"Es imposible transformar nada al vivir de elecciones en elecciones; ¿quién se preocupa por mis nietos?"

El histórico líder campesino Francisco Casero, hoy desde la Fundación Savia en defensa del medio rural, ha logrado centenares de adhesiones para crear el Defensor de las Generaciones Futuras. "La mediocridad política es reflejo de una sociedad civil que no está a la altura", afirma

Francisco Casero, este pasado verano, recogiendo basuras en un pinar en Isla Cristina. FOTO: CEDIDA
Francisco Casero, este pasado verano, recogiendo basuras en un pinar en Isla Cristina. FOTO: CEDIDA

Francisco Casero, 72 años, el jubilado hiperactivo y sabio presidente de la Fundación Savia —una ONG que trabaja para visibilizar el mundo rural y sus valores—, no sabía manejar una hoz cuando se volvió de Menorca, donde emigró con su familia cuando era niño, a su Marchena natal, en la provincia de Sevilla. Luego, ya en los 70 y en la Transición, el veterano periodista Joaquín Estefanía le pedía que le descubriera, y le acompañara, recónditos lugares del campo andaluz para cubrir sus reportajes para la revista Triunfo. Defensor del relevo generacional, el histórico líder del movimiento obrero campesino, fundador hace casi 45 años del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), inasequible al desaliento, más de 40 huelgas de hambre le contemplan, participante activo de todos los referéndums autonomistas de Andalucía, impulsor de la producción agroecológicas en España, está de enhorabuena. Acaba lograr centenares de adhesiones a todos los niveles —la última esta semana en la Diputación de Sevilla— para la creación del Defensor de las Generaciones Futuras, una institución que va de lo local a lo global para ejercer peso e influencia ante decisiones políticas que atañan a quienes heredarán la tierra. Porque cuando Paco Casero habla ya no habla por él, hablar por sus tres nietos. En plena pandemia social y económica, aparte de la sanitaria, Casero es rotundo: “No se habla de economía en este momento. Estamos entrando en una situación bastante preocupante y no se habla de economía. "Al empezar la pandemia, lo primero que hizo nuestra fundación fue mandarle un escrito a Juan Manuel Moreno Bonilla planteando la necesidad de poner en marcha un observatorio para, ante una situación nueva, ver carencias y oportunidades. Por ejemplo, ¿por qué depender con las mascarillas de China? Por qué? Puede haber industrias en Andalucia con condiciones inmediatas para dar respuesta a eso... Eso es adelantarse a las cosas, pero parece imposible". Ese anticiparse no casa demasiado con el cortoplacismo más absoluto en el que parecen vivir nuestros gobernantes, ¿no cree? También hay una cuestión fundamental: la carencia de una sociedad civil activa y responsable. La clase política actual es reflejo de esto. Una cosa es que haya cierto movimiento, como lo hubo a nivel ecologista desde los años 80, cuando nació el Pacto Andaluz por la Naturaleza, pero se ha visto que se aprueban las cosas y no se vuelven a debatir. Si la sociedad te marca el camino, te obliga; pero si la sociedad se entretiene en tonterías… Se ha aprobado el plan de reconstrucción de Andalucía sin PSOE, ni Adelante. Nos enfrentamos a la peor crisis que hemos conocido sin un amplio consenso político. Se trata de sumar y esto nos va a costar muchísimo porque tenemos que movilizar a la sociedad, y estos temas no se debaten. Y transparencia no hay: ¿se está destinando de verdad el dinero que llega a sanidad y educación? Aquí se demuestra si hay gobernanza o lo que se hace es defender ciertos intereses.

Nos enfrentamos a la peor crisis que hemos conocido sin un amplio consenso político

Usted con 10 años montó una asociación infantil en su pueblo. Ahora ha logrado multitud de adhesiones a una figura que vele por las futuras generaciones, ¿era cerrar el círculo? Hemos llegado a esta conclusión a partir de la experiencia del día a día. Muchas personas mayores me han transmitido que por lo que ellos han luchado era porque sus nietos estuvieran mejor de lo que ellos habían estado, ni siquiera me hablaban de sus hijos. Estamos en una situación donde, probablemente, nuestros nietos vivan peor que nuestros hijos. La obsesión por comprar, por el consumo, lleva a vivir solo en el día a día, sin sentar las bases para los que vienen detrás. Hay que tomar decisiones a partir del debate y viendo cómo afectarán a las sextas o séptimas generaciones. En una conferencia de Federico Mayor Zaragoza en la Fundación Savia salió este tema y era cierto, no se tiene en cuenta la vida mucho más allá de nosotros. Le escribimos a la ONU y nos envió un escrito aplaudiendo la iniciativa. Hemos intentado hacerlo desde abajo hacia arriba, con los ayuntamientos de todo signo como los más representativos. Hoy tenemos 255 ayuntamientos, las 8 diputaciones, varias universidades, no sé cuántos colectivos, y adhesiones personales.

Sevilla se gasta unos 100 millones cada año en el capítulo de limpieza y cada día está más sucia. No es un problema de dinero, es de concienciación

¿Qué objetivos concretos perseguirá esta institución? Planteamos sentar unas bases para que haya una institución para que ciertos temas pasen por su criterio y aportación. Se ha hablado mucho de la vuelta al cole, pero luego ves las aglomeraciones en las plazas o en las playas… hay una continua incongruencia de las exigencias cuando después el comportamiento no va por ahí. El presupuesto más importante de Salud va a combatir las enfermedades como consecuencia de la mala alimentación, hay que tener conciencia de eso. La idea es que el dictamen de esta institución tenga peso y pueda frenar ciertas prácticas. Planteamos cuatro instituciones: a nivel mundial, estatal, regional y local. ¿La pandemia no tiene que ver con el cambio climático? No se puede seguir improvisando con todo esto. Antes los pueblos tenían las calles limpias porque había una mentalidad de que las puertas de las casas había que limpiarlas todos los días entre todos. Sevilla se gasta unos 100 millones cada año en el capítulo de limpieza y cada día está más sucia. No es un problema de dinero, es de compromiso, actitudes, concienciación. Hace falta un sentido de la responsabilidad desde abajo. Yo limpio la puerta de mi casa y riego el árbol que hay en mi acera. Casero, acompañando a un grupo intergeneracional de pastores. ¿Sigue creyendo en las utopías? Una persona que no es capaz de concebir una utopía es que su vida tiene poco sentido. Cuando uno es niño se enamora de una niña y su sueño es estar con ella, o cuando quieres estudiar, o progresar, o hacer esto o lo otro… es algo que debe ser siempre desarrollado porque es fundamental para vivir... Otra cosa es que se consiga… Es otro tema distinto. Pero yo hago mi parte. Si yo hago mi parte será más posible. Lo que no podemos es hacer lo contrario, que te lleva a la desconfianza, al fundamentalismo y a pensar que la vida no vale absolutamente nada. Y acabas siendo un amargado.

En el acuerdo de PP, Cs y Vox en Andalucía el tema rural aparece de pasada. Si los toros y la caza son el mundo rural están a años luz de lo que es la realidad

Un murciélago en un mercado a miles de kilómetros de aquí ha trastornado el modo de vida que llevábamos, ¿la sociedad actual lleva demasiado tiempo infravalorando el poder de la naturaleza? Venimos diciendo mucho eso desde hace mucho tiempo. Me ha sorprendido en todo este tiempo que no han tenido en cuenta en los comités científicos al gremio de los veterinarios. Ellos tienen una gran experiencia y se les ha dejado fuera. Me preocupa que en Centro Europa ya está otra vez la peste porcina, eso está a la vuelta de la esquina y nos puede crear un problema tremendo, un golpe muy duro cuando la cabaña porcina nuestra es tan grande. Lo que no podemos es ir siempre por detrás, las medidas preventivas son fundamentales en todo. Eso significa que si defiendes la atención primaria, la educación o la alimentación, tendrás una sociedad mejor para compartir cualquier cosa que te venga encima. ¿Se cree eso que la Junta está llamando una revolución verde para Andalucía? ¿No hay muchas contradicciones entre lo que se anuncia y lo que luego se publica en el BOJA? Cuando hablan de revolución verde, ¿de qué hablan? Ese concepto es de los años 60 y han venido desde entonces muchos problemas para la humanidad. En Andalucía cada vez cuesta más encontrar un pozo que no esté contaminado. Cuando era niño, salíamos siempre al campo y bebía en cualquier charca, cualquier pozo o arroyo, hoy ya no es posible. Y han pasado menos de 70 años. En tan poco tiempo significa que esa revolución verde no funcionó. ¿En qué se ha concretado? ¿En anunciar que se van a poner un millón de plantas en la autovía Sevilla-Granada y no hacerlo? Eso es no tener ni puñetera idea. ¿Por qué no se revisa ya el Plan Andaluz Forestal? No interesa, solo se venden titulares. Ni tan siquiera tienen la voluntad de hacer participar a la sociedad civil. Si hablamos del mundo rural, preguntamos por qué no se responde sobre los planes supuestos de despoblación. En el acuerdo de PP, Cs y Vox en Andalucía el tema rural aparece de pasada. Si los toros y la caza son el mundo rural están a años luz de lo que es la realidad. Casero, junto al gran vertedero sellado en Montequinto, Sevilla. ¿La nueva PAC será más de lo mismo? Quieren que sea más de lo mismo. Es asombroso, y me da tristeza, que las organizaciones agrarias estén defendiendo que no se cambie nada. Hay un proyecto planteado por la Comisión Europea, De la granja a la mesa, que tiene en cuenta hacia dónde tenemos que ir. Por primera vez hay un ministro que empieza a hablar en un lenguaje distinto. España tiene una división territorial en 50 regiones para recibir las ayudas, pero hay unas diferencias tremendas entre unas zonas y otras. Las que más apoyo necesitan son las que menos reciben. Madrid tiene 102 explotaciones y tiene 10.820 solicitudes de PAC que se llevan más de 206 millones, ¿hay que seguir así? Realmente es sorprendente y hemos planteado nuestra opinión en todas las instancias. Hay que luchar por recibir el máximo dinero, pero la distribución del dinero no puede seguir siendo la misma. Tenemos en Andalucía olivares que cobran 140 euros por hectárea y otros olivares que cobran más de 2.000 euros por hectárea. ¿Eso es lo que queremos que siga así, que en las zonas más desfavorecidas la gente se vaya...?

La pérdida de tiempo en debates estériles que no sirven absolutamente para nada de nuestros políticos es la demostración de una gente muy mediocre

A los casi 45 años de la fundación, de su mano, del Sindicato Obrero del Campo, ¿no tiene a veces la sensación de que las reivindicaciones siguen siendo muy parecidas? Es cierto que ha habido cambios e importantes. Uno, que ha vivido en los 50, 60 y 70, sabe que esto ha cambiado bastante. Pero la cuestión es la brecha que existe entre los territorios. Hay que compensar al mundo rural por lo mucho que nos da, no puede ser simplemente un recreo de fin de semana, es la garantía de mantenimiento de todo nuestro sistema agraria, ganadero y, por tanto, medioambiental, y hay que cambiar la mentalidad. Nadie pensaba en las contradicciones en las que ha entrado la humanidad. La diferencia entre ricos y pobres ha aumentado. Pero yo participo en una sociedad de cambio, activa y de buena gente y buen talante, aunque la negatividad es de tal magnitud… ¿Se está perdiendo un tiempo precioso con tanta bronca política? La pérdida de tiempo en debates estériles que no sirven absolutamente para nada de nuestros políticos es la demostración de una gente muy mediocre. Que la sociedad civil no esté a la altura que le corresponde da esa mediocridad. De tantos millones como da Europa, la mitad es en proyectos. ¿Estamos trabajando y movilizando al sector público y privado para trabajar en esos proyectos o iremos a remolque y se los llevarán otros con intereses lejanos a quienes más los necesitan? ¿Estamos preparando a nuestros estudiantes para la sociedad que tendremos dentro de veinte años? No es lo mismo saberse todos los ríos de Andalucía que saber para qué sirve un río. Es fundamental demostrar que es posible. Cuando el referéndum de autonomía de Andalucía no teníamos dinero, pero fuimos de pueblo en pueblo con nuestras banderas. No es un problema de dinero, es de ilusión, de transmitir y de ir por delante. Se mueven 98.000 millones de euros en consumo de productos ecológicos… ¿cuánto supone desde el punto de vista de la salud de las personas? Eso es hablar de economía y resultados, no de ficción; y las empresas ecológicas son más viables, aportan mucho más y no dependen de accionistas con intereses en otros niveles. ¿Qué camino hay que tomar para transformar de verdad las cosas? Desde luego, viviendo de elecciones en elecciones es imposible transformar nada. Nos tiramos dos años que no se enteran y otros dos años que preparan las elecciones siguientes. ¿Quién asume responsabilidades? ¿Quién trabaja aquí por mis tres nietos? ¿Quién se interesa? ¿La pandemia ha devuelto una mirada hacia lo rural, hacia el campo, podría ser algo positivo en toda esta tragedia? Sin duda hay una parte positiva, pero también una parte de mucho interrogante. Está claro que el sector agroalimentario ha sabido responder, pero no sé si hemos tomado suficiente conciencia de la importancia de las tiendas de los barrios o ahora les abandonamos otra vez por las grandes superficies. ¿Se está potenciando el consumo de cercanía? Se lo hemos planteado al Gobierno andaluz y ni siquiera responde. El Gobierno andaluz se gasta cada año miles de millones de euros en alimentación, ya sea en los hospitales o en la enseñanza, ¿por qué no gasta ese dinero en las empresas de cercanía? Hay otra cuestión, que se está viendo el mundo rural desde el punto de vista egoísta. Me voy ahí porque tengo un problema en la ciudad. ¿De verdad vamos a instalarnos a hacer vida en el mundo rural? No es lo mismo. Me da miedo que el mundo rural esté sirviendo para intereses que no son los del respeto que merece, y para hacerlo dinámico y demostrar que no es necesario vivir en la ciudad. Las ciudades son todo conflictos, cuestan mucho más mantenerlas, crean tensiones sociales a todos los niveles que no ocurren en el mundo rural, donde se puede vivir con mucha dignidad y con otra mentalidad. Pero hacen falta reforzar con estrategia los servicios públicos. 

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