La terapia podal es una opción para calmar dolores. Un tratamiento complementario que reduce el estrés, promueve el equilibrio mental y físico y actúa como un analgésico natural. Desde hace unos seis meses, la calle Hijuela de la Canaleja de Jerez alberga una clínica de reflexología podal que busca el bienestar de sus pacientes. En agosto de 2025, Manuel Romero, jerezano de 29 años, decidió emprender con Garbitasuna, que significa “pureza” en euskera.
“Yo no he arrastrado una clientela. Digamos que yo he hecho un poquito el paso al revés, he montado primero el local y luego he buscado a los clientes”, reconoce este naturópata de una terapia manual milenaria que apostó por este medio de vida tras haber trabajado en numerosos empleos.
Desde que entró en el mundo laboral y tras un año y medio residiendo en el País Vasco, ha sido peón en campo, entrenador de waterpolo, instalador fotovoltaico, monitor de campamento, hostelero y ha camperizado furgonetas. En 2021, quiso dar un giro a su vida y se apuntó a la Escuela de reflexología consciente Elena Marín, donde ha aprendido todas las técnicas que ahora aplica en su propia clínica.

“Durante las prácticas no cobraba, daba masajes regalados a cambio de poder obtener esa formación”, dice Manuel, que tras años de cursos y estudio, ha podido hacer realidad su objetivo.
Su trabajo se enfoca en trabajar los puntos reflejos, es decir, las zonas del pie que están conectadas con órganos y partes del cuerpo. “Con los masajes en los pies, podemos tratar el resto del cuerpo. Es una técnica muy agradecida que permite trabajar de todo”, explica el jerezano junto a la camilla donde tumba a las personas que se interesan.
Según comparte con lavozdelsur.es, estas pueden llegar con molestias en una zona concreta del pie, o en cualquier otra parte del cuerpo. Aunque parezca que, a priori, no tiene nada que ver con los pies, Manuel puede llegar a ellas a través de estos.


“La gente que tiene una depresión muy grande, tiene afectada la zona de pulmón. Los que tienen mucha ira acumulada, pues tienen mala zona de hígado, el punto reflejo de la mandíbula. El masaje se trabaja, según la zona que me indica el paciente y lo que yo voy viendo en el pie”, sostiene.
Además de la parte puramente física, el jerezano comenta que, en las sesiones, también aplica terapia psicológica. Detecta que muchos de los dolores provienen de vivencias que afectan al funcionamiento normal del organismo. “Cada dolor lleva asociada una emoción. Suelo preguntar si han tenido algún episodio de tristeza profunda y voy desgranando el historial de la persona y viendo todos esos bloqueos emocionales que tiene el cuerpo”, dice.
Del pie a todo el cuerpo
Por esta clínica de reflexología pasan personas con todo tipo de problemas que buscan un alivio. Para ello, Manuel no utiliza ninguna herramienta más que sus propias manos, con las que ejerce presión en distintos puntos del pie para estimular los puntos reflejos. Círculos y deslizamientos con los índices y el pulgar que proporcionan relajación. Los movimientos se basan en apretar fuerte el arco del pie, tirar de los dedos o masajear la planta.

“Aquí vienen personas con ansiedad, con problemas de lumbares, con dolores en las cervicales o con piedras en el riñón. El abanico es bastante variopinto”, detalla el jerezano.
Es habitual que los dolores directos en el pie se deban a una cronificación. “O porque lleva muchísimo tiempo con ansiedad o ha entrado en una depresión profunda. O por una vivencia concreta, por ejemplo, se la ha perdido un familiar, a lo mejor en una edad joven que no se espera y le ha afectado mucho”, dice. Confían en sus manos para activar la circulación sanguínea y mejorar su día a día.


