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Pese a la alta abstención y el desencanto de muchos electores, los griegos siguen apoyando a Syriza y se otorgan un escenario idéntico al de enero, pero sin Varoufakis.

PRIMERA. Los griegos han valorado más el esfuerzo que el resultado de la acción de gobierno de Tsipras. Frente a una situación objetivamente adversa como la aprobación del tercer rescate, el 35% de los electores ha considerado que, a diferencia de gobiernos anteriores, Tsipras sí intentó plantar cara hasta el límite de sus fuerzas.

SEGUNDA. Las encuestas han vuelto a fallar en Grecia. Igual que en las elecciones de enero, igual que en el referéndum. La mayoría de los medios internacionales siguen empeñados en dar crédito a los medios privados griegos, que tienen un claro sesgo ideológico anti-Syriza.

TERCERA. El descrédito de la acción política ha aumentado como consecuencia del tercer rescate. La Troika trató de acabar con un partido -Syriza- pero puso en riesgo la propia estabilidad del sistema parlamentario griego. La abstención ha alcanzado un máximo histórico, cercano al 45%. Parece evidente que imponer políticas económicas contra las que la ciudadanía ha votado no sólo cuestiona la validez del sistema, sino también la afección de los ciudadanos y la propia esencia de la democracia.

CUARTA. El neonazismo se asienta como tercera fuerza del Parlamento, y es la que menos votos pierde respecto a enero. La Troika, doblegando a Syriza, ha producido en un 7% de los electores -muchos de ellos, jóvenes- la imagen de que la opción anti-stablishment no pasa por los partidos de izquierdas sino por Amanecer Dorado. Es un peligro del que alertó explícitamente Varoufakis; tampoco en esto le hicieron caso.

QUINTA. Es urgente que en Europa cambie la relación de fuerzas. Los griegos dan una segunda oportunidad a Syriza pero la breve legislatura de ésta demuestra que un solo estado no puede revertir las dinámicas impuestas por los mercados financieros en Europa. La victoria de Jeremy Corbyn en las primarias de los laboristas en Inglaterra abre una brecha de esperanza, a la espera de lo que suceda en las inminentes elecciones de España, Portugal e Irlanda. Las señales indican que la renovación de la izquierda tiene que ver con palabras como limpieza, honradez e integridad personal. Tsipras recalcó que los electores le han dado un mandato para luchar contra la corrupción. 

SEXTA. A los contribuyentes griegos les ha salido muy cara la decisión de Tsipras de librarse del sector crítico de su partido. Además del preocupante ascenso de Amanecer Dorado, el cambio más significativo en la composición del parlamento es la desaparición de Unidad Popular, antes conocida como la Plataforma de Izquierdas de Syriza. Las elecciones han costado 33 millones de euros a los griegos.

SÉPTIMA. La cuestión de la deuda sigue abierta. El aspecto más importante de la crisis helena, su enorme deuda, no se ha resuelto por medio de estas elecciones. Al contrario, la aplicación de las medidas contenidas en el rescate agravarán la crisis, excepto que el nuevo gobierno consiga imponer a los acreedores una reestructuración. 

OCTAVA. Varoufakis no tiene tanta influencia como creíamos. A pesar de la devoción que despierta, sobre todo fuera de Grecia, el apoyo de Yanis Varoufakis a Unidad Popular no ha evitado el fracaso de la lista liderada por Panagiotis Lafazanis. Lo mismo podríamos decir de Zoi Konstantopoulo y Costas Lapavitsas, que iban en los primeros puestos de la lista.

NOVENA. Los griegos han querido dar una bofetada a Merkel, Lagarde y Draghi. Por medio del tercer rescate, la Troika no quiso aliviar el empobrecimiento del pueblo griego sino derrocar a Alexis Tsipras. El 35% de los electores ha respondido con un voto de castigo a las instituciones europeas.

DÉCIMA. Es demasiado pronto para saber qué consecuencias tendrá la reelección de Tsipras. Hoy, no sabemos si la segunda oportunidad significará una nueva decepción o si Tsipras cumplirá su promesa de atenuar los efectos sociales del memorándum desarrollando políticas redistributivas. Tsipras ha recibido un voto de confianza pero no un cheque en blanco. 

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