El hombre que nació encima del 'Tío Pepe'
"Aquí mismo, mirando para allá, aquí... que hay buena luz", dice Antonio Flores, que se ve que lleva encima un montón de entrevistas y al que, además, le interesa el mundo de la fotografía y el periodismo. Antonio lleva toda la vida –y no es una manera de hablar, es casi casi literal– en González Byass, donde trabaja como enólogo (es el jefe, no en vano ha sido elegido en varias ocasiones mejor enólogo del mundo) y se podría decir que también como poeta, dado el estilo tan personal que le da a sus catas. Desde hace nueve años trabaja con su hija Silvia, a la que cederá los trastos dentro de un tiempo, cuando toque. "Delegar ha costado, al principio... costó", confiesa a una pregunta sin intención -está entre las que se han quedado pendientes–, que se produce cuando se ha marchado Silvia, que tenía una reunión ineludible. Antonio es una persona a la que le gusta pensar en lo próximo, y lo próximo es la cata 'Entre amores y amorosos, el lado dulce del Jerez', que se celebra el día 12 en la bodega a beneficio de Madre Coraje. Si Obelix se cayó en una marmita y desde entonces no necesita tomar ninguna pócima, Antonio nació encima (vivía allí su familia) de la solera del Tío Pepe... y también se cayó de niño en una cuba durante la vendimia. A partir de ahí ya...
Antonio: Mi padre se llamaba Miguel, entró en González Byass de botones, con 14 años, a los 27 era jefe de capataces y se jubiló con 72 como director técnico… lo que se dice toda una vida.

A.: Sí, sí, ya digo que era el director técnico. Nosotros, la familia, vivíamos en la bodega, en lo que hoy es el Hotel Tío Pepe estaba la casa. Yo nací en el dormitorio de mis padres, que en mi época se nacía en casa…
A.: (Risas), Sí, pero es que no te puedes imaginar dónde estaba el dormitorio de mis padres: encima de la solera Tío Pepe Rebollo, que es donde nace la marca Tío Pepe. Lo he dicho muchas veces y supongo que la gente se preguntará si es así lo que le estoy contando…

A.: No, no, es literal (risas). Viví en González Byass desde mi nacimiento y el vino ha terminado por permear mi mente…
A: Era un sitio para la imaginación, un mundo aparte, de misterio. El olor a vino… cuando había una puerta abierta entrábamos y escuchábamos el crujido de la bodega, el ruido del silencio, perseguíamos a los ratones, jugábamos al fútbol en el césped de Villa Victorina…
A.: El mundo era vivir en la bodega... estabas todo el día con los trabajadores, con los arrumbadores, administrativos... eran como mi familia.
Silvia: Ufff… no, no. Cuando la cuenta mi padre todo el mundo se queda pasmado, será verdad, será mentira… pero tengo ese sentimiento, que ha pasado de mi abuelo a mi padre y luego a mí. Yo, la verdad, al principio no pensaba que mi vida profesional fuera a estar dedicada al vino. De hecho, me fui a estudiar Historia del Arte a Granada, no volví, seguí mi recorrido propio… pero choqué otra vez con el mundo del vino. Estudié sumillería y comencé a trabajar en un restaurante muy bueno en Barcelona. Allí descubrí por mi cuenta el mundo del vino. Antes para mí, ese mundo era solo Jerez, pero allí me enamoro del Champagne, de otros vinos internacionales… conozco buenos profesionales que me ayudan a conocer ese mundo fascinante. Pasan los años y vuelvo a Jerez, a González Byass.

S.: Pues hay días y días. Esa delgada línea… ese límite, ahora soy padre, ahora soy hija, ahora es mi jefe… ese tal vez ha sido el reto más difícil.
A.: Eso ya lo viví yo con mi padre, tengo cierta experiencia en ese relevo, en la transición. Aunque al principio no es fácil, el tema está en separar la vida privada de la profesional. Mi mujer lo tenía muy claro desde el principio cuando nos reuníamos, “aquí no se habla de vinos”.
"En las comidas familiares llamo a mi madre antes a ver qué pone porque yo suelo llevar los vinos" (Silvia)
A.: No, eso sí, “mira qué vino he conocido”, vale, me refiero más que nada al “oye, mañana a primera hora deberías…” (risas).
S.: Ese amor por los vinos nos hace ser curiosos. Nos gusta probar vinos con los que no estamos familiarizados. Nos gusta ese tiempo para abrir nuestras fronteras.
A.: La sorpresa es llevar un vino diferente, de fuera, ella lo hace mucho. Jerez nos encanta, pero hay muchas cosas, nos gusta mucho probar vinos.

S.: A mí me gusta comer en casa de mis padres… mi madre y mi hermano son cocineros excelentes, así que tiro para casa de mis padres y soy yo la que suele llevar el vino.
S.: (Risas) Sí, bueno… y además, entre ellos dos, mi madre y mi hermano, se pican en la cocina…
A.: Como el pique que yo tengo con ella con el vino, entonces somos como dos parejas, la del vino y la de la cocina… (risas)
S.: Eso sí, siempre me recibe con una copa de Tío Pepe, haya lo que haya.

A.: No, no soy cocinillas, yo hago de crítico gastronómico (risas). Soy nulo en los fogones, pero disfruto mucho de la comida.
S.: Lo pasamos muy bien, la verdad, hablamos del vino, de la comida…
A.: Yo soy muy de paella… me parece tan difícil, ese momento crunchi, el socarrat… También disfruto de una buena barbacoa.
A.: Pienso que nos complementamos bien… yo soy más técnico y pasional, y Silvia, por ejemplo, controla a la perfección la parte gastronómica. Funcionamos bien. En una cata lo importante es tener un hilo conductor, saber cuándo debe entrar uno u otro. Hay muchos factores externos, hay que improvisar, siempre pasa algo con lo que no cuentas, pero hay que saber volver al hilo conductor, todo tiene que tener un principio y un final.

S.: Segundas partes nunca fueron buenas, las copias baratas (risas)... Cada uno tiene su personalidad, él es un poeta, un gran comunicador… cómo transmite su pasión por el mundo del vino. A mí me gusta fijarme como objetivo llevar el vino de Jerez a sitios difíciles, como puede ser la gente joven, quitar corsés de lo difícil que es supuestamente entender el jerez, uno vino que también se puede disfrutar en cualquier momento y de manera jovial.
A.: El jerez es un vino complejo, pero yo siempre me pregunto qué hay que en este mundo que merezca la pena y no lo sea. Pues eso. Es difícil acceder a una edad temprana al vino de Jerez si no eres de Jerez, eso es cierto. Además, se necesita un poco de madurez, de formación, y recursos económicos si ya avanzas… Volviendo a la pregunta, a ella siempre le he dicho que tiene que tener su estilo propio, no hay nada más triste que imitar a otro. Yo he desarrollo un estilo que me encanta y a la gente le encanta…
S.: Pero soy su hija y trabajo con él, es inevitable que me impregne de su filosofía y haya cosas comunes, de su forma de ver las cosas…
A.: Mi mujer, que es mi mayor crítica (risas), me suele decir “siempre cuentas lo mismo”... pero es que esto es como un concierto de los Rolling… ¿qué espera la gente? Pues Satisfaction, Angie… si no, no tendría sentido.
"Dirigir una cata es como un concierto de los Rolling. ¿Qué espera la gente? Pues Satisfaction" (Antonio)
S.: Queríamos hacer algo la semana en la que se celebra el Día de los Enamorados, en el más amplio sentido de la palabra. Vamos a intentar enamorar a la gente con los vinos de Jerez.
A.: Queríamos hacer algo con Madre Coraje, con la que colabora González Byass, igual que otras empresas como Montesierra, El Gazul, Gadira Barbate, Pan Jerez... Todo va donado. El hilo conductor es el Día de los Enamorados. Hemos querido dar un giro a la cata, que al final son siempre lo mismo, de ahí los vinos seleccionados. Ah, y no todos son dulces y amorosos, también estará por ejemplo, el palo cortado Leonor que estamos tomando...
S.: El vino, el amor –todo el amor, también el amor al prójimo– la gastronomía... la gente lo va a disfrutar muchísimo, esperemos que venga mucha gente.


