Las hermanas Daida e Iballa Ruano, que suman 28 títulos como campeonas del mundo de windsurf, no tienen las medallas de Oro al Mérito deportivo. FOTO: DANIELL BOHNHOF/ HOCH ZWEI.
Las hermanas Daida e Iballa Ruano, que suman 28 títulos como campeonas del mundo de windsurf, no tienen las medallas de Oro al Mérito deportivo. FOTO: DANIELL BOHNHOF/ HOCH ZWEI.

Torneo de pádel en Arévalo: 500 euros para el ganador y 300 para la ganadora; San Silvestre de Lerín: 800 euros para el hombre y 400 para la mujer; Bandera de Traineras en La Coruña: 2.500 euros para ellos y 1.000 para ellas; campeonato de surf: 1.000 euros para los hombres y un bikini para las mujeres… Estos hechos no son de hace décadas. Ocurren o han ocurrido recientemente en España. Son sólo unos pocos ejemplos, pero la lista es más larga y refleja una realidad dolorosa: que en pleno siglo XXI hay instituciones públicas que valoran de forma desigual el esfuerzo y los méritos de un hombre y una mujer cuando organizan o patrocinan eventos deportivos.

En España tenemos desde 2007 una Ley de Igualdad que, curiosamente, no señala nada al respecto, quizá por ser muy parca en el ámbito deportivo. Para corregir esa deficiencia, la formación Nueva Canarias ha presentado  en el Senado una proposición de ley que pretende introducir una modificación para que los premios deportivos subvencionados o financiados por la Administración Pública sean iguales para mujeres y hombres cuando se trate de la misma modalidad, disciplina y categoría. La senadora canaria María José López Santana fue contundente en su intervención en la Cámara alta: “Las mujeres tenemos que pelear primero para acceder, luego trabajar el doble para demostrar que merecemos estar, y después luchar para tener los mismos derechos y retribuciones que los hombres. Y el deporte tampoco es una excepción en esto”. La propuesta fue aprobada por unanimidad y ahora sigue su tramitación en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados. Si todo va bien podría salir adelante de forma definitiva en el próximo mes de abril.

La presión social y mediática ha conseguido corregir algunas de estas prácticas, como ocurrió en el reciente mundial de lucha canaria, en el que inicialmente se pagaron 3.000 euros al ganador masculino y apenas 1.000 a la campeona femenina, una cantidad posteriormente igualada a la de los hombres tras la polémica suscitada. En otras ocasiones, ha sido la concienciación de deportistas como las hermanas Daida e Iballa Ruano, que suman 28 títulos como campeonas del mundo de windsurf, la que ha impedido una situación de discriminación. Sus protestas permitieron que, en la prueba del circuito mundial, celebrada el pasado verano en Gran Canaria, la dotación del premio fuera, por primera vez, la misma para hombres y mujeres. Hasta ese momento, la cantidad asignada para ellas era de 20.000 euros menos. A pesar de estos ejemplos, es evidente que para acabar con esta discriminación es necesaria una normativa que la impida.

María José López Santana reconoce su sorpresa por las carencias que presenta la Ley de Igualdad en este ámbito. “Cuando acudí a ella para ver de qué manera se había trabajado el tema del deporte, me llamó la atención que sólo le dedicaran un artículo y lo único que plasmaban eran principios filosóficos y de buenas intenciones. Los senadores y senadoras me decían que era una cuestión obvia y que parecía increíble que tuviéramos que regularla. Pero si la tenemos que regular es porque se está dando una realidad que no es tan obvia para la sociedad”.

El objetivo de la igualdad debería estar presente siempre; sin embargo, no es así y su ausencia resulta más sangrante cuando se produce desde el ámbito público. “Hoy por hoy no podemos impedir que esas desigualdades se produzcan en los torneos privados, pero sabemos que la mayoría de los eventos deportivos tienen una gran carga de financiación pública y no puede ser que las administraciones las permitan. Si al final de una prueba deportiva, a una mujer le pagas diez veces menos que a un compañero por hacer el mismo esfuerzo, el mensaje es que ella es menos, que vale menos y que tiene derecho a menos. Las administraciones públicas se cansan de decir que hay que fomentar el deporte femenino.  Pero la única manera de hacerlo es, como yo digo, fomentando las tres ‘erres’: remunerarlo, retransmitirlo y reconocerlo institucionalmente”.

Cabe preguntarse cómo se siguen produciendo estas desigualdades cuando es de lógica que una institución pública no puede permitirlas en la sociedad actual. López Santana tiene una explicación para ello. “Hay un machismo latente que impregna todo en el ámbito deportivo. Se demuestra con los argumentos que dan los que defienden esta situación y que lo único que hacen es consolidarla. Uno de ellos es que las competiciones de hombres tienen más público y generan más ingresos. Eso es anteponer los intereses económicos a los derechos de las personas  y cuando eso pasa siempre pierde la sociedad. Lo que está claro es que si se retransmite más las competiciones masculinas se genera más afición. Si no se ofrecen eventos deportivos femeninos, que son de primera calidad porque las mujeres son las que han dado los mayores logros en los últimos años al deporte español, no generas interés ni afición y entonces tampoco se generan ingresos. Todo es la pescadilla que se muerde la cola. Hay que romper con ese ‘status quo’ que hay establecido”.

La senadora también desmonta otros razonamientos para justificar que los premios de la categoría femenina sean inferiores. Entre ellos está el de las diferentes capacidades físicas entre hombres y mujeres. “No es que nosotras seamos inferiores, es que somos distintas. Cuando hay oposiciones a bombero o a fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los estándares físicos que se piden a unos y a otros son diferentes pero les pagan igual. ¿Por qué entonces en el deporte no lo van a ser? No se deja fuera de una oposición a una mujer porque no llegue al mismo nivel físico que un hombre porque entonces los espacios sólo estarían copados por ellos. El tema de la diferencia física es tan evidente que utilizarlo como argumento es sólo un pretexto para seguir manteniendo la situación que hay. De hecho los profesores de educación física de los colegios ya están evaluando de manera diferente a niños y niñas, estableciendo los estándares en función de las capacidades. Ya es hora de que dejemos de usar al hombre como baremo para medir todas las cosas y de que dejemos de entender diferencia como inferioridad. Lo llamativo es que las inscripciones en los eventos tienen habitualmente el mismo precio para los hombres que para las mujeres pero luego hay premios desiguales sólo por tener otro sexo”.

El diferente trato en la recompensa económica en las competiciones entre ellos y ellas cuando las condiciones de partida son las mismas es muy llamativo, pero sólo es uno más de los numerosos déficits que presenta el deporte femenino, cuya realidad es definida por la senadora canaria como “un subgénero deportivo”. “Se dan desigualdades en todos los ámbitos, desde la cosificación de la mujer a las cláusulas anti embarazo, la menor cantidad de patrocinios, las escasas retransmisiones deportivas, el menor reconocimiento público, la escasa presencia en órganos de dirección y en puestos de entrenamiento, la ausencia de convenios colectivos, las diferencias salariales y de dietas… La escasa plasmación que hay en la Ley de Igualdad en el tema del deporte avala este panorama tan desolador”, afirma.

Por eso, López Santana asegura que no se va a parar cuando consiga la igualdad de retribuciones en los eventos deportivos públicos. “Eso debe ser solo la punta de lanza en la lucha a favor de la igualdad entre los hombres y las mujeres”, dice. Además, se lamenta de que “cómo se manosea el término igualdad” y pone como ejemplo el manifiesto por la Igualdad y la Participación de la Mujer en el Deporte que promovió el Consejo Superior de Deportes en el año 2009. “¿Qué ha cambiado para las mujeres deportistas en este tiempo? Nada”.

Las deficiencias que sufre el deporte femenino van de lo salarial a lo normativo pasando por el reconocimiento social e institucional. En este último aspecto también la autoridades deberían ser más sensibles. Llama la atención que pese a que el deporte femenino  atraviesa su mejor época –las mujeres han obtenido más medallas que los hombres en los dos últimos Juegos Olímpicos–, solo 31 medallas de oro al Mérito Deportivo, de un total de 163, concedidas por el Gobierno de España en los últimos cinco años han ido a parar a mujeres. “¿Cómo se puede explicar que las hermanas Ruano, que tienen un palmarés que no es comparable con casi nadie a nivel nacional, no tengan las Medallas de Oro al Mérito Deportivo?” se pregunta la senadora.

Hace más de once años que José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente que promovió la Ley de Igualdad, manifestó lo siguiente: “A la sociedad española le queda todavía un buen trecho para alcanzar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres”. Lo  triste es que, pasado este tiempo, esas palabras no han perdido ninguna vigencia.

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