Carlos Duarte, el jerezano que retrata el alma de las tribus de Asia y África: "Nunca he tenido miedo"

Su pasión por la fotografía le ha llevado a recorrer más de 20 países en busca de historias humanas. Sus proyectos fotográficos van vinculados a una causa final solidaria

Carlos Duarte, en su casa, con dos de sus trabajos de fondo.
Carlos Duarte, en su casa, con dos de sus trabajos de fondo. MANU GARCÍA

Ha viajado a más de 20 países en busca del corazón de sus gentes. El lugar es lo de menos. Lo que le interesa es mirar la humanidad a través de un angular. Sentir la vida de otras culturas, emocionarse y emocionar a quien contempla sus imágenes. De pequeño le apasionaba contar historias y dejarse llevar por la imaginación. Comenzó a fotografiar paisajes, pero notó que a esas bellas estampas le faltaban un ingrediente fundamental, el factor humano. Entonces, se propuso recorrer mundo en busca de etnias y civilizaciones perdidas para encontrarse con nuevos sentimientos.

Y así, haciendo de cada viaje un aprendizaje, una lección de vida, lleva Carlos Duarte 17 años. "Me gustaba viajar, pero cuando realmente empecé a disfrutarlo fue al viajar solo. Tenemos un poco de miedo a hacerlo y pensamos que nos vamos a aburrir. Si tienes un viaje convencional puede que te aburras, sin embargo, si tienes un proyecto fotográfico en la cabeza, contar una historia, al ir solo todo se vuelve más íntimo y adquiere otra dimensión. Los ojos y el pensamiento se agudizan más. No es lo mismo que ir con un amigo que empieza a hablarte del Real Madrid y te saca del momento que estás viviendo o de la historia que quieres contar con una fotografía", destaca este jerezano que vive la fotografía de una manera intensa y especial. 

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Carlos contempla una de las fotografías de su libro.   MANU GARCÍA

Un niño semidesnudo en una destartalada silla de ruedas, unas manos arrugadas que acarician la miseria o un grupo de novicios en un templo más allá de cualquier frontera. Miradas penetrantes que duelen, sonrisas que regalan esperanza y sueños que buscan un futuro mejor. Los proyectos de Carlos van dirigidos a transmitir todo aquello que no recogen las grandes historias de viajeros. En su web, a través de sus redes sociales y en su primer libro, Entre mi corazón y mi índice, plasma infinidad de sensaciones. 

Sus viajes los prepara a conciencia, pero sin pensar en un lugar. Es un caza historias. "Lo primero que hago es buscar una historia en internet, en los libros o de forma casual. Después empiezo a estudiarla y desarrollarla. Yo no voy a viajes físicos, voy a encontrarme con una historia. Lo que me interesa es el tema antropológico y las personas. Me pongo a buscar información y veo las posibilidades de viajar a ese sitio. Calculo el presupuesto y busco alguna persona para cuando llegue allí me ayude a explicarle a la comunidad que he viajado 7.000 kilómetros para conocer su etnia, su cultura y lo que les diferencia del mundo", cuenta Carlos, que le da un valor histórico a sus fotografías, ya que "muchas de ellas puede que tengan un valor increíble en el futuro porque esa cultura puede que haya desaparecido en 50 0 100 años. El momento lo vivo como algo único, algo que va a desaparecer seguro y que tengo el privilegio de contar a través de la fotografía". 

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Trabajando en sus nuevos proyectos.   MANU GARCÍA

"Cuando voy a poblados lo que me encuentro es a gente de lo más agradable, que me invita a un té y trata de mostrarse con cercanía"

Muchos amigos y conocidos le preguntan si no tiene miedo al viajar solo a lugares tan recónditos y acercándose a tribus desconectadas por completo del mundo en el que vivimos. Carlos confiesa que "nunca he sentido miedo" y anima a todas las personas a que "se aventuren a viajar sin ese temor que muchas veces infunden la mayoría de medios. Yo nunca he sentido peligro en ninguno de los lugares donde he estado trabajando con la fotografía. La gente me pregunta, 'Carlos, ¿no sientes miedo?'. ¿De qué voy a tener miedo? Cuando voy a poblados, lo que me encuentro es a gente de lo más agradable, que me invita a un té y trata de mostrarse con cercanía. Tenemos que romper esa burbuja en la que muchas veces nos encerramos. Hay que dejar de ver tanta televisión para explicarnos nosotros esos parajes y esos sentidos. El viaje nos servirá para buscar una conexión espiritual que vamos a tener con esas personas y su entorno. En esta sociedad en la que parece que todo se puede hacer en internet, estas emociones no se pueden tener online". 

Dos chicos desnudos jugando a un billar

Etiopía y Mali son dos de los países que más le han impresionado junto a la India, "un país que trasciende por encima de un continente. Es un microcosmos, un universo. No es el típico indio con un turbante. Tiene una diversidad absoluta. Es brutal", relata Carlos, que confiesa también su fascinación por África. "Su plasticidad y sus colores son especiales".  

Sus viajes, aunque muy productivos, están limitados en el tiempo. "Esta no es mi profesión –es visitador médico– y lo que tengo son 10 o 12 días para viajar. El trabajo lo tengo que llevar muy perfilado. El tener poco tiempo me viene bien porque me ayuda a focalizar todo más. No hace falta estar mucho tiempo. Al final, no necesitas irte dos meses por ahí. A la hora de preparar el proyecto tienes que tirar de muchos guías del lugar, otros compañeros que han estado por allí... Aunque por muy perfilado que lleves el proyecto, te vas a encontrar con muchas sorpresas cuando llegas. Es muy importante el guía, que te puede alumbrar un proyecto o te lo puede destrozar. Tienes que estar muy alineado con esa persona y hacer un trabajo previo con él para no dejarlo todo a la improvisación".

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Una de las imágenes captadas en sus viajes.

Entre las historias que más le han marcado le cuesta destacar una sola. "Han sido tantas...". Como ejemplo pone una que refleja esa evolución que llevará a la pérdida de muchas tribus y etnias. "La globalización está devorando estas culturas. Esto es lo que más me impacta. Un día llegué a un poblado de lo más remoto donde vive la etnia Surma, que vive en el sur de Etiopía. Estaba a tres días en todoterreno. Y al llegar allí me encuentro en una choza a dos chicos desnudos jugando a un billar de una marca americana. Si a mí me costó un esfuerzo tremendo llegar, ¿quién llevó ese billar hasta allí? Es una señal de lo expuestas que están estas culturas de ser devoradas por la globalización", indica Duarte.

Su trabajo audiovisual está evolucionando muchísimo. En el último año ha experimentado con el vídeo y quiere combinarlo con las fotografías en sus próximos viajes en lo que considera "todo un reto". Entre sus proyectos para 2022 se encuentra un viaje a Costa de Marfil para contar la impresionante historia de las niñas serpientes. "Son unas niñas que salen de sus casas con siete años y se van con una performance actuando por poblados para iniciarse en su profesión, pero también por temas económicos para ayudar a sus familias". También tiene previsto realizar una serie en un monasterio al norte del Himalaya indio

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Su compañera inseparable en los viajes y su libro.   MANU GARCÍA

Mientras que llegan esas nuevas aventuras ha puesto en marcha el proyecto Passion, donde cuenta –a través de pequeños vídeos de no más de cinco minutos– las diferentes pasiones de varias personas. "Lo que intento –explica Carlos– es inspirar a las personas a que intenten hacer cosas, salir y descubrir sus capacidades". 

"No tienes que entender las palabras ni traducirlas. Tienes que sentir lo que la otra persona te está contando"

Habla un poco de francés, inglés y español, pero los idiomas no han supuesto nunca una traba en sus viajes. "Al final vas a sitios tan concretos, tan alejados y tan recónditos, que allí nadie habla un idioma occidental. No te va a servir de nada hablar más o menos idiomas. Lo importante es que tu guía maneje los dialectos. Cuando he estado con los Rabari o los Surma, por ejemplo, no recuerdo no haberme entendido con esas personas. Al final, la comunicación es mucho más amplia que el idioma. Muchas veces nos encerramos y decimos que no viajamos porque no hablamos idiomas. Después, te entiendes con una mirada, con un gesto. No tienes que entender las palabras ni traducirlas. Tienes que sentir lo que la otra persona te está contando y te está intentando transmitir".

En la familia, en su mujer Nieves y su hijo Mauro, encuentra unos aliados. Entienden una pasión que Carlos Duarte convierte también en acciones sociales. Una parte considerable de lo que recaudó con la venta de su libro fue a parar a Upace para ayudar a los niños con parálisis cerebral. Durante el confinamiento del pasado año, hizo una subasta online por Facebook con la que logró recaudar 6.000 euros para comprar mascarillas para los médicos que por entonces no disponían de ellas. En una hora vendió 146 fotografías en tamaño 30x40. "Con el material fotográfico que traigo de mis viajes intento también devolver la generosidad de esas personas que me han enseñado su vida y su historia".

Sobre el autor:

Rubén Guerrero

Periodista con más de veinte años de experiencia en los medios de comunicación (prensa escrita, digital, radio y televisión). Autor de Nosotras. Historias del olvidado deporte femenino y otros seis libros más. Recuperando la ilusión por el periodismo en lavozdelsur.es.

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