El ecologista Juan Clavero rememora el día que le metieron cocaína en su vehículo y fue detenido por la Guardia Civil en una actuación "irregular y llena de incógnitas".

“Ahora que voy reconstruyendo todo lo que pasó aquel día me voy dando cuenta de detalles que no advertí en ese momento”. Y esos detalles de los que habla Juan Clavero, activista medioambiental, son los que delatan que el pasado 26 de agosto fue “víctima” de una trama que pretendía inculparlo en un delito de tráfico de drogas. Sobreseída la causa en quince días, su caso ha dado la vuelta por todo el país por el peligro que supone el certificar que denunciar los abusos de propietarios privados sobre caminos públicos puede costarte la libertad y la reputación.

Casi un mes después de aquello, Clavero se encuentra en El Bosque, desde donde partió aquella mañana, preparando la asamblea regional de Ecologistas en Acción que, este año, toca celebrar en el pueblo serrano. Nunca mejor coincidencia. Allí, al lado de la piscina municipal, tiene aparcada su furgoneta; esa que supone que utilizaba para transportar la droga y que nos lleva a cada uno de los sitios y momentos donde una marcha terminó en el calabozo.

Por el piso empedrado del camino de los pescadores, el que conduce hasta el albergue juvenil y se ubica el inicio del sendero de El Bosque a Benamahoma, nos dirigimos hasta el final del mismo donde Clavero dejó aquella mañana aparcada la furgoneta. Él, sus compañeros y un desconocido que quiso unirse a ellos y dijo venir de Jerez, dejaron sus vehículos allí y emprendieron a pie el camino de la Colada del Argamazón montaña arriba para comprobar si la vía pecuaria y el camino público estaban abiertos. Bajaron por el camino que viene de Benamahoma donde terminó su marcha, tras duros enfrentamientos con los guardias de seguridad de las fincas por donde pasaban dichas vías.

Acalorados una vez que terminaron, Clavero y sus compañeros entraron en su casa de Benamahoma para darse un chapuzón en la alberca, cosa que el desconocido no hizo. La secuencia era volver a El Bosque a recoger sus vehículos, adonde los llevó uno de ellos, y cada uno a su casa. El desconocido insistió en irse con Clavero porque decía que se había dejado unas gafas en su coche y él sin darle mayor importancia, le dijo que sí.

Montado en su furgoneta como aquel día, el activista recuerda cómo “este hombre miraba por debajo de los sillones, abrió detrás buscando unas gafas que decía que era muy caras y, de repente, recibió una llamada y me dijo que lo dejara en el pueblo que iban a recogerlo. Ya no le importó las gafas”. Su compañero Gaspar en su vehículo y Clavero y el desconocido en su furgoneta, se dirigieron entonces al pueblo desde el final del camino de los pescadores, desde donde parten dos vías: una por arriba, más directa al pueblo y por donde cogió el compañero de Clavero y la que continúa el camino y pasa por el albergue. La intención de Juan era la de coger la de arriba, al ser más rápida, pero el desconocido recibió otra llamada y le pidió que le dejara en la Venta Majaceite, donde se bajó.  Él siguió por ese carril cuando se encontró con tres agentes de la Guardia Civil que le dieron el alto. “Me estaban esperando allí”, en un recodo que se forma a la espalda del Hotel Las Truchas.

¡Bájese inmediatamente!, me dijeron, no me pidieron ni el DNI. Se metieron los tres en la furgoneta, me sacaron todo, me abrieron hasta los sacos donde yo tenía hojarasca para hacer el compost …No daba crédito, les dije que si buscaban algo, que yo era una persona conocida, que podían llamar a la alcaldesa o a quien fuera del pueblo porque si estaban buscando un delincuente, un fugado yo no era pero no me había pensado nada de droga. Y entonces me dijo, ¡váyase usted de aquí!…vino uno y me preguntó si esa bolsita era mía. Les dije que no, abrió la bolsa con las manos y me dijo que era droga. ¡Qué va a ser droga!, le respondí y me dijeron que estaba detenido, me pusieron los grilletes y me llevaron para el calabozo”.

Mientras Clavero cuenta eso a pie del carril donde todo sucedió, reflexiona en voz alta cómo la Guardia Civil, a la que le dieron un chivatazo –según recoge el atestado- de que una furgoneta tenía droga para venderla en el coto de Bornos, le estaba esperando en ese carril por el que no decidió pasar hasta última hora y porque el desconocido se le pidió. Y, sobre todo, cómo éste no pasó por allí en la casi media hora que estuvo con los agentes.

Al calabozo nos dirigimos para seguir lo que pasó. Desde que fue detenido, nadie tuvo noticias de él. Su mujer llama a Gaspar y le pregunta dónde está y éste le dice que lo dejó en el camino de los pescadores. Vuelve al mismo sitio por si ha tenido algún accidente o le ha pasado algo y le dicen que han visto la furgoneta de Clavero en el cuartel. A partir de ahí, ya se sucedió todo: es conducido a petición propia a su casa para practicar un registro, pasa toda la noche detenido, declara ante el juez al día siguiente, es puesto en libertad y en quince días archivan su caso, no por falta de pruebas, sino porque existen elementos de juicio no para inculparlo sino para considerarlo “víctima de actuaciones malintencionadas de terceros”. 

Subimos un poco más arriba del cuartel de la Guardia Civil para desembocar en la plaza de la Constitución donde se ubica la única cabina telefónica que hay en el pueblo y desde donde se sabe que hicieron las llamadas anónimas a la Benemérita. Y parece ser que había más de una persona. El activista ha pedido las grabaciones de las cámaras de seguridad de las dos entidades bancarias que se sitúan justo enfrente de la cabina, el registro de llamadas de la misma y de la línea del desconocido –ya identificado- porque está seguro que hay llamadas cruzadas y que se investigue la actuación de los agentes que considera cuanto menos "irregular y llena de incógnitas".

 

Y es que ahora piensa llegar hasta el final. “Esto le pasa a otra persona y está en el Puerto en prisión preventiva”, dice mientras conduce hasta Benamahoma donde terminaron la marcha aquel día. Allí, al final del carril, un vehículo de alta gama y con matrícula extranjera está apostado al lado de una de las vallas. En cuanto nos ve aparecer, el guardia de seguridad, se baja, abre la valla y se mete en el interior desde donde vigila nuestros movimientos. En el otro extremo, más que una valla hay una robusta cancela y hasta seis carteles para prohibir el paso por ser una propiedad privada. Pero es allí, por donde pasa el camino público y por donde los activistas caminaron entre las amenazas de los guardas. “Teníamos dos andando detrás y otro tío grabándome. Ya está bien, ¿no? le dije, y me respondió: yo tu careto me lo voy a llevar bien grabado hoy”.

Después de lo que ha pasado, Clavero exige a las administraciones que garanticen la apertura, señalización y libre acceso a las vías y caminos públicos. “Nosotros no tenemos porqué aguantar este acoso y menos que me metan droga en el coche”. Ya están preparando una marcha para el día 8 y están alerta a la nueva adquisición que ha hecho esta empresa, Eléctrica Sierra, la finca en donde se ubica la antigua Fábrica de la Luz en el sendero del Majaceite entre El Bosque y Benamahoma. “¿Os imagináis que quisieran cerrarlo? Pues eso es lo que han hecho con los otros. Tienen en sus fincas dos bosques de pinsapos. Se han hecho dueños del Parque Natural?”.

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