Fernando Polavieja, conversación con un verso suelto

El hombre que ponía música a los grandes poetas vive en un exilio interior en Jerez, "en mi casa tengo todo lo que me gusta". Con lavozdelsur.es, repasa medio siglo de vivencias, sus desencantos, su memoria sentimental y su conexión con Ory y Aute

Fernando Polavieja, en su 'cuarto de la música', durante la conversación con lavozdelsur.es / FOTO: MANU GARCÍA
Fernando Polavieja, en su 'cuarto de la música', durante la conversación con lavozdelsur.es / FOTO: MANU GARCÍA

En una habitación de apenas unos ocho metros cuadrados de una casa de una zona residencial de Jerez cabe un universo. También hay un paquete de tabaco y pronto habrá un chupito de ron. El amor es cantar y respirar. Allí canta con su guitarra y allí respira lo único que lleva en un camino ligero de equipaje. Alguna medicina por los achaques de la edad. Quizás la memoria sentimental sea lo más valioso que conserva de todo aquello. Fotos familiares, estanterías repletas de libros, y miniaturas de todo tipo y condición.

Hay un reloj de Los Beatles —“me lo ha regalado mi hija, mira qué bonito es…—, y hay, en “mi museíto”, un collage de Carlos Edmundo de Ory y otro de su mujer, Laura Lacheroy. Hay una ilustración de Luis Eduardo Aute, y el logo original con el que el cantautor, ahora en horas bajas, dedicaba sus discos. Cuelga otra obra en la pared, esta vez de Gonzalo Torné… Cuelga otro Aute. Y Hay libros e instrumentos musicales. “Tengo algunas cositas”, muestra Fernando Polavieja (Santander, 1947), como el niño entusiasmado que enseña a los invitados su cuarto de juegos nada más llegar a casa.

Entramos en el santuario de un cantautor jerezano que empezó a cantar, a componer y a poner música a los poetas hace medio siglo. Sin hacer ruido, sin buscar nada. Un verso suelto en los márgenes. Un artista que, a día de hoy, aún sigue con la cabeza llena de pájaros. Su camino es el amor y nada más, que escribiría Ory, de cuya muerte sobrevienen ahora diez años. El mítico Tragaluz de la calle Almenillas fue el sitio donde conoció personalmente a su adorado Carlos. Corría el año 88. También se empezó pronto a juntar con Aute, con quien firmó a medias El desenterrador de vivos (Galaxia Gutenberg, 2006), disco-libro que dedicaron al postista gaditano de los aerolitos como para cerrar un círculo eterno.

El Marinero en tierra de Alberti abrió su discografía y, por ahora, la cierra La amante (autoedición, 2019), 24 poemas en media hora de grabación con un quinteto de cuerdas dedicado a la obra que el portuense escribió en un viaje por el norte de España acompañado de su hermano que, como profesionalmente Polavieja durante 37 años, fue representante de vinos. De hecho, al igual que Alberti tenía vinculación por su padre con la portuense Osborne, Polavieja es miembro de la familia jerezana Medina García de Polavieja, propietarios de Williams & Humbert, con una gran tradición bodeguera y especialistas en exportación. Enciende un cigarro. Piensa contestar a lo que le dé la gana.

¿Usted para qué iba?

Para , porque no servía para nada (ríe). Yo es que cuando murió mi padre, que trabajaba en la antigua La Voz del Sur, periódico del que era administrador, me fui a Madrid…

Pero nació en Santander…

Nací en Santander, pero como si hubiera nacido en Cuba. Tenía un año o menos cuando ya se vino mi familia para acá. Fui el último de los once hermanos que nació allí. Primero se vinieron a Cádiz, porque mi padre se fue con sus hermanas allí mientras encontraban casa en Jerez, y yo me crié en Jerez. Mi mujer cuando me quiere cabrear me dice que soy santanderino. ¿Dirías que Aute es filipino? Pues nació en Manila. Cada uno es de dónde quiere, joé. 

¿Qué edad tenía cuando murió su padre?

Cuando murió mi padre tenía 14 años. Entonces éramos imbéciles perdidos, éramos más niños que ahora. Me mandaron a un colegio de huérfanos de periodistas, San Isidro, y menos mal, porque fíjate tú mi madre con once criaturas para vestirlas, dales de comer, los colegios… Allí estudiaron los que estudiaron porque yo tampoco estudié. En cuanto pude me escapé. El ambiente no era malo en ese orfanato, no era como los de Dickens, ni era monstruoso, pero es que no me gustaba estudiar. Allí es donde empecé a componer mis primeras canciones y a tocar la guitarra. Daba recitales, me presenté a un programa, Música 3 en TVE, y como canté a Miguel Hernández, gané un parcial pero no me volvieron a llamar.

El ambiente no era malo en el orfanato, no era como los de Dickens, ni era monstruoso, pero es que no me gustaba estudiar

Plena Dictadura.

Sí. Muchos recitales nos los cortaban. Siempre cantaba a Alberti, a Lorca… a la ultraderecha… (ríe)

¿Cuándo regresa?

Volvía de vez en cuando, aquí tenía un grupo musical. Con Pepe Marín di muchos recitales, él recitando y yo cantando… Mi hermano Javier empezó a escribirme poemas para que yo los musicara, pero Javier murió con 48 años. Y yo lo que escribo no me gusta, es muy malo, ¿qué quieres? Y además, como siempre me ha gustado tanto la poesía, pues no me resultaba difícil, entre comillas, poner música a los poemas. Algunos sí me cuesta un trabajo horrible, pero estos de La amante no me costaron mucho. Creo que ya será la madurez, que es un eufemismo de vejez. 

—Corta de repente la entrevista: Bueno, para haceros la pelota… [nos entrega su último disco-libro] Son 500 euros cada uno… (Risas)

El cantautor jerezano, durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

¿Por qué volver a Alberti?

Lo descubrí en esa época de Madrid, en la que nos llegaban libros prohibidos en España. Allí empecé a conocer la poesía. El orfanato me sirvió para descubrir estas cosas. Aprendí mis primeros acordes e historias. 

¿Se considera en cierto modo un bohemio?

Yo qué sé que es un bohemio. Yo me he hartado de trabajar, killo. La música no me daba para comer. Yo he estado 37 años viajando por el mundo trabajando para bodegas de Jerez. Cuando cumplí los 25 dije: esto de la música a mí no me da para comer, y menos si me quiero casar y formar una familiar. Me casé a los 29. Sin dejar la música, estuve viajando por todo el mundo como director de exportación, otro eufemismo para lo que es vendedor de vinos fuera (ríe). Suena mejor exportación. Como me defendía bien en inglés…

Pero nunca dejó la música…

No, no, pero en Madrid me aburrí. Con lo de la política era un rollo, no dejaban cantar en casi ningún sitio… Una vez, en una ocasión, me oyó uno y me dijo que hiciera una prueba y luego me dijo que hiciera algo más comercial. A lo mejor me equivoqué, pero le dije que qué comercial ni qué leches, que eso era lo que yo hacía. ¿Y qué es comercial…?

Vivir del arte sin venderse es casi imposible, ¿no?

Yo no sé venderme. He sido comercial de vinos, pero para mí no sé venderme, ni hacer la pelota, ni esas cosas…

Mis amigos me dicen que no salgo para nada, pero es que en mi casa tengo todo lo que me gusta: mis discos, mis libros, mi historia…

Ni estar en los sitios adecuados en los momentos justos…

No, no hago vida social nunca. Mis amigos me dicen que no salgo para nada, pero es que en mi casa tengo todo lo que me gusta: mis discos, mis libros, mi historia… Salgo muy poco. He salido a cantar a algunos sitios de España.

¿Tiene nostalgia de algo?

No. Lo único que sí me digo algunas veces es por qué no haber aceptado hacer algo más comercial o haber podido vivir de la música. Luego me vuelvo escéptico y pienso que si no eres un Joaquín Sabina o uno de esos… gente a la que le sale naturalmente, sin dejar de tener calidad, lo que sí parece más comercial… Hay música comercial buena y otra que es una mierda. Amancio Prada también es amigo, he cantado alguna vez con él. Con Aute también cantamos juntos, como cuando presentamos El desenterrador de vivos, por nuestra amistad con Carlos Edmundo de Ory.

—Enseña una foto de los tres en la casa en Francia del poeta gaditano y otra de Aute y Ory en la boda de su hija Elena. 

Qué pena que Aute esté así, joder… —impedido tras dos infartos— Carlos ha sido para mí como un segundo padre, nos queríamos mucho.

¿Qué es lo que más echa de menos de él?

La persona. En el Tragaluz, después de haber leído cosas suyas, sospechaba que podía venir, porque llegó de Francia a la inauguración de la feria del libro de Jerez. Luis Pérez le habló de mí, que iba a cantar algunos poemas suyos en el Tragaluz, y esa era la foto que te enseñé. Con tu padre —Paco de La Zaranda—, lo nombramos rey de la poesía. Ahí sigue la corona…

Polavieja enseña algunas de las piezas de su "museíto". FOTO: MANU GARCÍA

¿Para qué cosas sigue siendo un niño?

¿Yo? Creo que para todo. Me salva de muchas historias el sentido del humor que tengo, me río de todo. 

Casi fundamental hoy en día, con todo tan encabronado, ¿no?

Pero tampoco creo que sea todo para tanto… todo está mal, todo está bien… todo está como tú te lo montes, killo. O como te lo puedas montar, que esa es otra. Pero hombre, ahora veo el fruto de todos estos años en todos los aspectos, sobre todo en lo humano. Esas amistades que he tenido, la gente que he conocido…

¿Es el mejor bagaje, no?

Sí. Sí. Y ahora estamos encantados con nuestros nietos. Hemos tenido dos hijas y tenemos tres nietos: Gonzalo, Gabriela y Manuela. 

¿Cómo andamos de vanidad?

Ninguna.

Pero en este mundillo hay mucha.

Sí, hay muchos intereses y muchos rollos. Yo por eso nunca he participado de esta vidilla. En Madrid, fíjate tú, a lo mejor podía haber hecho algo más, pero cuando cumplí los 25 dije: anda y que os den morcillas con el rollo de la política y demás que yo me voy para mi pueblo. Estuve una gran temporada sin tocar para nada, me vine de allí aburrido, y luego poquito a poco fui retomando. En realidad la música es mi vida. Lo demás ha sido para seguir viviendo, subsistiendo. Yo terminé del trabajo… después de 37 años, de estar prácticamente por todo el mundo… canté en algún restaurante en Londres y en Viena. Uno me dijo que si quería seguir allí cantando… pero le dije que estaba de paso.

Soy muy de instinto. Hay rachas en las que compongo mucho, me pongo con la guitarra y sale

¿Para qué no tiene ya edad?

No he pensado en eso, pero yo creo que tengo edad para todo… con moderación (risas)

O sea, no ha dicho su última palabra.

Sí, supongo que sí. Tampoco soy de planificar mucho, según me va dando la ventolera. Soy muy de instinto. Hay rachas en las que compongo mucho, me pongo con la guitarra y sale. En casa de Aute, cuando estaba bien, pasé largas temporadas y nos pasábamos las noches fumando, bebiendo y charlando de estas cosas. Yo le decía que sé cuando no puedo componer: cojo la guitarra y suena a lata, la dejo. Coño, pues eso me pasa a mí, me dijo. No siempre es así. 

El duende.

No sé si es el duende. ¿Eso es más bien para el flamenco o el toreo, no? Bueno, en realidad es para todo. Hay gente con duende y hay gente malaje (risas).

—Bueno, ¡vamos a echar un chupito de ron o de whiski!, ¿qué os gusta más?, propone al cronista y al fotógrafo. Nos conduce a la cocina de su casa. ¿Habéis probado este ron? Después de tantos años vendiendo vinos, me aficioné… me tomo dos copitas al día de vino de Jerez.

—¡Salud!

Polavieja, Ory y Aute, en una foto para el recuerdo. FOTO: CEDIDA

En una de sus últimas entrevistas, Alberti afirmó: “No reniego de nada”. ¿Y usted?

Tampoco. No tengo de qué, ni por qué. Yo he llevado la vida que he querido, nadie me ha forzado a nada y, en este aspecto, he sido un poco rebelde. No me conformaba nunca con nada. 

Obediencia a uno mismo.

Claro. Me haya equivocado o no, me he guiado mucho por mi instinto y lo hecho, hecho está. Tampoco he cometido grandes crímenes…

Como otros…

Cabrones…

Alberti le dio la mano a Pemán. ¿A Pemán no le ha musicado ningún poema, no?

Una mierda (risas). Es que era muy malo, killo. 

¿Pero quién puede convertir en facha a Alberti? Hay que ser ridículo, es absurdo. Lo que hay hoy en día es mucha gente aburrida y queriendo dar por saco

¿No hay demasiado sectarismo hoy en día? De Alberti han llegado a decir hasta que se había ‘convertido’ por culpa de esa foto…

¿Pero quién puede convertir en facha a Alberti? Hay que ser ridículo, es absurdo. Lo que hay hoy en día es mucha gente aburrida y queriendo dar por saco. Se inventan cosas… lo de las noticias falsas es un horror, ¿eh? Con las redes sociales, donde la gente en su mayoría, además, se esconde sin su nombre verdadero, solo dan morcilla. Es que hay mala leche, de verdad.

Ya estaban, ¿no? Ahora el altavoz es más potente…

Sí, y ha salido Vox que, para desgracia nuestra, ha tenido que surgir con fuerza en Andalucía. Tiene huevos que aquí saliera ese partido. Nada más que hacen sembrar cizaña, solivianta a la gente… si además es que no son demócratas, no creen en eso… ¿qué pintan en el Congreso, salvo para dar morcilla? Y luego la derechona se cabrea con el PSOE porque va a gobernar con Unidas Podemos. ¡Pero si ellos están gobernando en Andalucía con Vox! ¿Con eso no pasa nada? Bah, una pandilla de hipócritas.

¿Este sistema de partidos sirve para algo?

De momento, mientras no haya otra cosa. Si queremos democracia es lo que hay.

¿Usted qué piensa de esta vuelta a los dos bandos?

Nunca hemos dejado de estarlo. Somos un país de subnormales en muchos aspectos. Y uno de ellos sigue siendo ese: todavía estamos con la izquierda, la derecha, los rojos, los blancos, los verdes y sus mulas. ¿Qué bando impera finalmente? ¿Cuándo coño se va a morir el franquismo? Veo a chavales de veintitantos años locos con Vox… ¿cómo se puede tener esa mentalidad siendo joven?

Fernando Polavieja, en plena entrevista con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

¿Ha visto alguna propuesta del nuevo Gobierno relacionada con la cultura?

Todavía no. Ha sido una vez más uno de los últimos nombramientos ministeriales. ¡La cultura no interesa a los políticos, tampoco eso es nuevo!

¿De qué se declara independiente de forma unilateral?

¿Yo cómo soy? Como tú me ves. Eso lo decía Carlos Edmundo de Ory. Eso es sabiduría pura. 

Estamos en un mundo de dobleces, de perfiles falsos.

Mucho interés. Y tó pa’ mí, tó pa’ mí. Pero vamos, no soy derrotista, ni catastrofista. Es mi forma de ser. No quiero perder la esperanza de que todo va a ir mejor, a nivel mundial. No me cabe en la cabeza que el ser humano deje de serlo porque no tenga papeles. ¿Has visto mayor repugnancia que esa, niños muriendo de hambre en campos de refugiados? Si el país no tiene petróleo…

La virtud que más echo en falta hoy es ser más solidarios. En todo. Como seres humanos, como artistas…

¿El mundo está más enfermo de lo que imaginabas?

Yo siempre esperé que el cambio fuera más rápido, pero desgraciadamente esto va muy lento: siguen las guerras, el hambre, y encima nos estamos cargando el planeta. No lloramos más porque no queremos, pero la verdad que es un desastre. 

¿Qué poeta le queda por cantar?

César Vallejo me encanta, pero es difícil de musicar. Tengo mucho musicado: Neruda, Ory, Lorca… Hay poetas más musicales que otros, poemas que solo tienes que traducir porque ya traen su música. Es una experiencia bonita porque te pones en el espíritu del poeta y en lo que quería decir con ese poema. Unas veces aciertas y otras no. 

¿Qué virtud echa en falta hoy en día?

Ser más solidarios. En todo. En todo. Como seres humanos, como artistas… Eres conocido o famosillo y todo el mundo quiere hacerse una foto contigo. Si no eres famoso y esperas un poco de ayuda de ellos, ni puto caso. Se ayudan entre ellos, los premios se los reparten entre ellos, y hasta la SGAE también se la reparten.

España entierra bien.

Sí, trata mejor que en vida.

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