El músico 'total' es de Jerez y vive en Salzburgo: "El silencio tiene tanto valor como la música"

Agustín Castilla-Ávila, músico, compositor, profesor, incansable investigador, tiene una trayectoria formativa y artística apabullante, también en su defensa de un sistema microtonal y en su intenso trabajo sobre el silencio. Prepara una ópera para la New York Opera Society y en su tierra es un desconocido

Agustín Castilla-Ávila, músico y compositor que nació en Jerez pero hace más de 15 años que reside en Salzburgo, ante una de sus ponencias.
Agustín Castilla-Ávila, músico y compositor que nació en Jerez pero hace más de 15 años que reside en Salzburgo, ante una de sus ponencias.

Breve síntesis de una inabarcable biográfia de amor y dedicación a la música (y al silencio)

Agustín Castilla-Ávila, que acaba de celebrar su 47 cumpleaños, nació en la ciudad de los villancicos aflamencados en torno a la tradición de la Zambomba, Jerez, pero reside desde hace más de década y media en Salzburgo, Austria, ciudad del famoso villancico Noche de Paz (Stille Nacht, literalmente Noche de silencio) y uno de los grandes centros mundiales de la música clásica. A partir de esta mera coincidencia, atención porque su trayectoria artística es casi inabarcable. Toca, escribe, compone, innova y comparte, casi como una suerte de músico ‘total’. Además, es un auténtico investigador y experimentador con el silencio, entre 2008 y 2020 cuenta con una serie de 29 obras-retratos, los Bodegones del silencio, en las que emplea en cada una de ellas una instrumentación específica e ideas de fondo.

Antes de llegar al silencio, que como decía Manuel Torre —un genio del flamenco paisano suyo— es una cosa muy grande, estuvo su amor por la guitarra. El asombro que le causó pulsar furtivamente el instrumento musical que guardaba un tío suyo, desencadenó gran parte de lo que vino luego. Pronto inicia sus estudios musicales en el conservatorio de su ciudad natal, pero rápidamente salta a Sevilla y al London College of Music, donde es el primer guitarrista en contar con una beca concedida por la fundación la Caixa. Seguidamente ingresa en la Guildhall School of Music, obteniendo un Diploma de Postgrado y un Máster con los guitarristas Robert  Brightmore, David  Miller y el compositor Mathew King.

Más tarde se traslada al Mozarteum de Salzburgo para continuar sus estudios con la profesora Isabel Siewers. Paralelamente al Mozarteum, realizó estudios de Doctorado en Artes  Musicales en la Arizona State University bajo  la dirección de Frank  Koonce, donde además fue profesor adjunto. En el año 2004 inicia la carrera de composición en el Mozarteum con Adriana Hölzsky y Andre Ruschkowski, terminando dichos estudios con Reinhard Febel. Por si esto fuera poco, realizó estudios de composición con Alexander Mullenbach en el Conservatorio de Luxemburgo. Guitarristas como D. Russell, M. Barrueco o Roland Dyens, o compositores como S. Sciarrino o D. Schenebel, también han sido sus maestros. 

Como docente, ha estado al cargo de las especialidades de guitarra en diversos centros de enseñanza nacionales, como el Conservatorio Profesional de Música de Ceuta o el Conservatorio Elemental de Lucena, e internacionales, como la Arizona State University. Y, por descontado, hay que ensalzar su trayectoria como intérprete, que lo ha llevado a tocar en numerosas salas de Europa, Asia y Estados Unidos, aunque destaca por encima de todo la gran cantidad de estrenos que ha llevado a cabo a nivel internacional.

Del mismo modo, Castilla-Ávila, se ha sumergido en la aplicación de las técnicas microtonales aplicadas al repertorio de la guitarra, y ha demostrado una amplísima versatilidad compositiva a lo largo de su carrera, enfocada desde la música para instrumento a solo hasta piezas para danza, ópera o música para el audiovisual. Toda una eminencia en la música clásica y en la lírica que solo piensa, en la madurez de su frondosa carrera artística, en seguir con su cabeza llena de partituras y silencios. Esta entrevista se produce con el periodista en Jerez y él desde su despacho en Salzburgo, apenas 2.500 kilómetros que conectan por la cultura, la música y el amor al arte.

Usted ha declarado en alguna ocasión que a través de sus composiciones muestra cómo percibe el mundo. ¿Cómo lo ve ahora en esta fase de salida de la peor pandemia en un siglo?

Claro, al final el arte es un lenguaje y lo usamos para comunicar. En el terreno artístico, evito la pandemia como tema aunque sí que en dos obras de los Bodegones del Silencio está presente. En lo profesional ha sido, y sigue siendo, un periodo muy duro para los que nos dedicamos al arte y a la cultura, sobre todo para los freelance. Toda situación tiene sus ventajas e inconvenientes, hay que intentar ser muy pragmático con la situación, adaptarte y reorganizarte lo mejor que puedas para ser lo más productivo posible, aunque cada situación es diferente. Conozco a grandes músicos de diferentes países que han dedicado su vida a formarse y que se han tenido que dedicar a otra cosa durante la pandemia. Creo que el planeta tiene problemas mucho más graves que la pandemia. Esta situación hubiera tenido consecuencias mucho peores hace sólo unas décadas. Es un tema muy delicado. Vamos a ver, paso a paso.

Es creador de un sistema microtonal adaptable a la guitarra dividiendo la escala en 36 notas, en vez de 12, pero es que su currículo es extraordinario en cuanto a creaciones, colaboraciones, conferencias… ¿De qué está más orgulloso hasta ahora?

Bueno, el sistema microtonal lo empecé a usar hace muchos años, cuando estudiaba guitarra en Sevilla (lo hacía casi como hobby, por la resonancia nueva del instrumento, ni me imaginaba que un día me dedicaría a escribir música). En Londres, casualmente mostré una pieza microtonal a Robert Brightmore (con quién estudié) y me hizo pensar mucho en este sistema y valorarlo. La guitarrista israelí Shiri Coneh tocó esa misma pieza en Salzburgo años más tarde y de casualidad en el público había miembros de la Sociedad Microtonal de Austria. A partir de aquel momento, lo fui usando con más frecuencia. Hoy día dirijo el Simposio Mikrotöne: Small is Beautiful. A finales de junio Salzburgo se convertirá en la capital de la música microtonal y albergará durante cinco días (esta vez online) a especialistas de 20 países. Creo que es un evento muy bonito y cuando lo pienso, a pesar del trabajo que supone, uno lo disfruta y claro que me siento orgulloso. Tengo la cabeza en el trabajo y en tantas cosas que me gustaría hacer que es muy difícil evaluar de lo que me siento más orgulloso. Precisamente recientemente ha estrenado la guitarrista Margarita Escarpa mi obra El Silencio que mata en Castelo Branco (Portugal), ciudad a la que le tengo mucho cariño. Cuando pienso en mis años en Sevilla y de la admiración tan grande que sentía por ella (sus cedés fueron de los primeros que compré) y veo hoy su fenomenal trabajo con mi obra, se mezcla casi la nostalgia de aquel periodo con el orgullo.

"Seguramente somos sólo parte de una composición en progreso que empezó con el Big Bang"

Sevilla, Londres, Arizona, Salzburgo… ¿qué recuerdos le quedan de su Jerez natal? ¿Cómo empezó a interesarse por la música?

Bueno, tengo mi familia en Jerez y voy con frecuencia. Tengo muchísimos recuerdos, por supuesto. El año pasado le confesé a mi tío que cuando era pequeño, sin que él lo supiera, tocaba las cuerdas de su guitarra a escondidas. Todavía recuerdo el impacto que puede causar en un niño el escuchar por primera vez tan cerca cómo suena la guitarra. Años más tarde mis padres me matricularon a mi hermana y a mí en el Conservatorio de Jerez. La verdad es que por aquellos años me interesaba mucho más por el fútbol. Nunca se sabe con las casualidades y las carambolas de la vida.

Si no me fallan las cuentas lleva más de 15 años en Austria, ¿qué tiene de bueno, aparte de su trabajo y del amor por la música que tiene esa tierra, y qué añora de España y Andalucía?

En Salzburgo, aparte del simposio microtonal cada dos años, no tengo mucho trabajo. Es un sitio muy pequeño pero me gusta mucho: hay mucha cultura, mucha naturaleza, buen aire y buen agua. Es una ciudad muy sana y sus alrededores son muy bonitos también. Cuando sale el sol y tengo tiempo, me encanta salir con la bici. Ninguna ciudad es perfecta; o tienes una cosa o la otra. Al mar o al sol los echo especialmente de menos. A la familia, también, por supuesto. Y nuestra cultura y estilo de vida. Pero no estoy muy lejos y puedo venir de vez en cuando a disfrutar de la tierra.

Acaba de estrenar una obra en el Auditorio Nacional. ¿Se siente un poco más profeta en su tierra?

Ojalá tenga consecuencias positivas pero depende de muchos factores. A más de un mes de aquello, casi ni me acuerdo, tengo la cabeza en otros proyectos. Escribo música y tengo la suerte de colaborar con muchos músicos (en el caso del Auditorio Nacional con Neopercusión). Eso es lo importante.

"Ninguna ciudad es perfecta; o tienes una cosa o la otra. Al mar o al sol los echo especialmente de menos. A la familia, también, por supuesto"

¿Algún ejemplo llamativo de cómo trata su país de acogida la cultura frente a nuestro país?

España es muy grande para generalizar. ¿Un ejemplo llamativo? Venir a Jerez ofreciendo mi ópera de cámara Die Lutherin (La Luterana) con la financiación de Embajada Austriaca, intentar hablar con diferentes personas con diferentes cargos, insistir (como no me molesto por insistir en otra ciudad, ya que aquí tengo una familia muy grande y muchos amigos a los que les gustaría ver mi trabajo) y que te ignoren me dice todo lo que la situación puede decirme. Salzburgo es la ciudad en la que más años he vivido y donde me desarrollé como compositor. Estoy bien aquí y muy agradecido a las instituciones de esta tierra.

¿Sin música la vida sería un error?

La música es una parte muy importante en la educación y desarrollo de los seres humanos. No me puedo imaginar una vida sin música.

¿Qué ópera le habría gustado escribir?

Uf, tengo muchas ideas y espero vivir muchos años y seguir escribiendo. La ópera es lo que más me gusta. Espero tener energía y oportunidades.

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Castilla-Ávila, ante sus 'Bodegones del silencio'.  ADRIANA SILVA

¿Y qué tiene entre manos ahora?

Llevo casi dos años escribiendo la ópera Cerro Rico para la New York Opera Society. La pandemia ha dejado su producción un poco en el aire y yo me he permitido trabajar en muchas otras cosas en este tiempo. Pero bueno, le queda muy poco y estos días estoy muy centrado en este trabajo. Hasta hace unos días he tenido tres obras de mis Bodegones del Silencio en la exposición Traverser ton miroir en la galería Espace 7 (organizada por Adriana Silva y Arte al Paso). Como te decía, se ha estrenado por Margarita Escarpa El Silencio que mata y también en Salzburgo el Gunnar Berg Ensemble ha estrenado mi Oxen of the Sun y en Neukirchen toca el guitarrista brasileño Danilo Alvarado mi Geminiden. Y bueno, trabajar un poco en la organización del simposio microtonal.

¿A quién se le ocurrió eso de reservar la música clásica y la ópera para unas elites? ¿Cómo acabamos con esos prejuicios?

Buena pregunta. Seguro que hay muchos factores que han influido históricamente. Pero hoy la vida es bastante diferente. El arte es un mundo muy extenso y se necesita mucho tiempo para recorrerlo o disfrutarlo. Hoy es más fácil que nunca conocerlo y disfrutarlo pero también hay mucha saturación en el mercado de la música y lo que se escucha en los medios lo decide con frecuencia un grupo reducido de personas con intereses particulares en ocasiones. Producir una ópera es también muy costoso (es mucho trabajo por parte de muchas personas). Son muchos factores y se necesitaría mucha voluntad para acercar este género a cada persona. Ojalá supiera la respuesta.

"Si el cerebro percibe continuamente información sonora necesita descansar de vez en cuando y bajar los decibelios"

¿Cuánto vale hoy en día el silencio entre tanto ruido?

En mi opinión, el silencio puede tener el valor que la propia música tuvo históricamente. Basándome en esta idea, empecé en 2008 los Bodegones del Silencio Still-Leben mit Stille— (han sido hasta el momento expuestos en 20 ocasiones en 9 países) o la ópera The Rest is Silence en 2013 (la primera ópera escrita íntegramente con silencio). Para mí no sólo es el valor del silencio. Además el papel de la voz interior de cada individuo en un contexto donde la inteligencia artificial parece amenazar con alcanzarla (cosa que yo personalmente no creo). Si el cerebro percibe continuamente información sonora necesita descansar de vez en cuando y bajar los decibelios. Pero esto tiene que ver con nuestra percepción. No me imagino que el silencio pueda existir en algún lugar del universo: si aceptamos la teoría del Big Bang como comienzo del universo, las ondas (y el sonido) han estado presentes todo el tiempo. Incluso el eco de nuestras palabras y de nuestros sonidos se quedan en el universo. Seguramente somos sólo parte de una composición en progreso que empezó con el Big Bang.

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