Desde el 'corazón' del arte sacro: "Para esto no hay manuales de estudio. Y no llegan aprendices"

Los artistas-artesanos Toni García Falla, orfebre, e Ildefonso Jiménez, bordador, viven una previa a la Semana Santa con trabajos menores y menos personas en su taller que otras primaveras. "La clave está en septiembre. Si para entonces hay previsto algo, volverán los encargos".

Toni Falla, junto a su ayudante, en su taller de orfebrería en Jerez.
Toni Falla, junto a su ayudante, en su taller de orfebrería en Jerez. ESTEBAN

Vivir de la pintura, la escultura o cualquier otra de las artes es una tarea difícil. Acaso se salva —y no sin mucha precariedad— el cine, toda vez que de todas las artes es la que más consume el público. Pero existe otra modalidad, la del arte de los artesanos, la del arte sacro, que supone toda una industria en Andalucía. Esa Andalucía más cofrade que puramente devota que mantiene en las hermandades uno de los últimos reductos de asociacionismo al estilo tradicional, y que cuando sale a las calles reúne a miles y miles de personas.

Esas obras, patrimonio religioso en manos del culto, generan cientos de puestos de trabajo, que se dedican a la creación a la restauración y mantenimiento. Jerez mantiene una importante influencia de Sevilla. Muchas cofradías acuden a la capital andaluza a buscar artesanos, pero casi una docena de talleres en la ciudad trabajan también para otras localidades del entorno, y muchos de esos artesanos, por su parte, se curtieron en Sevilla. Este 2021 de incertidumbres no lo es menos para Ildefonso Jiménez, bordador, y Antonio García Falla, orfebre.

Bordado secular en manos de un maestro

Ildefonso Jiménez lleva 33 años de oficio en el taller. Nacido en Jerez en 1969, empezó con menos de 20 años. Tocaba en una banda, le gustaba el dibujo, le llamó la atención eso de cómo habían diseñado el banderín y encontró "un mundo" que le apasionó. Desde entonces no ha parado de aprender. Su maestro fue el sevillano Guillermo Carrasquilla. Fueron muchos viajes de aprendizaje, recuerda. "Y por el camino hemos aprendido mucho. Me he ido relacionando con gente de mucho nivel", explica.

"Un maestro contrastado siempre debe enseñar su técnica. El tema de aprendices está complicado. Ahora tengo a un par de personas interesadas, y es como un favor", relata. Los bordados del arte sacro son un aparte. No tienen comparación con la confección general. Se trabaja con hilos de oro, hilos que no pueden pasar por un aguja, pues perdería su esencia. Es un bordado en el que son otros hilos de seda los que sujetan, por eso es en sí mismo bordado y no cosido, el bordado de realce.  El oro fino, "el de máxima calidad", no es puramente oro, sino plata de ley de 995 con un baño de 24 quilates. "En el momento en que lo roces, al tener muy pocas micras, se va perdiendo. Es una técnica muy regionalista. El nivel que tenemos aquí es insuperable", dice sobre la manera andaluza. "Se superan niveles de técnica y creatividad. Las cofradías son las que soportan eso".  

Ildefonso Jiménez, con un estandarte.
Ildefonso Jiménez, con un estandarte.   ESTEBAN

Además de diseño, hablamos de mantenimiento. Un bordado, al ser tela, puede durar unos 80 o 90 años. Si se cuida. "La lluvia no hace daño al bordado, sino la humedad continua. Un chaparrón no tiene que estropearlo, si se trata bien, si se orea". El trabajo de esta semana es un estandarte corporativo de la Hermandad de Los Dolores de Sanlúcar. "Pudimos ver que podría ser obra, por el estudio que hemos hecho, de las hermanas Antúnez, de finales del XIX, aunque no tiene firma. Es una pieza muy rica, de mucho nivel". Los trabajos de recuperación pasan a menudo por cambiar la base y mantener ese bordado.

A diferencia de lo que ocurre con el respeto a las tallas, que ya cualquiera no puede restaurar, en el mundo del bordado es muy crítico sobre los trabajos que realizan personas que no tienen formación. "Algunos se lanzan sin conocimiento de materiales, sin técnica, sin haberse preparado bajo la batuta de un maestro". Y las cofradías "no se cuidan de evitarlo. No tienen en cuenta, además, que dar trabajo a una persona que no está dada de alta, que no paga seguros, impuestos e IVA, al final significa apoyar una ilegalidad".  Y "se ven piezas de mucho nivel que se dejan en manos de talleres con técnicas muy agresivas, sin estudio previo. Se ha hecho y se sigue haciendo en estos momentos. A lo largo de los años hemos visto muchas piezas destrozadas", lamenta.

La técnica de bordado, en la que el oro no pasa por la aguja.
La técnica de bordado de realce, en la que el oro no pasa por la aguja.   ESTEBAN
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Una de las bordadoras del taller de Jiménez, ubicado en calle Arcos.   ESTEBAN

Este tiempo de covid es el de "trabajos menores", por lo que el taller no está a pleno rendimiento, como estaría a una semana del Domingo de Ramos. El primer año de crisis tocó a los artesanos con encargos o entregados o a punto de entregar, pues apenas faltaban unos días para salir a las calles en procesión. Esta es la primera Semana Santa que toca de lleno. Y es la ilusión sobre 2022 la que determinará el futuro de centenares de talleres en Andalucía. "Septiembre es el momento en que las hermandades toman decisiones", explica Jiménez. Por eso, si para esas fechas hay un buen nivel de vacunados y, en consecuencia, todo apuntara a que habría capirotes por las calles -se parezca o no a cómo era antes de la pandemia-, los encargos volverán. Si no, "puede ser el final" para muchos puestos de trabajo. Lamenta que, a pesar de las buenas palabras, se ven poco esas ayudas de las que han hablado las administraciones.

Al cincel tradicional no le ganan las máquinas

Antonio García Falla, jerezano del 73, o simplemente Toni Falla en el mundo cofrade, es uno de los orfebres más respetados, un maestro como Jiménez, y autor de piezas y de restauraciones de primer nivel. Su taller está en un rincón del Parque Empresarial de Jerez. Nadie podría advertir que de una pequeña nave surgen piezas tan finas. García Falla trabaja con una de esas batas azules de artesano que tiene un aire añejo. Sigue trabajando, aunque también menos de lo que debiera. Aquí había "cuatro personas hace un año, y ahora estamos dos, Samuel y yo". Este fin de semana presentaba también un farol hexagonal de metal bañado en plata, y cincelado a mano. "Son faroles de entrevaral para el Santo Crucifijo". Y en este tiempo tiene un trabajo importante, vistoso, la recuperación de la urna donde procesiona el Santo Entierro, de más de tres siglos.

Un taller de orfebrería es el de las piezas finas, de los impresionantes angelitos de apenas unos centímetros que ornamentan por ejemplo un farol, y donde se distinguen milimétricamente, por ejemplo, los dedos de la mano. Tiene la orfebrería cofrade la virtud de posar sobre grandes estructuras mínimos detalles, propios del barroco más tradicionalista. Garcia Falla viene de familia de joyeros, por lo que no se pierde ni en el tallado ni en la reproducción. Habla por ejemplo de la fundición a la cera perdida, "lo que comúnmente se llama microfusión", que se usa en esas joyerías "y nosotros adaptamos al oficio".

Samuel, trabajador en el taller de García Falla, con el cincel.
Samuel, trabajador en el taller de García Falla, con el cincel.   ESTEBAN
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Trabajo en el taller de García Falla.   ESTEBAN

Ambas modalidades comparten muchas cosas, pero "me faltaba ese saltito" después de crecer entre joyeros "y me fui a Sevilla para aprender con Jesús Domínguez". Allí pasó tardes sentado, mirando. Acabó abriendo su joyería en calle Armas, pero "llegó un momento que tenía más encargos de orfebrería, y dejé las joyas". Trabajos apasionantes. Por ejemplo, una corona son "8 horas de trabajo durante tres meses, aunque depende del detalle". El cincelado no ha cambiado demasiado. Sí hay mejores herramientas, para el ensamblaje, por ejemplo, "pero la técnica es la misma que hace siglos". 

También ha cambiado el asunto de los informes, estudios. Eso hace que al restaurar se esté muy seguro de cada paso a dar en el proceso. Tiempo atrás quedan las buenas intenciones. Un ejemplo que pone es el que hace "50 o 60 años", quienes montaban los pasos eran "carpinteros de bodega. Te encuentras puntillas por ejemplo que son de buena intención, pero chapuzas" según los ojos actuales. Trabajos "sin delicadeza". Eso ha cambiado, pero casi todas las piezas son las mismas, por lo que hay que trabajar sobre esa realidad. "Las cofradías tienen más conciencia, ya no valen cosas que se hacían antes".

De toda su trayectoria, no tiene una predilección. "No es monotonía, porque todo es diferente". Cada pieza es un mundo, ya sea para el farol o la corona. Las nuevas hermandades sí tienen cierta libertad para ser más creativos los artesanos. "Desde el punto de vista artístico, estamos en un momento bueno. El problema", como para toda industria "es el covid. Porque hacer piezas de cero es un gran coste". En su caso, los trabajos sobre la urna del Santo Entierro viene financiado parcialmente por la Junta. "Son ayudas para la conservación, presentamos un informe y nos vino aprobado. Pagan el 80%. Eso para 2021 nos da un respiro. Y vemos ya el final del túnel". Además, es "optimista para que haya Semana Santa en 2022, aunque sea diferente". 

En su oficio, y eso es un problema de largo plazo, "no siguen entrando aprendices. Yo fui monitor de escuelas taller, con fondos europeos, ubicado en El Zagal. Aquello no funcionó por lo que pasó con los cursos en Andalucía. Pero la idea era fantástica. Conozco a tres personas que salieron de ahí y siguen. Este trabajo, a día de hoy, es llamar a la puerta de un taller, y es difícil, sobre todo porque hay que dar de alta y controlar todo con el covid". Y lamenta: "Es curioso. Nunca nadie ha escrito un manual de orfebrería de Andalucía. Yo aprendí desde abajo. El maestro te acaba enseñando poco a poco, y sacándote el talento que tengas. Aunque no todo el mundo vale".

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