Eligia Lorenzo: las manos que cosieron la bandera de Andalucía que acabó quemada por la Policía tras un Barça-Betis

A punto de cumplir 90 años, y casi medio siglo después de aquel momento histórico de 1977, cuando los doce metros de la blanca y verde se desplegaron en la Giralda de Sevilla, esta andalucista hasta el tuétano sigue luchando cada lunes por las pensiones públicas. Y habla claro sobre los andaluces: "Somos muy pasotas".

Eligia Lorenzo con una imagen que inmortaliza el izado.
Eligia Lorenzo con una imagen que inmortaliza el izado. FERNANDO VÁZQUEZ
28 de febrero de 2026 a las 08:08h

La bandera blanca y verde descansa sobre sus rodillas. Eligia Lorenzo la toca con la serenidad de quien no necesita explicar lo que hizo. Va camino de los 90 años y no habla desde la nostalgia, sino desde la memoria activa. Porque aquella tela no se cosió para un partido. Se cosió para visibilizar una lucha: la autonomía andaluza, que cristalizaría el 20 de octubre de 1981.

La historia ha repetido muchas veces la imagen de la Giralda con la bandera de Andalucía desplegada. Lo que casi nunca se cuenta es quién la hizo, cómo se hizo y qué fue de ella después. Tampoco se suele contar que terminó reducida a cenizas tras un Barça-Betis en el Camp Nou que perdieron los sevillanos por 3 a 1. "Pensábamos que duraría diez minutos", recuerda. Permaneció más de una hora.

Fue en plena efervescencia autonomista. Mientras en otras comunidades se hablaba sin complejos de autogobierno, en Andalucía la reivindicación aún era incipiente. Eligia y su entorno —entre ellos su marido, Emilio Vaz— estaban convencidos de que había que dar un golpe simbólico. No se trataba de propaganda partidista. Se trataba de visibilidad.

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Eligia Lorenzo posa con una bandera de Andalucía para lavozdelsur.es.  FERNANDO VÁZQUEZ

Eligia caminó hasta San Juan de Aznalfarache para comprar la tela. Doce metros de verde, doce de blanco, doce de verde otra vez. En casa, cosió la franja blanca entre las verdes. En el dobladillo superior introdujo una cuerda fina y un alambre para poder sujetarla. En el inferior creó pequeños bolsillos y los rellenó con piedras recogidas de su barrio, entonces aún en obras, para que el viento no la venciera. Después, en el pasillo de su casa, Carlos Donaire escribió Autonomía con pintura negra de Titanlux. De esas de toda la vida.

Anatomía de un instante

El historiador y profesor de Derecho Constitucional José Luis de Villar, docente en la Universidad Pablo de Olavide y uno de los principales estudiosos del andalucismo político, sitúa el momento decisivo en la mañana del 20 de febrero de 1977, cuando una bandera andaluza de diez metros de largo por dos y medio de ancho fue desplegada desde la Giralda de Sevilla. “Aquella imagen condensó una aspiración colectiva”, sostiene. La enseña confeccionada por Eligia Lorenzo llevaba pintada sobre la franja blanca la palabra “AUTONOMÍA”. Villar recuerda que hubo debate interno: algunos defendían que el lema debía ser “Amnistía”, pero finalmente —explica— “se entendió que la Autonomía expresaba con mayor claridad el horizonte político que se perseguía”. Los rotulistas fueron Pepi Cubero, Carlos Donaire y María Luisa León, dejando fijada una consigna que se convertiría en emblema del andalucismo en la Transición.

En su reconstrucción minuciosa de los hechos —que forma parte de su reciente investigación sobre el proceso autonómico andaluz— Villar detalla los nombres de quienes participaron directamente en la acción: Juan Manuel Sanz, Pepi Cubero, Emilio Ávila, Manuel Pérez Chaves, Meli Rey, Carlos Donaire, José Manuel Pérez Alonso y Luis Páez. Aquella mañana se citaron en la calle Mateos Gago y, con la bandera oculta, ascendieron al campanario. Poco antes del mediodía la lanzaron al aire de Sevilla. “Fue un gesto audaz, pero cuidadosamente preparado”, afirma. La fotografía que inmortalizó el instante —tomada por Juan Pazos, militante y aficionado a la fotografía, quien la encuadró desde Mateos Gago— convirtió la escena en icono. La imagen circularía después en forma de póster bajo el lema “Andalucía Libre”, instalándose en la memoria visual de toda una generación. Aunque horas más tarde un grupo de tradicionalistas retiró la bandera, el impacto simbólico ya era irreversible.

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Eligia muestra fotos de la bandera desde la Giralda.   FERNANDO VÁZQUEZ

Este episodio ocupa un lugar central en su último libro, Y Andalucía se levantó. Historia del Partido Andalucista II: La conquista de la Autonomía (1977-1982), publicado por Editorial Almuzara, donde analiza el llamado “sexenio autonómico” y la consolidación institucional de la Autonomía andaluza. Villar subraya que la acción de la Giralda no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia que estaba dando frutos con rapidez inesperada: en distintos municipios, los militantes presionaron para que la bandera de Andalucía ondeara en edificios oficiales. Recuerda el izado en el Instituto San Isidoro en enero de 1977, el gesto del Ayuntamiento de Écija, la colocación en la Plaza Nueva de Sevilla —ante la ovación espontánea de numerosos ciudadanos— y el despliegue posterior en la Diputación de Córdoba. A su juicio, todos esos actos, culminados por la imagen de la Giralda, consolidaron definitivamente la visibilidad pública de la verdiblanca en plena Transición española.

Tras aquel episodio, la bandera permaneció guardada en su casa por seguridad. Viajó después a Bélgica "o a Holanda, no recuerdo bien" para una manifestación de emigrantes andaluces. Y poco después, al Camp Nou. Era un Barça-Betis. En el descanso, comenzaron a pasearla por el estadio. "Se formó un follón enorme. Todos los espectadores empezaron a aplaudir mientras la bandera daba la vuelta al campo. Muchos ni siquiera sabían que existía una bandera verde y blanca". La Policía la requisó. Días después, cuando los hermanos Sanz fueron a reclamarla, los agentes de la Policía la quemaron delante de ellos.

"Somos pasotas"

Como cada 28 de febrero, día de Andalucía, el andalucismo vuelve a ocupar titulares, balcones y discursos institucionales. A ella le incomoda cierta autocomplacencia: "El andaluz no es conformista; es pasota". Matiza: "Para la Feria, la Semana Santa o el Rocío, ahí estamos todos. Pero para luchar, no tanto". Ha recorrido medio mundo —"todo menos Australia"— y sostiene que la identidad andaluza es el resultado de siglos de mezclas culturales. "Han venido culturas de todas partes y, en vez de echarlas, nos hemos cruzado con ellas. Por eso somos como somos", insiste.

Cuando se le pregunta por la apropiación política del andalucismo, no titubea: "Muchos dicen que son andalucistas porque nacieron aquí. Pero defender de verdad a Andalucía es otra cosa". Lo menos conocido de Eligia Lorenzo no está en los años setenta, sino en los lunes actuales. Sigue concentrándose frente al Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe dentro del movimiento ciudadano 'Los lunes al sol', en defensa de las pensiones públicas y la sanidad pública: "No es ningún partido. Somos mayores de toda España. Defendemos derechos que conseguimos trabajando: la jubilación, la sanidad pública. El capitalismo está deseando quedarse con las pensiones, igual que quiso quedarse con la sanidad, y en parte lo está logrando".

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Una bandera de Andalucía sigue colgada de su balcón.   FERNANDO VÁZQUEZ

Cada lunes, de once a doce, se reúnen frente al Ayuntamiento. "Cualquier persona mayor puede acercarse y enterarse de lo que se está haciendo y de lo que no nos dejan hacer". Son también quienes organizan la gran manifestación anual en Madrid en defensa de las pensiones.

En su salón, junto a la imagen enmarcada de la Giralda con la bandera de Andalucía, sonríe con ironía. Sus nietos le piden que descanse. Ella responde que mientras pueda, seguirá. "Todo el mundo tiene derecho a vivir. Y a vivir sin dolor de cabeza".

Antes de que Andalucía tuviera una fecha oficial en el calendario, fue una tela comprada a pie, cosida en una casa de Mairena del Aljarafe, subida a una torre con riesgo real y paseada por un estadio hasta acabar quemada, la que copó titulares  

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Las manos de Eligia siguen siendo andaucistas.   FERNANDO VÁZQUEZ

Las manos que cosieron la bandera de Andalucía siguen aquí. Y no parecen dispuestas a rendirse.

Sobre el autor

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Ezequiel García Barreda

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