Un camino lleno de charcos rodeado de parcelas. Los últimos coletazos de los temporales se notan en una zona de Rota donde habitan unas 70 personas durante todo el año. En Aguadulce, las 16 calles tienen nombre de especies marinas y las familias conviven con el sonido de las olas. El fuerte viento arrastra la arena hacia el acceso. “Esto lo hicimos nosotros con palés”, dicen tres vecinos después de atravesar la calle Trucha, Erizo de Mar, Salmonete, Urta o Tiburón.
Los hermanos Juan y Pablo Fernández Salado, y Juan José Guerra, viven en un lugar cuyos orígenes se remontan a los años setenta del siglo pasado. Una zona que lleva décadas luchando por consolidarse como un barrio más y salir de un limbo urbanístico que ha marcado su historia. Aguadulce siempre ha sido un punto negro. Un territorio en el que se asentaron familias procedentes de Jerez y Sevilla y que, con el tiempo, se ha convertido en el destino ideal para pasar las vacaciones. En los meses de verano, contabilizan hasta 400 inquilinos.
“Viene muchísima gente preguntando por parcelas y este año se han vendido un montón de casas. Aquí la calidad de vida es mucho mejor”, comentan los vecinos a lavozdelsur.es, esquivando socavones en vías sin asfaltar. Aguadulce es un paraíso salpicado, eso sí, por la falta de servicios básicos.


Desde su inicio, se constituyó la Asociación de Propietarios de Aguadulce-Rota para defender los intereses de los vecinos de casas construidas incluso antes de que se aprobara el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1994. A base de mucho esfuerzo y dedicación, en 2008, la zona fue reconocida en este documento y se modificó la clasificación del suelo, pasando de ser “no urbanizable” a “urbanizable no sectorizado”. “Aquí los vecinos han echado narices”, comenta Juan Fernández, jerezano que compró su primera parcela en el 89.
Él conoce como la palma de su mano este enclave donde ha desarrollado su vida y al que ha dedicado muchas horas. Ha sido 14 años presidente de la asociación, cargo que vuelve a tener motivado por el mismo fin por el que lucha desde hace cuatro décadas. Su urbanización. Actualmente, las parcelas edificadas que forman parte de la asociación suponen un 35% de la totalidad de la zona.
Aguadulce existe gracias a personas como él, que se han unido y se han implicado en la mejora de su hogar. Prácticamente, todo se costea con el dinero de sus bolsillos. Al año, pagan unos 100 euros de cuota, aportación voluntaria que permite, por ejemplo, que haya luz.
“Compramos un transformador, pero es para un número determinado. No se pueden enchufar más porque explotaría, y hacemos un seguimiento para que la gente no se salte la ley. Pero nos gustaría ceder las líneas a Endesa, hacer una caseta y que todos los vecinos pudieran tener este servicio”, explica el presidente.

Desde la asociación, se han encargado de los arreglos cada vez que se detectaban problemas de cortes de luz y han creado proyectos para hacer Aguadulce un lugar más habitable. “Nosotros ponemos el alumbrado público y reponemos las luces para que haya una mínima visibilidad. Las calles son impracticables. Las que son del Ayuntamiento, nos manda una empresa para arreglarlas, pero en el resto, lo pagamos los vecinos”, explican.
Con el paso del tiempo, la asociación ha ido trabajando para garantizar los servicios esenciales, desde la luz, la implantación de plazas solares o el servicio de recogida de basura. Pero aún queda por hacer. “No tenemos agua por tuberías, tenemos pozos ciegos”, dicen mientras pasan por delante de la antigua tienda de alimentación de Mari Tere, un establecimiento histórico que cerró tras la jubilación de la dueña y que abastecía a todas las familias.

“Dicen que somos ilegales, pero aquí pagamos todos nuestros impuestos. Nosotros queremos ser legales y por eso estamos dando muchos pasos para serlo. Al final, los servicios que necesitamos nos los tiene que prestar el Ayuntamiento”, comenta Juan José, vicepresidente de la asociación.
Este jerezano, que lleva poco más de un año residiendo en esta zona, está encantado de poder pasear cerca del mar y disfrutar de un cielo estrellado sin contaminación lumínica desde el porche. Lamenta las dificultades burocráticas de la zona, pero ni él ni sus vecinos se rinden y están en estrecho contacto con el Ayuntamiento.
Un momento histórico para Aguadulce
Actualmente, la zona experimenta un avance histórico fundamental para la urbanización definitiva de estos asentamientos. El Ayuntamiento ha publicado ya el pliego para seleccionar a la empresa encargada de redactar el Plan Especial de Adecuación Ambiental y Territorial, aprobado en 2019 y regulado por la Ley 7/2021, de 1 de diciembre, de impulso para la sostenibilidad del territorio de Andalucía (Lista).

La empresa Deurza Consulting SL es la adjudicataria. El objetivo es adoptar medidas pertinentes para el establecimiento de las infraestructuras comunes para la prestación de servicios básicos, luz, abastecimiento de agua y saneamiento.
“Nos exigían poner una fosa séptica y poner un vidrio de agua potable y estar metido en el plan especial. Cada vecino hemos tenido que hacer un proyecto, que nos ha costado dinero, pero que nos está sirviendo para, al final, poder llegar a tener agua o que tengamos alcantarillado”, explica Juan.
Según explica el Ayuntamiento de Rota, una vez aprobado y con los informes favorables, los propietarios deberán ejecutar las obras necesarias para llevar los servicios a sus parcelas. Esto incluirá tanto la instalación de redes básicas como mejoras en los accesos y viales principales. Los gastos correrán a cargo de los dueños, que deberán constituirse como entidad de conservación.
El plan permitirá dotar de infraestructuras comunes a las edificaciones que cumplan, sustituyendo las fosas sépticas por una red de saneamiento adecuada y garantizando el abastecimiento de agua y luz. Además, posibilitará realizar obras de conservación, pero no de ampliación, y contribuirá a la integración paisajística, frenando la expansión desordenada de nuevas construcciones.


“Ahora mismo tenemos un tren en la puerta que hay que subirse por narices”, comentan. Sin embargo, reconocen que es un proceso lento dividido en distintas fases y, por tanto, hay que tener paciencia. “Es una pena, pero, con todo lo que hemos luchado estos 40 años, hay algunos que no van a poder ver esto como ahora mismo lo tenemos encauzado”, dice Juan.
De momento, siguen siendo los vecinos los que se preocupan por su bienestar y realizan revisiones de las infraestructuras. Para “que estén lo mejor posible”. Al fin y al cabo, el deseo de estas familias no es otro que contar con los servicios e infraestructuras básicas. “Nos daría una gran satisfacción. Que tú abras tu grifo y que sea agua potable, que no sea agua del pozo. Que tú salgas a la calle y no tengas los boquetes esos. Que haya farolas”, expresan.
La única alternativa de crecimiento
La Ley 7/2021, de 1 de diciembre, también contempla la posibilidad de reconocimiento de la situación de Asimilado a Fuera de Ordenación (AFO). Esto supone que las viviendas que cumplan los requisitos pueden acceder al registro de la propiedad y, por tanto, a los suministros, cuando los haya. Aunque, como explica el Ayuntamiento, el Plan Especial de Adecuación Ambiental y Territorial no supone la legalización de las edificaciones.


La asociación explica que las parcelas no edificadas no podrán contar con esos servicios básicos. “Pero esto puede suponer también un elemento de impulso para el desarrollo urbanístico posterior del sector, dado que las parcelas sin viviendas alcanzan el 65%”, señala.
Juan, Pablo y Juan José muestran los rincones de Aguadulce, zona que aseguran que estaría más poblada si no fuera por su condición. “Aquí no vive más gente porque no pueden hacer sus casas, no les dan las licencias. Si me compro una parcela y no me dan permiso para hacer la casa, no vengo”, sostienen.
“Si esto se pone en marcha, se va a revalorizar todo. A Rota no le queda otra forma de crecer que esta”, dice Pablo, testigo del éxito de la zona en temporada veraniega. “No sabemos si lo veremos o no, pero al final, esto terminará urbanizándose y se construirá”, expresan. Tienen buenas sensaciones ante un cambio histórico que supondrá, por fin, un cambio de rumbo.




