Se distraía demasiado, empezó a perder aptitud y su guía decidió que no valía para trabajar”, dice su dueño actual. Del centro de adiestramiento canino de la Guardia Civil en El Pardo (Madrid), donde completó un año, pasó a vivir con Ángel Bravo. “Es bastante bueno y obediente”, comenta este agente de la Policía Nacional de Rota sin perder la sonrisa al mirarlo.

Él ha tenido la oportunidad de conocer a muchísimos perros de trabajo que no han entrado en la unidad o que han finalizado su servicio. Es fundador y vicepresidente de la asociación nacional Huellas de 4 patas, creada por policías nacionales, justo el 21 de enero de 2015. No es casualidad. Fue esta asociación la impulsora de que el Día Mundial del perro de trabajo se celebrase en esta fecha. Una iniciativa que les costó esfuerzo económico, pero que defendieron a capa y espada para dar visibilidad al impecable trabajo que realizan estos animales.
“Cuando vi a West decidí quedármelo”, comenta Ángel, mostrando su admiración por este can que disfruta de su nuevo hogar desde el año pasado. Esta asociación se dedica desde hace once años a garantizar una nueva vida a estos perros.
“El 90% de las veces son los guías los que se quedan con los perros, pero, ¿qué pasaba con ese 10% que no?”, comenta Ángel, que ayuda a buscarles una familia. Para ello, la asociación mantiene acuerdos con Guardia Civil, Policía Nacional, la UME, policías locales y otros cuerpos de seguridad que trabajan con perros. De esta forma, cuando están a punto de jubilarse, les avisan para que inicien su labor.
En primer lugar, crean una ficha con las características del perro y, cuando ya tienen familias candidatas, quedan con ellas y con el guía canino para una primera toma de contacto. Si formalizan la adopción, hacen un seguimiento para ver que todo está en orden. Desde sus inicios, Héroes de 4 patas ha dado en adopción a casi 700 perros en toda España. Actualmente, tienen a unos 13 en busca de nueva familia.
Además, se esmeran en localizar a la familia que mejor se ajuste a ellos y que caiga en buenas manos. “Procuramos estudiar muy bien a las familias, alguna vez nos hemos encontrado a listos que quieren hacer uso de estos perros. Hacemos muchos cuestionarios. Hay perros que son fáciles y otros que no los puede tener cualquiera. Hay mucha gente que quiere acogerlos”, explica Ángel.
El ladrido de los perros resuena en Torregorda una mañana en la que en Adamuz, en Córdoba, otros perros trabajadores participan en las labores de rescate de la mayor tragedia ferroviaria de España.


