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El presidente del Gobierno acaba la legislatura como la comenzó: escaqueándose en el fútbol.

Era la fecha que iba a marcar la próxima década de España. Una mañana de junio de 2012, el Eurogrupo precipitaba la temida intervención y el Gobierno de Rajoy anunciaba el millonario rescate a la banca, sin dejar claro si aquello era o no una intervención, si el dinero saldría del fondo europeo o de los presupuestos generales, y sin explicar sobre todo si, como sospechábamos y luego confirmamos, la cuenta correría a cargo del bolsillo ciudadano que perdería derechos y ambulatorios. En medio del gran caos, el presidente comparecía ante los medios para explicar que el asunto sin resolver estaba ya resuelto y que por tanto esa misma tarde cogería un avión para viajar hasta Polonia y ver en directo el debut en la Eurocopa del país recién intervenido, o no, a cargo de los ciudadanos, o no. Eso sí, la situación, aunque solucionada, no era del todo perfecta: al tener que viajar para ver el fútbol, se perdería la final de Nadal contra Djokovic en Roland Garros, se lamentaba.

Es el estilo personal e intransferible de presidencia de diario Marca bajo un brazo y menosprecio hacia la realidad bajo el otro. Un estilo que ha marcado una legislatura que acaba como empezó en aquel España-Italia de Polonia. "No tengo tiempo para debates. Tengo que trabajar como presidente", respondía Rajoy, entrañable en su salsa durante cuatro horas de carrusel de goles, entre córner del equipo ucraniano y saque de banda del Real Madrid, a la pregunta de por qué no acudiría al debate entre candidatos a la presidencia del Gobierno. ¡Mariano no tiene tiempo para debates, Mariano, un purito!

Ese gusto por retorcer la realidad hasta darle forma, que empezó como una costumbre, es ya un vicio y Rajoy no puede pararlo. Sentado ante una pantalla comentando el partido de Champions, el presidente asegurará que vaya jaleo ir al debate, con lo apretada que está su agenda, gritará árbitro penalti y ni siquiera podrá sorprendernos ni enfadarnos. A esta altura del partido tenemos que aceptarlo como es. Él se aceptó hace ya tiempo y sabe que no puede ir a esa cita por dos motivos: uno coyuntural y otro permanente. El primero es que el impasible y desubicado Rajoy sale mal en una foto conjunta con Iglesias, Rivera y Sánchez y no está dispuesto a hacérsela en máxima audiencia. El motivo permanente es que el vicio de retorcer la realidad se ha apoderado de su estrategia y ya no puede controlarlo: mientras el país es consciente de que el panorama político es de cuatro actores principales, la realidad que Rajoy retuerce habla de que nada ha cambiado y siguen siendo dos, PP y PSOE, los únicos con posibilidades, y será ese el debate al que acuda. Rajoy se perderá la cita clave de la campaña y lo hará sin lamentos. Ni que fuera una final del Roland Garros.

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