Cristian Domecq, el nómada regresa al origen: "La modestia es la base de todo; para mí solo hay azar"
El pintor jerezano, afincado en Madrid, vuelve a exponer década y media después en su tierra gracias a la Cámara de Comercio. lavozdelsur.es, en la previa de la inauguración, repasa una trayectoria artística de más de medio siglo de pasión por la pintura. "La IA me es indiferente; el autor es lo único que hay"
La calavera de Holbein, el aguacate que resucitó y la modestia de los más grandes
Si la forma es el mensaje y el mundo es la totalidad de los hechos, de cosas en relación, por seguir dos máximas de dos de sus filósofos fetiche, Nietzsche y Wittgenstein, respectivamente, el universo artístico de Cristian Domecq (Jerez, 1951) se basa en una búsqueda en todas direcciones.
Parte del paisaje más próximo y va de la figuración a la abstracción y del retratismo a partir de la anamorfosis al trazo, con el color desde el blanco puro y lo natural por encima de todo. Como en Los embajadores, del alemán Hans Holbein el Joven, uno de los maestros del retrato del siglo XVI, la pintura del artista jerezano posee una suerte de efecto visual. Esa obra es muy conocida como ejemplo de la técnica de anamorfosis, con esa forma extraña en el suelo que resulta ser una calavera. Del mismo modo, sus cuadros exigen separarse de la obra para reinterpretar nuevos sentidos tras un primer impacto que se resume en luz, color y belleza.
Él mismo reconoce que su técnica deriva de aquella calavera, aunque el uso que hace de ella está, dice, "completamente tergiversado". Su deformación nace de la fotografía, que considera "vital", cuando la mira de lado, desde abajo o desde arriba. "Todo puede ser infinito", asegura. Infinitas formas de mirar un mismo cuadro o un mismo elemento dentro del cuadro. Estilización y expresividad en las figuras, en los ángulos y unos paisajes que nos resultan siempre cercanos pero que pueden ser de cualquier parte.
Afincado en Madrid desde que ingresó interno en un colegio a los 11 años ("un año de lágrimas continuas", confiesa), se define como “nómada” y nunca ha perdido de vista su tierra, a la que vuelve “al menos tres veces al año”. Su estudio está metido en un patio hondo por el desnivel de la casa, y desde allí no ve nada. Solo el lienzo. Solo le llegan la luz cenital que entra por una claraboya y la imagen de un aguacate que plantó él mismo. Una planta que se murió y revivió. Una bonita metáfora de un picapedrero del arte, extremadamente tímido y modesto. Sin prisa por llegar, ni interés en vender humo en un mundo convertido en un anuncio permanente, al estilo de El show de Truman, y en una batalla constante de egos.
El caso es que esa luz que entra por su estudio, su refugio, baña su obra como un halo divino, aunque él le quita solemnidad ("hay mucha mitología también en eso") y prefiere hablar de horas de trabajo. Pinta casi a diario, sobre todo por las mañanas, cuando hay más luz. Suma más de medio siglo de creación e investigación desde su primera exposición, en la madrileña Galería Frontera en 1972. Todo arranca en sus garabatos infantiles, en los primeros retratos que recuerda, a los seis años en Jerez, cuando sus primos se quejaban de que no aparcara ni un momento su gran obsesión: dibujar, pintar. En casa tuvo el modelo y el apoyo de su padre, "que dibujaba muy bien", y aquellos primeros retratos siguen colgados en la casa familiar.
Cristian Domecq, el pasado jueves durante la inauguración de su exposición en Jerez, entre Carmen de la Calle y Javier Sánchez Rojas.
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MANU GARCÍA
Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, a partir de los 17 años —entre 1967 y 1972—. Atravesó una larga etapa informalista y de abstracción, y ha probado todos los modos (óleo, acrílico, incluso escultura) hasta quedarse con la acuarela, donde "no hay vuelta de hoja" y en la que, sostiene, "solo hay azar". Su gran referente es Miguel Ángel, que asocia a la infancia y al "asombro de la belleza".
Ahora vuelve a exponer en Jerez, donde hacía "un montón" que no colgaba obra, con El regreso. Paisaje con figura, una idea de Carmen de la Calle, comisaria de la muestra que se ha inaugurado esta semana en el Coworking Cultura y Empresa Cámara, de la Cámara de Comercio de Jerez. Fue la curtida marchante y galerista de arte la que eligió casi por completo una veintena de obras producidas aproximadamente desde 2012, y Domecq dejó, "por primera vez" en su vida, que alguien decidiera todo por él ante una muestra tan especial que ha contado, además, con textos del escritor y poeta Francisco Bejarano.
Reflejos de paisajes de la provincia, tanto en las apabullantes nubes que se ven desde la casa de sus padres, en la zona de Mirabal en Jerez; como en un terreno escarpado bajo casas encaladas en Algodonales; un jardín de membrillos; y la pequeña playa junto a Bolonia, camino de Barbate, que protagoniza el cartel. En ellos la figura humana es apenas "una presencia para la proporción con respecto al paisaje".
Y también están sus retratos: vivos, cálidos, familiares, coloridos, detallistas, expresivos. Teselas que conforman el mosaico de un artista difícilmente encasillable, que pasó de representar a la nueva figuración a adentrarse en la abstracción, que ha protagonizado numerosas exposiciones dentro y fuera de las fronteras españolas, y algunas de cuyas obras están en colecciones privadas y públicas como el Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía, The Woodward Collection en Washington D. C., la Biblioteca Nacional, el Museo Würth en La Rioja, el Espacio de las Artes de Tenerife y la Fundación ICO.
La muestra está organizada por la Cámara de Comercio de Jerez con motivo de su 140 aniversario, y, además del apoyo de la institución que preside Javier Sánchez Rojas, cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de Jerez a través del Plan Estratégico de Subvenciones 2024–2026. Desde el acceso al Palacio de Borghetto, en el Mamelón, hasta el primer espacio interior de la casa palaciega, las obras de Cristian Domecq se han apoderado con toda su fuerza, luz y color de este espacio feliz rehabilitado para las artes y los creadores contemporáneos.
Pregunta. ¿Por qué 'El Regreso', por aquello de volver a exponer en 'casa' década y media después, por lo de regresar a las raíces…?
Respuesta. Curiosamente, lo de El Regreso es una idea de Carmen (de la Calle). ¿Por qué no…? Miro hacia atrás muchas veces en mi vida.
P. ¿Y qué ve?
R. Desde cada perspectiva se ve algo diferente.
Cristian Domecq, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿El paso del tiempo le ha provocado más desarraigo o, al revés, más ganas de reencontrarse con su tierra? ¿Cómo funciona eso en la mente del artista?
R. Es que nunca he perdido de vista mi tierra. Porque yo me fui cuando tenía 11 años, interno al colegio, y he vivido en Madrid desde entonces, pero siempre, por lo menos tres veces al año, he venido. Entonces, el contacto es continuo. Resido en Madrid, pero soy nómada.
P. Normalmente se le encuentra en Madrid.
R. Sí. Es como el estudio, digamos, que tiene todo lo más necesario.
"Nunca he perdido de vista mi tierra; el contacto es continuo"
P. ¿Qué ve desde su estudio?
R. En realidad, estoy metido en un patio como un poco hondo, porque la casa está en una zona un poquito de desnivel. O sea, que lo que veo es mucha luz que me viene de una claraboya. Pero no veo nada. Un patinillo con un aguacate que planté yo, que sobrevivió a un mal momento. Se murió y revivió.
P. Resurgió.
R. Pero está increíble. No sé cómo acabará eso…
P. ¿Cuánto le dedica a la pintura?
R. Yo puedo pasar muchas horas…
P.¿Muchas horas?
R. Muchas horas. A lo mejor todo un día, pero no siempre. Suelen ser las mañanas porque, sobre todo, en invierno es cuando hay más luz. Por las tardes ya no hay. Y en verano, lo que hago es más bien huir del calor espantoso que tenemos.
Otro momento de la entrevista.
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JUAN CARLOS TORO
P. Ese subtítulo de la exposición, ese ‘Paisaje con figura’, se refleja en un cartel donde las personas son mínimas. ¿Cómo decide que el paisaje sea protagonista?
R. Es que la figura es un mínimo, no necesariamente es una figura completa. Es como una presencia para la proporción con respecto al paisaje.
P. O sea, ¿el paisaje siempre se le mete antes por los ojos?
R. No, no siempre. Ahí (señala uno de los cuadros) son figuras… son acuarelas y están completamente dibujas encimas, están ocultas.
P. Hablamos de una muestra con unas veinte obras y producidas, aproximadamente, desde 2012.
R. Son unas 20 obras, sí, pero no tengo memoria exacta de la fecha.
P. ¿Y la selección? ¿Cómo la ha hecho?
R. La selección, pues... Carmen es maestra en ese tema. Entonces yo... Por supuesto, es un diálogo, pero... ella ha decidido.
P. ¿Se ha dejado usted llevar?
R. Totalmente.
P. ¿Lo hace así a menudo, se deja comisariar?
R. Normalmente, no. Aportaría una serie de obras y tal, pero es que en esta ocasión ella se vino para acá a la vez que el camión venía lleno con toda la obra y entonces decidió casi todo. Por primera vez en mi vida, ¿eh?. Que alguien decida todo por mí era la primera vez.
Apuesta de la Cámara de Comercio de Jerez por las artes y la cultura: "Estoy asombrado, sinceramente. Creo que ese mecenazgo no es muy frecuente en esta ciudad"
P. ¿Y eso es por la confianza en Carmen de la Calle?
R. Sin duda. Tiene una total comprensión, empatía.
P. ¿Qué significa volver a colgar obras de Cristian Domecq en Jerez?
R. Sinceramente, me alegro mucho y lo agradezco muchísimo tener una exposición. Pero como este pueblo para mí es tan habitual, porque soy de aquí, y lo visito con tanta frecuencia, pues es como si fuera un hábito.
P. Un espacio empresarial que acoge arte en Jerez. Es una iniciativa, sin duda, importante, ¿no? La iniciativa privada también tiene mucho que decir en la cultura y en el arte, ¿no?
R. Es muy importante. Es una novedad. En la ciudad lo es, desde luego. Estoy asombrado, sinceramente. Creo que ese mecenazgo no es muy frecuente.
P. ¿Cuál es su opinión a nivel general de cómo está la situación en el mundo del arte en España?
R. No tengo una visión muy clara de cómo está el arte. No sé si será la edad, pero hay una cierta nebulosa de un tiempo a esta parte, por mi parte.
Cristian Domecq, ante dos de sus obras expuestas en el Coworking Cultura y Comercio Cámara.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Qué recuerda de aquel joven pintor, de aquellos inicios?
R. Es que mis inicios son en la infancia. Tuve la suerte de que mi padre también dibujaba. Entonces, me apoyó siempre. Y tuve esa gran suerte.
P. ¿Recuerda aquellos primeros dibujos, los guarda?
R. Sin duda. Los hay colgados en casa de mis padres.
P. ¿De qué eran? ¿Qué pintaba?
R. Son retratos.
P. ¿Retratos?
R. Son dibujos de figuras, siempre.
P. Las figuras antes que el paisaje.
R. Tuve una fase de arte informalista durante años.
Cristian Domecq desvelando una de sus obras expuestas, un par de días antes de la inauguración.
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JUAN CARLOS TORO
P. Después derivó también a la abstracción, ¿no?
R. Claro.
P. ¿Qué le llevó a eso?
R. Fue una necesidad, siempre está la parte experimental de descubrir nuevas cosas. Entonces, eso fue una fase que necesité.
P. ¿De alguna manera uno se hace pintor porque siente esa llamada del arte? ¿Es una cosa que sale de manera natural? ¿Cuándo decide usted que quiere ser pintor, que quiere dedicarse al arte?
R. Como te digo, tenía un modelo que era mi padre, que dibujaba muy bien. Entonces, ese fenómeno me puso muy... me despertó desde muy pronto seguir con eso. Recuerdo, por ejemplo, quejas de mis primos porque yo estaba dibujando y ellos, a su aire, ¿no? Era tal la pasión que era lo más importante siempre en mi vida.
P. Ni el juego le llamaba la atención, solo pintar.
R. Sin duda, era el centro de mi vida.
P. Se forma en Madrid, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. ¿Qué recuerda de aquella época?
R. La Escuela de San Fernando fue después del bachillerato. Lo primero fue terrible. A los 11 años, que te separen de tus padres, pues es muy duro. Fue un año de lágrimas continuas. Pero bueno, luego fue fenomenal y una maravilla; una suerte haberme podido soltar desde tan pronto. Estudié en un colegio interno durante todo el bachillerato y después, a partir de los 17, en Bellas Artes, San Fernando.
P. Y la primera exposición, en Madrid, en Galería Frontera en el año 72.
R. Ya ha llovido. Ya ha llovido.
P. Supongo que será inolvidable.
R. Sí, sí, sí. Era de Agustín Rodríguez Sahagún, que luego fue alcalde de Madrid. En aquella época tenía una galería y me hizo mi primera exposición.
P. De la primera a la última han pasado unas cuantas décadas.
R. Imagínate.
P. ¿Qué ha cambiado más, su pintura o usted?
R. Pues yo creo que tiene todo que ver. Van de la mano. La evolución es el corazón. O sea, quiero decir, es algo que nace. No hay un plan. Es un poco un accidente. Un ensayo, vivir.
P. ¿La acuarela por encima de todo?
R. No, no, no. Siempre no. No, no. Incluso la escultura. O sea, todos los modos los he experimentado. Lo que pasa es que al final quedó la acuarela. Era como la definitiva. Pero he hecho acrílico, óleo, durante muchísimo tiempo.
P. ¿Y por algo en especial? La acuarela admite menos error que el resto de técnicas, ¿no?
R. La acuarela ya sabes qué es. No hay vuelta de hoja.
P. Eso es.
R. Una decisión y puro experimento.
Trayectoria: "Hay un querer evolucionar y conseguir cosas, pero el azar manda"
P. De alguna manera, es la instantánea en la pintura.
R. Un poco, sí.
P. Y eso también es un poco capturar, cuando hace un retrato, cuando hace un paisaje, esa alma también. No sé, esas nubes, por ejemplo, de la entrada: ahí hay una fuerza del primer impacto…
R. Es lo que uno va descubriendo. Para mí solo hay azar.
P. ¿Solo hay azar?
R. Sí, quiero decir, hay un querer evolucionar y conseguir cosas, pero el azar manda.
"La Inteligencia Artificial me es indiferente. Absolutamente. No me aporta nada; su base es la copia; el autor es lo único que hay"
P. Estos paisajes que vemos, ¿parten simplemente de la observación, de fotografía, de...?
R. Por supuesto, las fotos son vitales. Las uso continuamente.
Cristian Domecq posa tras la entrevista con lavozdelsur.es.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Y, al hilo de esto y al hilo de la evolución también de estos años, en la digitalización, ahora la Inteligencia Artificial, cómo ve la IA en relación a las artes, a las artes plásticas, a la pintura?
R. La Inteligencia Artificial me es indiferente. Absolutamente. No me aporta nada. Me impresiona la eficacia, pero no me interesa.
P. ¿Cree que puede, de alguna manera, suplir en algún momento la emoción, la creatividad humana, o simplemente será como, en otros momentos de la historia de la humanidad, cuando han llegado estos avances que parecían tan apocalípticos? La propia pintura, cuando surge la fotografía, también se reinventa, empiezan otros caminos, otras exploraciones y el autor siempre queda.
R. Yo creo que el autor es lo único que hay. La Inteligencia Artificial es como neutra. Puede imitar, pero imaginar…, no lo sé. Sé que puede hacer textos y no sé qué, pero es siempre la copia. El origen del tema siempre es la copia. Creo.
P. ¿Quiénes han sido sus referentes en la pintura, en el arte en general?
R. Es que hay tantos…
P. Pero desde que empieza, por ejemplo, al principio, ¿quién le llamaba más la atención?
R. Desde luego, Miguel Ángel.
P. A partir de ahí...
R. Sí, sí. Fue en la infancia, el asombro de la belleza.
Vida social vinculada al mundo del arte: "No me divierte, me es indiferente; me interesa el arte y las personas"
P. ¿Se han cometido muchas barbaridades en nombre del arte y de la falsa vanguardia?
R. No sé. Yo creo que, por ejemplo, para mí la modestia es la base de todo. No soporto lo que no sea hecho desde el punto de vista modesto. Lo que hagas es siempre un experimento.
P. Y la humildad y mantener a raya el ego, que en este mundillo hay mucho de eso, ¿no?
R. Desde luego.
P. ¿Se ha intentado mantener al margen de esa vida social ligada al arte?
R. La verdad es que tengo que decir que no me divierte. Me es indiferente. Me interesa el arte y las personas.
P. El apellido Domecq en Jerez remite inevitablemente al vino, a las bodegas. ¿Le ha pesado o le ha abierto más puertas en el mundo del arte?
R. Pues quién lo sabe. Realmente es muy difícil saberlo. No sé. Solo puedo estar agradecido al apoyo que he recibido, y a que he podido hacer lo que quería. Y centrarme en lo que verdaderamente siempre me ha gustado.
P. En Madrid hay buenos atardeceres, pero la luz de Cádiz siempre es especial, ¿no?
R. Bueno, ese cuadro, el de las nubes, ese es aquí en Jerez, una parte que se ve desde la casa de ms padres hacia una zona a medio construir… La luz es continuamente cambiante. Estoy de acuerdo en que es muy especial la luz por aquí, pero la luz está en perpetuo cambio.
"Si he sentido el duende pintando ha sido a posteriori, no aspiro a tanto"
P. ¿Pintar, de alguna manera, es un acto de fe?
R. Es una pasión. No sabría decir... No sé si digo algo en concreto, estoy experimentando, estoy buscando.
P. ¿Ha sentido alguna vez pintando eso que en el flamenco llaman el duende?
R. Siempre a posteriori.
P. ¿A posteriori, no ha habido nunca un momento ahí de especial inspiración…?
R. Sí. No aspiro a tanto…
P. Esta muestra recoge una pequeña parte de su trabajo, pero resume bien una trayectoria muy heterogénea. ¿Cómo le gustaría que saliera alguien tras ver esta exposición? ¿O cómo le gustaría, al menos, que se acercara a sus cuadros?
R. Cuando pienso en lo que siente cada individuo, sé que es diferente. Entonces, no puedo imaginarme una manera de percibir las cosas. Yo espero que guste y punto. O sea, más detalle no pretendo.
P. ¿En qué está trabajando ahora? ¿Tiene algún proyecto entre manos o, sencillamente, seguir pintando?
R. Sí, seguir pintando, sin duda. Es lo de siempre.
"La búsqueda es siempre lo que lo origina todo"
P. Lo de siempre. Y hasta el final.
R. Sí, sí.
P. ¿Es imposible imaginar su vida sin pintar, sin dibujar?
P. ¿Hay algún cuadro suyo más especial, al que siempre regresa?
R. Es que no hay un máximo. Es siempre la búsqueda lo que lo origina todo.
P. El viaje y el regreso, y de nuevo otra vez partir, ¿no?
R. Sí.
P. Ulises.
R. Un poco, sí. El nomadismo.
La exposición puede visitarse en el Coworking Cultura y Empresa Cámara, en el número 15 de la calle Sevilla de Jerez, de lunes a viernes, en horario de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas. La entrada es libre hasta completar aforo y la muestra permanecerá abierta hasta el 5 de diciembre.
La calavera de Holbein, el aguacate que resucitó y la modestia de los más grandes
Si la forma es el mensaje y el mundo es la totalidad de los hechos, de cosas en relación, por seguir dos máximas de dos de sus filósofos fetiche, Nietzsche y Wittgenstein, respectivamente, el universo artístico de Cristian Domecq (Jerez, 1951) se basa en una búsqueda en todas direcciones.
Parte del paisaje más próximo y va de la figuración a la abstracción y del retratismo a partir de la anamorfosis al trazo, con el color desde el blanco puro y lo natural por encima de todo. Como en Los embajadores, del alemán Hans Holbein el Joven, uno de los maestros del retrato del siglo XVI, la pintura del artista jerezano posee una suerte de efecto visual. Esa obra es muy conocida como ejemplo de la técnica de anamorfosis, con esa forma extraña en el suelo que resulta ser una calavera. Del mismo modo, sus cuadros exigen separarse de la obra para reinterpretar nuevos sentidos tras un primer impacto que se resume en luz, color y belleza.
Él mismo reconoce que su técnica deriva de aquella calavera, aunque el uso que hace de ella está, dice, "completamente tergiversado". Su deformación nace de la fotografía, que considera "vital", cuando la mira de lado, desde abajo o desde arriba. "Todo puede ser infinito", asegura. Infinitas formas de mirar un mismo cuadro o un mismo elemento dentro del cuadro. Estilización y expresividad en las figuras, en los ángulos y unos paisajes que nos resultan siempre cercanos pero que pueden ser de cualquier parte.
Afincado en Madrid desde que ingresó interno en un colegio a los 11 años ("un año de lágrimas continuas", confiesa), se define como “nómada” y nunca ha perdido de vista su tierra, a la que vuelve “al menos tres veces al año”. Su estudio está metido en un patio hondo por el desnivel de la casa, y desde allí no ve nada. Solo el lienzo. Solo le llegan la luz cenital que entra por una claraboya y la imagen de un aguacate que plantó él mismo. Una planta que se murió y revivió. Una bonita metáfora de un picapedrero del arte, extremadamente tímido y modesto. Sin prisa por llegar, ni interés en vender humo en un mundo convertido en un anuncio permanente, al estilo de El show de Truman, y en una batalla constante de egos.
El caso es que esa luz que entra por su estudio, su refugio, baña su obra como un halo divino, aunque él le quita solemnidad ("hay mucha mitología también en eso") y prefiere hablar de horas de trabajo. Pinta casi a diario, sobre todo por las mañanas, cuando hay más luz. Suma más de medio siglo de creación e investigación desde su primera exposición, en la madrileña Galería Frontera en 1972. Todo arranca en sus garabatos infantiles, en los primeros retratos que recuerda, a los seis años en Jerez, cuando sus primos se quejaban de que no aparcara ni un momento su gran obsesión: dibujar, pintar. En casa tuvo el modelo y el apoyo de su padre, "que dibujaba muy bien", y aquellos primeros retratos siguen colgados en la casa familiar.
Cristian Domecq, el pasado jueves durante la inauguración de su exposición en Jerez, entre Carmen de la Calle y Javier Sánchez Rojas.
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MANU GARCÍA
Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, a partir de los 17 años —entre 1967 y 1972—. Atravesó una larga etapa informalista y de abstracción, y ha probado todos los modos (óleo, acrílico, incluso escultura) hasta quedarse con la acuarela, donde "no hay vuelta de hoja" y en la que, sostiene, "solo hay azar". Su gran referente es Miguel Ángel, que asocia a la infancia y al "asombro de la belleza".
Ahora vuelve a exponer en Jerez, donde hacía "un montón" que no colgaba obra, con El regreso. Paisaje con figura, una idea de Carmen de la Calle, comisaria de la muestra que se ha inaugurado esta semana en el Coworking Cultura y Empresa Cámara, de la Cámara de Comercio de Jerez. Fue la curtida marchante y galerista de arte la que eligió casi por completo una veintena de obras producidas aproximadamente desde 2012, y Domecq dejó, "por primera vez" en su vida, que alguien decidiera todo por él ante una muestra tan especial que ha contado, además, con textos del escritor y poeta Francisco Bejarano.
Reflejos de paisajes de la provincia, tanto en las apabullantes nubes que se ven desde la casa de sus padres, en la zona de Mirabal en Jerez; como en un terreno escarpado bajo casas encaladas en Algodonales; un jardín de membrillos; y la pequeña playa junto a Bolonia, camino de Barbate, que protagoniza el cartel. En ellos la figura humana es apenas "una presencia para la proporción con respecto al paisaje".
Y también están sus retratos: vivos, cálidos, familiares, coloridos, detallistas, expresivos. Teselas que conforman el mosaico de un artista difícilmente encasillable, que pasó de representar a la nueva figuración a adentrarse en la abstracción, que ha protagonizado numerosas exposiciones dentro y fuera de las fronteras españolas, y algunas de cuyas obras están en colecciones privadas y públicas como el Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía, The Woodward Collection en Washington D. C., la Biblioteca Nacional, el Museo Würth en La Rioja, el Espacio de las Artes de Tenerife y la Fundación ICO.
La muestra está organizada por la Cámara de Comercio de Jerez con motivo de su 140 aniversario, y, además del apoyo de la institución que preside Javier Sánchez Rojas, cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de Jerez a través del Plan Estratégico de Subvenciones 2024–2026. Desde el acceso al Palacio de Borghetto, en el Mamelón, hasta el primer espacio interior de la casa palaciega, las obras de Cristian Domecq se han apoderado con toda su fuerza, luz y color de este espacio feliz rehabilitado para las artes y los creadores contemporáneos.
Pregunta. ¿Por qué 'El Regreso', por aquello de volver a exponer en 'casa' década y media después, por lo de regresar a las raíces…?
Respuesta. Curiosamente, lo de El Regreso es una idea de Carmen (de la Calle). ¿Por qué no…? Miro hacia atrás muchas veces en mi vida.
P. ¿Y qué ve?
R. Desde cada perspectiva se ve algo diferente.
Cristian Domecq, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿El paso del tiempo le ha provocado más desarraigo o, al revés, más ganas de reencontrarse con su tierra? ¿Cómo funciona eso en la mente del artista?
R. Es que nunca he perdido de vista mi tierra. Porque yo me fui cuando tenía 11 años, interno al colegio, y he vivido en Madrid desde entonces, pero siempre, por lo menos tres veces al año, he venido. Entonces, el contacto es continuo. Resido en Madrid, pero soy nómada.
P. Normalmente se le encuentra en Madrid.
R. Sí. Es como el estudio, digamos, que tiene todo lo más necesario.
"Nunca he perdido de vista mi tierra; el contacto es continuo"
P. ¿Qué ve desde su estudio?
R. En realidad, estoy metido en un patio como un poco hondo, porque la casa está en una zona un poquito de desnivel. O sea, que lo que veo es mucha luz que me viene de una claraboya. Pero no veo nada. Un patinillo con un aguacate que planté yo, que sobrevivió a un mal momento. Se murió y revivió.
P. Resurgió.
R. Pero está increíble. No sé cómo acabará eso…
P. ¿Cuánto le dedica a la pintura?
R. Yo puedo pasar muchas horas…
P.¿Muchas horas?
R. Muchas horas. A lo mejor todo un día, pero no siempre. Suelen ser las mañanas porque, sobre todo, en invierno es cuando hay más luz. Por las tardes ya no hay. Y en verano, lo que hago es más bien huir del calor espantoso que tenemos.
Otro momento de la entrevista.
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JUAN CARLOS TORO
P. Ese subtítulo de la exposición, ese ‘Paisaje con figura’, se refleja en un cartel donde las personas son mínimas. ¿Cómo decide que el paisaje sea protagonista?
R. Es que la figura es un mínimo, no necesariamente es una figura completa. Es como una presencia para la proporción con respecto al paisaje.
P. O sea, ¿el paisaje siempre se le mete antes por los ojos?
R. No, no siempre. Ahí (señala uno de los cuadros) son figuras… son acuarelas y están completamente dibujas encimas, están ocultas.
P. Hablamos de una muestra con unas veinte obras y producidas, aproximadamente, desde 2012.
R. Son unas 20 obras, sí, pero no tengo memoria exacta de la fecha.
P. ¿Y la selección? ¿Cómo la ha hecho?
R. La selección, pues... Carmen es maestra en ese tema. Entonces yo... Por supuesto, es un diálogo, pero... ella ha decidido.
P. ¿Se ha dejado usted llevar?
R. Totalmente.
P. ¿Lo hace así a menudo, se deja comisariar?
R. Normalmente, no. Aportaría una serie de obras y tal, pero es que en esta ocasión ella se vino para acá a la vez que el camión venía lleno con toda la obra y entonces decidió casi todo. Por primera vez en mi vida, ¿eh?. Que alguien decida todo por mí era la primera vez.
Apuesta de la Cámara de Comercio de Jerez por las artes y la cultura: "Estoy asombrado, sinceramente. Creo que ese mecenazgo no es muy frecuente en esta ciudad"
P. ¿Y eso es por la confianza en Carmen de la Calle?
R. Sin duda. Tiene una total comprensión, empatía.
P. ¿Qué significa volver a colgar obras de Cristian Domecq en Jerez?
R. Sinceramente, me alegro mucho y lo agradezco muchísimo tener una exposición. Pero como este pueblo para mí es tan habitual, porque soy de aquí, y lo visito con tanta frecuencia, pues es como si fuera un hábito.
P. Un espacio empresarial que acoge arte en Jerez. Es una iniciativa, sin duda, importante, ¿no? La iniciativa privada también tiene mucho que decir en la cultura y en el arte, ¿no?
R. Es muy importante. Es una novedad. En la ciudad lo es, desde luego. Estoy asombrado, sinceramente. Creo que ese mecenazgo no es muy frecuente.
P. ¿Cuál es su opinión a nivel general de cómo está la situación en el mundo del arte en España?
R. No tengo una visión muy clara de cómo está el arte. No sé si será la edad, pero hay una cierta nebulosa de un tiempo a esta parte, por mi parte.
Cristian Domecq, ante dos de sus obras expuestas en el Coworking Cultura y Comercio Cámara.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Qué recuerda de aquel joven pintor, de aquellos inicios?
R. Es que mis inicios son en la infancia. Tuve la suerte de que mi padre también dibujaba. Entonces, me apoyó siempre. Y tuve esa gran suerte.
P. ¿Recuerda aquellos primeros dibujos, los guarda?
R. Sin duda. Los hay colgados en casa de mis padres.
P. ¿De qué eran? ¿Qué pintaba?
R. Son retratos.
P. ¿Retratos?
R. Son dibujos de figuras, siempre.
P. Las figuras antes que el paisaje.
R. Tuve una fase de arte informalista durante años.
Cristian Domecq desvelando una de sus obras expuestas, un par de días antes de la inauguración.
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JUAN CARLOS TORO
P. Después derivó también a la abstracción, ¿no?
R. Claro.
P. ¿Qué le llevó a eso?
R. Fue una necesidad, siempre está la parte experimental de descubrir nuevas cosas. Entonces, eso fue una fase que necesité.
P. ¿De alguna manera uno se hace pintor porque siente esa llamada del arte? ¿Es una cosa que sale de manera natural? ¿Cuándo decide usted que quiere ser pintor, que quiere dedicarse al arte?
R. Como te digo, tenía un modelo que era mi padre, que dibujaba muy bien. Entonces, ese fenómeno me puso muy... me despertó desde muy pronto seguir con eso. Recuerdo, por ejemplo, quejas de mis primos porque yo estaba dibujando y ellos, a su aire, ¿no? Era tal la pasión que era lo más importante siempre en mi vida.
P. Ni el juego le llamaba la atención, solo pintar.
R. Sin duda, era el centro de mi vida.
P. Se forma en Madrid, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. ¿Qué recuerda de aquella época?
R. La Escuela de San Fernando fue después del bachillerato. Lo primero fue terrible. A los 11 años, que te separen de tus padres, pues es muy duro. Fue un año de lágrimas continuas. Pero bueno, luego fue fenomenal y una maravilla; una suerte haberme podido soltar desde tan pronto. Estudié en un colegio interno durante todo el bachillerato y después, a partir de los 17, en Bellas Artes, San Fernando.
P. Y la primera exposición, en Madrid, en Galería Frontera en el año 72.
R. Ya ha llovido. Ya ha llovido.
P. Supongo que será inolvidable.
R. Sí, sí, sí. Era de Agustín Rodríguez Sahagún, que luego fue alcalde de Madrid. En aquella época tenía una galería y me hizo mi primera exposición.
P. De la primera a la última han pasado unas cuantas décadas.
R. Imagínate.
P. ¿Qué ha cambiado más, su pintura o usted?
R. Pues yo creo que tiene todo que ver. Van de la mano. La evolución es el corazón. O sea, quiero decir, es algo que nace. No hay un plan. Es un poco un accidente. Un ensayo, vivir.
P. ¿La acuarela por encima de todo?
R. No, no, no. Siempre no. No, no. Incluso la escultura. O sea, todos los modos los he experimentado. Lo que pasa es que al final quedó la acuarela. Era como la definitiva. Pero he hecho acrílico, óleo, durante muchísimo tiempo.
P. ¿Y por algo en especial? La acuarela admite menos error que el resto de técnicas, ¿no?
R. La acuarela ya sabes qué es. No hay vuelta de hoja.
P. Eso es.
R. Una decisión y puro experimento.
Trayectoria: "Hay un querer evolucionar y conseguir cosas, pero el azar manda"
P. De alguna manera, es la instantánea en la pintura.
R. Un poco, sí.
P. Y eso también es un poco capturar, cuando hace un retrato, cuando hace un paisaje, esa alma también. No sé, esas nubes, por ejemplo, de la entrada: ahí hay una fuerza del primer impacto…
R. Es lo que uno va descubriendo. Para mí solo hay azar.
P. ¿Solo hay azar?
R. Sí, quiero decir, hay un querer evolucionar y conseguir cosas, pero el azar manda.
"La Inteligencia Artificial me es indiferente. Absolutamente. No me aporta nada; su base es la copia; el autor es lo único que hay"
P. Estos paisajes que vemos, ¿parten simplemente de la observación, de fotografía, de...?
R. Por supuesto, las fotos son vitales. Las uso continuamente.
Cristian Domecq posa tras la entrevista con lavozdelsur.es.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Y, al hilo de esto y al hilo de la evolución también de estos años, en la digitalización, ahora la Inteligencia Artificial, cómo ve la IA en relación a las artes, a las artes plásticas, a la pintura?
R. La Inteligencia Artificial me es indiferente. Absolutamente. No me aporta nada. Me impresiona la eficacia, pero no me interesa.
P. ¿Cree que puede, de alguna manera, suplir en algún momento la emoción, la creatividad humana, o simplemente será como, en otros momentos de la historia de la humanidad, cuando han llegado estos avances que parecían tan apocalípticos? La propia pintura, cuando surge la fotografía, también se reinventa, empiezan otros caminos, otras exploraciones y el autor siempre queda.
R. Yo creo que el autor es lo único que hay. La Inteligencia Artificial es como neutra. Puede imitar, pero imaginar…, no lo sé. Sé que puede hacer textos y no sé qué, pero es siempre la copia. El origen del tema siempre es la copia. Creo.
P. ¿Quiénes han sido sus referentes en la pintura, en el arte en general?
R. Es que hay tantos…
P. Pero desde que empieza, por ejemplo, al principio, ¿quién le llamaba más la atención?
R. Desde luego, Miguel Ángel.
P. A partir de ahí...
R. Sí, sí. Fue en la infancia, el asombro de la belleza.
Vida social vinculada al mundo del arte: "No me divierte, me es indiferente; me interesa el arte y las personas"
P. ¿Se han cometido muchas barbaridades en nombre del arte y de la falsa vanguardia?
R. No sé. Yo creo que, por ejemplo, para mí la modestia es la base de todo. No soporto lo que no sea hecho desde el punto de vista modesto. Lo que hagas es siempre un experimento.
P. Y la humildad y mantener a raya el ego, que en este mundillo hay mucho de eso, ¿no?
R. Desde luego.
P. ¿Se ha intentado mantener al margen de esa vida social ligada al arte?
R. La verdad es que tengo que decir que no me divierte. Me es indiferente. Me interesa el arte y las personas.
P. El apellido Domecq en Jerez remite inevitablemente al vino, a las bodegas. ¿Le ha pesado o le ha abierto más puertas en el mundo del arte?
R. Pues quién lo sabe. Realmente es muy difícil saberlo. No sé. Solo puedo estar agradecido al apoyo que he recibido, y a que he podido hacer lo que quería. Y centrarme en lo que verdaderamente siempre me ha gustado.
P. En Madrid hay buenos atardeceres, pero la luz de Cádiz siempre es especial, ¿no?
R. Bueno, ese cuadro, el de las nubes, ese es aquí en Jerez, una parte que se ve desde la casa de ms padres hacia una zona a medio construir… La luz es continuamente cambiante. Estoy de acuerdo en que es muy especial la luz por aquí, pero la luz está en perpetuo cambio.
"Si he sentido el duende pintando ha sido a posteriori, no aspiro a tanto"
P. ¿Pintar, de alguna manera, es un acto de fe?
R. Es una pasión. No sabría decir... No sé si digo algo en concreto, estoy experimentando, estoy buscando.
P. ¿Ha sentido alguna vez pintando eso que en el flamenco llaman el duende?
R. Siempre a posteriori.
P. ¿A posteriori, no ha habido nunca un momento ahí de especial inspiración…?
R. Sí. No aspiro a tanto…
P. Esta muestra recoge una pequeña parte de su trabajo, pero resume bien una trayectoria muy heterogénea. ¿Cómo le gustaría que saliera alguien tras ver esta exposición? ¿O cómo le gustaría, al menos, que se acercara a sus cuadros?
R. Cuando pienso en lo que siente cada individuo, sé que es diferente. Entonces, no puedo imaginarme una manera de percibir las cosas. Yo espero que guste y punto. O sea, más detalle no pretendo.
P. ¿En qué está trabajando ahora? ¿Tiene algún proyecto entre manos o, sencillamente, seguir pintando?
R. Sí, seguir pintando, sin duda. Es lo de siempre.
"La búsqueda es siempre lo que lo origina todo"
P. Lo de siempre. Y hasta el final.
R. Sí, sí.
P. ¿Es imposible imaginar su vida sin pintar, sin dibujar?
P. ¿Hay algún cuadro suyo más especial, al que siempre regresa?
R. Es que no hay un máximo. Es siempre la búsqueda lo que lo origina todo.
P. El viaje y el regreso, y de nuevo otra vez partir, ¿no?
R. Sí.
P. Ulises.
R. Un poco, sí. El nomadismo.
La exposición puede visitarse en el Coworking Cultura y Empresa Cámara, en el número 15 de la calle Sevilla de Jerez, de lunes a viernes, en horario de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas. La entrada es libre hasta completar aforo y la muestra permanecerá abierta hasta el 5 de diciembre.
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