El hombre propone, y Dios se carcajea. Él camina a nuestro lado apuntándonos en las costillas con un 45. Recordemos que el Señor le dijo a Moisés: «Esta es la tierra que te prometí, pero tú no entrarás. Mentalízate». Y Moisés murió. Tú también morirás. La Humanidad se extinguirá. Desaparecerá del Universo. El planeta Tierra, continuará tan pancha sin nosotros, sin inmutarse lo más mínimo.

Ahí fuera hay un mundo cruel que jamás entenderemos, mientras nos consolamos viviendo con la cabeza llena de pajaritos preñados. A veces parezco un extraterrestre al que han mandado para observar y recopilar información que escribo compulsivamente en mi libreta. Soy un individuo que ha aprendido a aceptar su destino en la vida sin queja, en una sociedad al borde del colapso moral y espiritual.

Los humanos somos más abundantes que cualquier otro gran animal en la historia de la Tierra. Y esto representa una forma de desequilibrio ecológico que no puede continuar para siempre. En algún momento habrá una corrección natural. Les ocurre a muchas especies: cuando son demasiado abundantes para los ecosistemas, les ocurre algo. Se quedan sin comida, o nuevos depredadores evolucionan para devorarles, o pandemias virales las derrumban.

Uno de los patrones fundamentales de comportamiento que encontramos en el mundo físico es la tendencia de las cosas a desgastarse y agotarse. Los edificios se caen, la gente envejece, las montañas y las costas se erosionan, los recursos naturales se agotan, y todo sin retorno.

Las catástrofes no tienen que ser necesariamente negativas. Según la teoría de las catástrofes, una guerra, que es un caso particular y enorme de crisis, representa un proceso de reajuste para un sistema que ha salido del equilibrio o que tiene necesidad de crecer.

Tal vez estamos viviendo la ya séptima extinción masiva. La mayor extinción fue al final del período Pérmico, hace 252 millones de años, en la que el 90 % de todas las especies marinas y el 70 % de las especies terrestres murieron.

El llamado Caos es un destructor, un destructor de lo ya caduco y envejecido, de los moldes inferiores, pues estos han de ser destruidos para dar un nuevo paso hacia la perfección. Es por tanto el motor evolutivo del Macrocosmos y el Microcosmos. Orden y Caos son dos aspectos de la dualidad, que en el mundo de la manifestación material se reflejan en todas las cosas.

En otras palabras el Caos genera Orden, y el Orden provoca Caos, en una serie tan infinita como la evolución interna de cada ser humano. Decir que el Universo es ordenado implica afirmar que el Universo es caótico.

Sea como fuere, el Orden después del Caos, no surge al azar, o del deseo de Alá o de algún dios barbado con un triángulo en la cabeza. Ni de las reuniones de políticos hechas deprisa cuando el peligro es inminente. Simplemente: “Cuando la suerte está echada, está echada”.

Bienvenida la Séptima Extinción, y que nos pille con la tripa llena y confesados.

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