La protectora del mar
Carmen Morales Caselles nació en Madrid (1980) por circunstancias laborales, porque su padre encontró trabajo en la capital, pero su familia es originaria de Cartagena. Desde pequeña estuvo muy ligada al mar, pasaba los veranos en la playa, así que en cuanto pudo se trasladó a una ciudad costera.
En Cádiz estudió Ciencias del Mar, y luego cursó un doctorado especializado en contaminación marina y ecotoxicología, trabajó en Italia, Reino Unido, Portugal, Uruguay, Francia o Canadá. Durante su etapa francesa, en París, trabajó como consultora en la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco, donde participó activamente en la coordinación de un proyecto de Gestión Integrada de Áreas Costeras sobre indicadores en América Latina y otras iniciativas de la ONU.
Luego pasó varios años en Canadá, donde trabajó en la implementación del proyecto PollutionTracker, un programa de monitoreo para evaluar la presencia de contaminantes en sedimentos y sus efectos en los organismos marinos, antes de volver al origen, a su origen.
Ahora, Morales trabaja como profesora asociada en la Universidad de Cádiz, en el Instituto Universitario de Investigación Marina (Inmar) del campus de Puerto Real, desde donde investiga el impacto, ambiental y humano, de los microplásticos. La cuarta de cinco hermanos, nacidos entre Cartagena y Madrid, desde muy pequeña tuvo claro que quería dedicar su vida profesional a la protección del medio ambiente. Una labor por la que fue reconocida con la Medalla de Andalucía 2025 al Mérito Medioambiental.
R. Desde pequeña lo tenía muy claro, lo llevaba en las venas. Era una ávida lectora, coleccionaba las revistas de National Geographic y seguía a Félix Rodríguez de la Fuente, a David Attenborough o a Jacques Cousteau. Sabía que quería trabajar protegiendo la naturaleza, aunque no tenía claro cómo iba a hacerlo. Pensaba que quizá sería escribiendo. Pero cuando supe que existía la carrera de Ciencias del Mar entendí que lo reunía todo. No tuve dudas.

R. Un microplástico es un fragmento de plástico de entre uno y cinco milímetros que suele proceder de objetos más grandes que se degradan con el tiempo y se fragmentan en trozos cada vez más pequeños. Además, existen los llamados microplásticos primarios, que se fabrican intencionadamente en ese tamaño para utilizarlos como precursores en la producción de plásticos mayores o para incorporarlos directamente a determinados productos. Hablamos, por tanto, de dos tipos: los que resultan de la degradación de objetos más grandes y los que se producen ya en ese tamaño para incorporarlos, por ejemplo, a la pasta de dientes o emplearlos en la fabricación de otros objetos.
R. No somos muy conscientes. Vivimos en una era muy visual y reaccionamos ante lo que vemos. Una playa llena de basura llama la atención, pero los microplásticos y las sustancias químicas asociadas no se perciben a simple vista. Sin embargo, forman parte de nuestro día a día. Estamos rodeados de microplásticos y de sustancias químicas, algunas potencialmente dañinas.
"Es fundamental que investigadores, divulgadores y periodistas trabajemos juntos para que la información rigurosa llegue de forma clara"
R. En cierto modo, sí. Aunque cada vez estamos más conectados, hay ciertos mensajes científicos que cuesta transmitir. Los investigadores intentamos que esa información llegue para que la ciudadanía pueda tomar decisiones con conocimiento de causa.
R. Se ha avanzado y cada vez se introduce más en los colegios, pero todavía persisten dudas, confusión e incluso afirmaciones erróneas. Es fundamental que investigadores, divulgadores y periodistas trabajemos juntos para que la información rigurosa llegue de la forma más clara posible y para combatir la desinformación.
R. Estamos abrumados por la cantidad de información y por la desinformación. La clave es acudir a fuentes verídicas y filtrar el ruido, especialmente en redes sociales, donde también influyen conflictos de interés.

R. Todavía se investiga mucho, pero ya existe evidencia de que pueden causar daños físicos. Si son ingeridos, pueden obstruir el tracto digestivo de los organismos. Como su tamaño coincide con el del plancton marino, son susceptibles de ser ingeridos por organismos marinos y aves, y se ha demostrado que esto ocurre. A medida que disminuyen de tamaño y pasan a ser nanoplásticos, su capacidad de moverse dentro de los organismos aumenta, lo que podría incrementar sus efectos. Esta es una línea de investigación en la que se está avanzando. Además del daño físico, está el daño químico. Aunque a menudo se afirma que los microplásticos son inertes, no es así. Son polímeros básicos a los que se añaden numerosas sustancias químicas que les aportan características como color, flexibilidad o durabilidad. Algunas de estas sustancias son tóxicas y no siempre se declaran. Además, los microplásticos pueden absorber otras sustancias químicas del entorno y liberarlas posteriormente. Esa capacidad de actuar como vectores de contaminantes es otra de las grandes preocupaciones.
"La regulación avanza más lentamente que la ciencia. Luego, existen conflictos de intereses y factores geopolíticos que dificultan los acuerdos en materia de medio ambiente"
R. Existe una contaminación ya acumulada. Se han encontrado microplásticos en la Antártida, en la Isla Decepción, en el fondo de las fosas oceánicas, en el Everest y en el aire. Estamos rodeados. Sin embargo, si se adoptan regulaciones normativas potentes a nivel global, puede producirse un punto de inflexión. Hay precedentes. El Protocolo de Montreal (1987), que reguló sustancias que dañaban la capa de ozono, demostró que cuando se actúa, el medio ambiente responde.
R. La regulación avanza más lentamente que la ciencia. Luego, existen conflictos de intereses y factores geopolíticos que dificultan los acuerdos. Se está trabajando en un tratado global contra la contaminación por plásticos, pero no es sencillo poner de acuerdo a tantos países. Algunos países productores de petróleo tienen intereses en mantener o incluso aumentar la producción. Otros, entre ellos varios europeos y un grupo relevante a nivel internacional, buscan una regulación ambiciosa que abarque todo el ciclo de vida del plástico, no solo la gestión de residuos. Actualmente, se emplean más de 16.000 sustancias químicas en la fabricación de plásticos. Solo conocemos bien una parte de ellas; de muchas desconocemos su potencial daño. Por eso se propone aplicar el principio de precaución: si no sabemos si una sustancia puede ser perjudicial, no deberíamos utilizarla.
R. Es un proceso lento. Las negociaciones son complejas, pero la evidencia científica y los costes para la salud y el medio ambiente pueden ayudar a convencer a más países.
R. Desde el punto de vista socioeconómico, el impacto puede ser importante. Nadie quiere una playa llena de residuos y los pescadores quieren ofrecer un pescado saludable. Si queremos preservar nuestra economía y nuestro bienestar, necesitamos un mar y unas playas limpias.
R. El Mediterráneo soporta una gran presión. Mucha población vive en la costa y muchas actividades económicas están ligadas al mar. En zonas costeras hay agricultura intensiva y, cuando no se gestionan adecuadamente los residuos, pueden llegar al mar. En España, las ramblas acumulan residuos que, durante lluvias torrenciales, son arrastrados hacia la costa. Después quedan fuera de la vista y parece que no existen. Es un problema que requiere varios enfoques: mejor gestión de residuos, revisar qué usos del plástico son esenciales y cuáles no, y exigir regulaciones a empresas y gobiernos.
"Hay mucho 'greenwashing', de iniciativas que aparentan ser soluciones, pero no lo son"
R. Las soluciones deben venir de distintas vías. Como consumidores tenemos responsabilidad, pero son fundamentales regulaciones que reduzcan la producción de plásticos primarios y limiten los productos de un solo uso, que son los que más fácilmente se convierten en residuos y tienen menor potencial de reciclaje efectivo.
R. Sí. Y también existe mucho greenwashing. Hay iniciativas que aparentan ser soluciones, pero no lo son. Los residuos plásticos extraídos del mar, por ejemplo, son muy difíciles de reciclar por la mezcla de polímeros y la suciedad. Existen falsas soluciones y lavado de imagen de empresas, que nos alejan de las medidas realmente eficaces.
R. Sí, especialmente en negociaciones internacionales, cuando se escuchan afirmaciones que contradicen la evidencia científica. Pero es necesario estar presentes, trabajar con rigor y seguir insistiendo para mejorar las cosas.


