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Un día antes de clausurar la legislatura, el PP aprueba una orden ministerial por la que se recortan aún más las compensaciones por copia privada al sector de la cultura.

El Gobierno del PP se está despidiendo como entró. Rigurosamente capicúa. Un día antes de clausurar la legislatura más larga del mundo –siglos, está durando siglos-, es decir, el pasado 26 de octubre, se marca una orden ministerial por la que recortan aún más las compensaciones por copia privada al sector de la cultura: de la música, del cine y del libro. Un 22% menos en el caso del libro. Y en el primer Consejo de Ministros, en el primero, en diciembre de 2011, compruébenlo ustedes si no me creen, establecieron los cambios estructurales que dejaron a las entidades de gestión de derechos de autor con un tercio de su recaudación.

Para no ponerme muy Dostoievski, resumo clarito, aunque así, de mucho humor, no es que sea: el PP eliminó, en aquella primera reunión de su Gobierno, el célebre canon, que hacía que, como en todos los países serios del entorno, las grandes compañías que producen los dispositivos de copia –desde las fotocopiadoras a los “tostadores”, pasando por los soportes físicos, cedés, deuvedés y demás-- fueran las que pagaran derechos de autor a las sociedades de gestión, como CEDRO en el caso de los libros. Y como buenos liberales que son, pasaron este gasto, de pura justicia, a los Presupuestos Generales del Estado.

La gente del libro no estamos de acuerdo, y lo saben. A lo único que va este dinero es a compensar mínimamente a la gente de la cultura por el uso gratuito de su trabajo. Y lógico es que lo paguen quienes se lucran con ello: las grandes corporaciones, fabricantes de la tecnología que lo hace posible. Era un canon nada abusivo. Ellos viven de repetir y copiar nuestro trabajo. Justo es que, en una medida mínima, nos lo paguen, ¿no? Y eso no tiene que ver con los impuestos corrientes de los contribuyentes, que tienen que ir para otras cosas. Pero a los liberales estos les encanta la subvención directa. La que se da bajo control. Controlando, quiero decir. Controlando a quién.

Naturalmente, la cifra que pensaba gastarse el PP era la menor posible. Y así ha sido. Y lo han ido bajando y bajando y bajando….. Porque la gente de la cultura les resulta incómoda, vamos, que no les gusta nada.  Todos los lectores saben lo que es la SGAE, pero no tanto lo que es CEDRO, que es menos popular el mundo del libro y la edición que el de la música y el cine (aparte titulares más o menos escandalosos, más o menos falsos, que nunca han tocado a CEDRO). Esta agencia, que ahora tiene que vérselas con un 22% menos que el año pasado (la “liquidación” del 2014 es la que se ha hecho pública el día 26), se usa repartiendo el dinerín (si os enseño mi liquidación, os partís de risa: 14 euros al año. Bueno, también las hay de ciento y pico….) y atendiendo a necesidades puntuales de los socios. Por ejemplo, hay subvenciones parciales a esas “cosas” que no cubre la seguridad social, como gafas, audífonos, prótesis dentarias….. También proceden al auxilio de escritores pobres, que hay, ay, muchos, y más desde la crisis, que nos ha afectado particular y definitivamente. Incluso a su entierro, ya ves. Todo esto se ha reducido drásticamente en estos cuatro larguísimos, eternos años del Gobierno de Rajoy.

Porque entre aquel primer Consejo de Ministros de 2011 y esta orden ministerial de la semana pasada ha habido tela: la desaparición del Ministerio de Cultura, el IVA cultural, la Ley de Propiedad Intelectual (que debería llamarse de expropiación de los derechos de autor), el cambio de filosofía con las editoriales y las bibliotecas públicas (de la compra de ejemplares a las editoriales para dotar las bibliotecas, a la, otra vez, subvención directa a quien el Ministerio de Educación considere conveniente), el vaciamiento presupuestario de la red de bibliotecas del Estado, en fin. Desmanes, contradioses. Odio.

CEDRO tiene cara y ojos. Desde junio pasado lo preside Carme Riera, académica solvente, escritora estupenda, y flamante Premio de las Letras. Y hace bastante más tiempo, lo dirige Magdalena Vinent, una de esas personas curtidas en batallar: Ya ha anunciado a sus socios que recurrirá esta orden ministerial, “como ya lo hizo con las de 2012 y 2013”… al maestro armero, me temo, y porque escamotean las cifras de copias…..(y esto lo digo yo, no ella). Y que “asimismo nuestra Entidad denunció en 2012, ante la Unión Europea, la regulación española por no ajustarse a lo dispuesto en las directivas y jurisprudencia correspondiente”.

Efectivamente, el sistema impuesto por el PP para la copia privada ha sido cuestionado incluso por el Tribunal Supremo, que a finales de septiembre de 2014 preguntó al Tribunal de Justicia de la UE (¡que existe!) si el pago de la “compensación” por el presupuesto público se ajusta a derecho, y si “es adecuado vincular esta remuneración a la capacidad presupuestaria del momento”. Y yo desde luego creo que no.

Desde que firmo esta columna se me aparece Raskólnikov en sueños. A veces con el pelo revuelto y los ojos llenos de fiebre. A veces tierno y casi lloroso. Me dice, ya sabéis, lo del Bien y el Mal, la culpa y los límites. Me habla incluso del derecho de todos a una cultura gratuita, de la inmoralidad de luchar contra una tecnología que por fin hará a los hombres iguales y más libres…. De ese mundo nuevo al que ha ajustado sus sueños. Sí, le digo también en sueños, pequeño, tranquilo. (No se puede ir matando viejas por ahí, qué quieres que te diga). Yo estoy por una cultura para todos, gratuita y estupenda. Nada me gustaría más. Y creo en la excepcionalidad cultural. Pero…. es que no sé hacer otra cosa que leer y escribir. Y ¿qué le digo al pescadero, a la compañía de la luz y del teléfono, al del supermercado, al zapatero y al chino de los jerséis? Es que si lo mío es lo único gratis…

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