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El CIS no proyecta escaños (salvo en sus preelectorales). Pero no os preocupéis, que aquí os ofrecemos un cálculo: PP 137, PSOE 109, Ciudadanos 41, Podemos 29, IU 3.

1. Veintidós. Desde las catalanas, veintidós encuestas de ámbito nacional (incluyendo una imaginaria). Una cada dos días. Un negocio boyante. La audiencia está ávida. La mercancía se vende sola. Me lo estoy oliendo: estas navidades hay cesta con jamón del bueno.

2. Es la recta final. Por eso, se ofrecen más cálculos de escaños. Al fin y al cabo, es lo que todos quieren saber: quién nos podrá gobernar. Pero calcular escaños es un oficio de riesgo. Requiere expertise, paciencia y procesar cuidadosamente información secundaria y de baja calidad. Pero puede hacerse.

Hemos asumido el reto y hemos revisitado lo publicado, estimando por nuestra cuenta los escaños. Os resumimos lo que sale: en todas resulta viable un pacto PP-PSOE; en un 70% sale el pacto PP-Ciudadanos; en ninguna sale un pacto PSOE-Ciudadanos ni PSOE-Podemos. Dicho de otra forma, el PP sale winner en todas las combinaciones for now.

3. Por cierto, un briconsejo de cocina para pollsters: ojo al voto que atribuimos al cuarteto PP-PSOE-Ciudadanos-Podemos. A alguno se le ha ido la mano y claro, resulta que después tenemos que asumir que los partidos nacionalistas van a sacar más de 30 escaños con menos del 10% de los votos… ¿hola?

4. En medio de todo esto, por fin ha salido el CIS de primeros de octubre. Hecho en pleno contexto post-catalanas, refleja el momento más duro para Podemos de este 2015. Recoge un leve incremento de la indecisión electoral, pero se mantienen elevadas las ganas de votar.

El CIS no proyecta escaños (salvo en sus preelectorales). Pero no os preocupéis, que aquí os ofrecemos un cálculo: PP 137, PSOE 109, Ciudadanos 41, Podemos 29, IU 3.

5. A Ciudadanos le va a golpear muy duro el sistema electoral. Rivera debería reflexionar. Su propuesta de nueva ley electoral tal vez se queda corta. Les conviene incrementar su nivel de exigencia. Si se abre el melón constitucional, será la oportunidad perfecta para estabilizarse en el nuevo sistema de partidos.

6. El verano nos dejó nuevas querencias. El electorado popular más fiel aguantó, pero se fue incrementando su preferencia por Ciudadanos como segundo plato, más allá de lo visible. Nunca antes el electorado popular duro había tenido una segunda preferencia. Ni con UPyD. Qué consecuencias tendrá este afecto cruzado es todavía motivo de especulación y, para algunos, de inquietud.

7. La nueva oferta política basada en la idea de la regeneración ha incrementado, paradójicamente, la probabilidad de repetir un gobierno de centro-derecha. Pero no olvidemos que el ánimo del país (el public mood) sigue escorado hacia el centro izquierda: más favorable al reparto que a los sacrificios. Eso es así desde 2012. Por tanto, una oleada de ajustes en 2016 o incluso un “crecimiento económico sin reparto” mantendrá elevados los niveles de frustración. La ansiada relegitimación del sistema político podría volatilizarse en un tiempo no muy largo.

8. En algunas regiones el nacionalismo español duro es abrazado por amplios sectores del centro-izquierda. Sectores que jamás dejaron de votar PSOE, por mucho que el PP sacara las banderas a la calle. A día de hoy, cómo no, tenemos una novedad: Ciudadanos. En otras zonas, en cambio, el centro-izquierda exhibe un españolismo de baja intensidad. Pues eso: que tal vez la pugna de banderas podría salirles bien por aquí, fatal por allá.

9. Un recordatorio final. Las encuestas son armas de expectación masiva. Reflejan realidades que al tiempo que generan expectativas que a su vez cambian realidades. Sus efectos son imprevisibles: a veces desmoralizan, a veces enardecen. Repetir machaconamente el mensaje de que se viene un gobierno “PP-Ciudadanos, PP-Ciudadanos, PP-Ciudadanos…”, tal vez sea una idea genial de sus promotores… o tal vez un error garrafal.

10. Argentina. ¿Qué pasó con las encuestas? Todavía no encontramos una respuesta que nos satisfaga. Seguiremos preguntando.

11. Venezuela. Parlamentarias de diciembre. El descontento generalizado con la economía debería dar la victoria a la oposición ¿verdad? Bueno, pues poco se está hablando de su marcha triunfal. Las encuestas dicen que le sacará entre 9 y 30 puntos al chavismo. Todo un vuelco pronosticado con impresionantes vaivenes. Impresionante, también, la tergiversación de las muestras. El gobierno dice que son un timo. Que pretenden acrecentar la frustración y favorecer otro brote de violencia postelectoral. Pase lo que pase, el fraude es una hipótesis poco verosímil. El sistema de controles e inspecciones es bastante sólido. Otra cosa es que el sistema electoral venezolano, que privilegia los circuitos rurales, beneficie de manera clamorosa al chavismo. Eso es seguro. En lo demás, mejor no apostar.

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