"Es una bomba de relojería darle a un niño un móvil con acceso a internet"

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Se podría decir que han nacido con una tablet bajo el brazo. Apenas levantan un palmo del suelo y ya manejan con soltura el móvil de papá, mamá o sus abuelos. Ya en edad escolar navegan por internet para realizar trabajos y tareas y otros tantos ya tienen incluso su propio teléfono conectado a la red. Mientras unos veían en el siglo XXI el futuro, para ellos es el presente y a veces incluso parece que se les queda pequeño. Ni siquiera se les considera millenials, porque son más jóvenes que esa generación que conoció las nuevas tecnologías, pero también lo que hubo antes de ellas. Sin embargo, aunque la práctica la conocen a la perfección, los menores de edad desconocen muchas veces la teoría, qué hay detrás de internet y cuáles son sus riesgos; qué significa entrar en ciertas páginas y ver según qué contenidos. O qué supone hacer un vídeo o una foto y compartirla por redes sociales.

“Haciendo un símil con un coche, saben ponerse al volante y meter las marchas, pero no saben por qué carril deben ir ni los peligros de la circulación”, señala Adrián D. Bezares, delegado de Participación Ciudadana en la comisaría de Jerez, que junto a otros compañeros han iniciado una nueva edición del plan Ciberexperto, en la que, con la colaboración de Telefónica y de la Fundación Cibervoluntarios, imparten charlas a alumnos de Primaria para aportarles una visión más segura del uso responsable de internet, además de visualizar de manera real los riesgos y problemas que se pueden encontrar en la red.

En este sentido, Bezares recuerda que los pedófilos han encontrado un filón gracias a internet. “Muchos crean perfiles falsos en chats y redes sociales y se hacen pasar por personas de la misma edad de los chicos para contactar con ellos, ganarse su amistad para que les manden una foto con poca ropa o comprometida y así poder chantajearlos”. Al respecto, incide en la importancia de que los hijos tengan la suficiente confianza con sus padres, y viceversa, para, llegado el caso de una extorsión, “que no se lo callen, que acudan a los padres y luego a nosotros”.Otro aspecto que pone en riesgo la seguridad de los menores es el relacionado con las imágenes que cuelgan en internet y que a la larga pueden afectarles.  “Todo queda registrado y en un futuro, a la hora de buscar un trabajo, cualquier responsable de recursos humanos pueden rechazarlos por alguna fotografía comprometida”. Igualmente están aquellas fotos con contenido sexual que, voluntariamente, envían a sus novios o novias. “Con 13 o 14 años las relaciones son frágiles y en caso de ruptura, cualquiera de esas fotos puede acabar circulando por todo el instituto”, señala el responsable policial, que igualmente recuerda que esos hechos están tipificados como delitos. “Luego en comisaría llegan los lloros, pero nosotros no queremos trabajar con los niños en el miedo, sino con la prevención y el respeto”.

Adicción, ciber-acoso y machismo

Se estima que el 18 por ciento de los menores de entre 14 y 18 años abusa de las nuevas tecnologías, según datos aportados por el delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Francisco Babín. El pasado mes de febrero el Ejecutivo aprobaba medidas para atajar el uso compulsivo de las redes sociales por los menores. “Es una bomba de relojería darle a un niño de 10, 12 o 14 años un móvil con acceso a internet. Que por curiosidad entren en páginas con contenidos pornográficos casi es lo de menos. Es que hay sitios que promueven la violencia explícita, la bulimia o la anorexia, contenidos agresivos o que pueden influenciarles… Nosotros decimos a los padres que es entendible que quieran que sus hijos tengan móvil, pero hay móviles sin internet. Es como poner en manos de un niño que sepa cambiar marchas un Ferrari de 500 caballos, porque se la va a pegar nada más arrancar. Y desgraciadamente tenemos muchos accidentes en internet, porque tenemos niños que ni con 15 años tienen la madurez para manejar una herramienta tan poderosa. Hay que tener un poco de mesura y sentido común, porque no están preparados para eso”, considera Adrián D. Bezares.

Al respecto de esta adicción, Bezares alerta de aquellos chicos y chicas que vuelcan su vida en el mundo digital. “Suelen ser personas que tienen problemas de sociabilización, de integración, y encuentran su alivio en esa vida virtual echando siete, ocho horas en internet. Eso es un problema, porque les aísla de la vida real, de los amigos, de la familia, y hay que hacerles ver que internet está bien, pero no hay que abusar, porque son adicciones que crean síndromes de abstinencia tan grandes como los que crean el consumo de drogas como la cocaína o la heroína”.Además, la Policía está notando que están creciendo, de nuevo, los comportamientos “machistas y violentos” entre menores. “Percibimos en chicos muy jóvenes un gran sentido de posesión con las chicas, al igual que muchas chicas también tienen relaciones insanas de parejas”. Al respecto, muchos expertos relacionan estas actitudes con el cada vez mayor consumo de pornografía por parte de los menores, debido a su alto lenguaje de dominación y de relaciones insanas. De igual modo, esto puede estar detrás de algunos sucesos especialmente graves, como el ocurrido recientemente en un colegio de Jaén, en el que varios menores violaron a un compañero de clase. El mal uso de las redes sociales también está detrás de casos de ciber-acoso. “Normalmente, cuando alguien sufría abuso en el colegio, ese problema finalizaba en casa, pero ahora, si lo graban y lo cuelgan en las redes, ese agobio y ansiedad es mucho mayor en la víctima, porque el abuso se extiende a las 24 horas del día”.

Por todo ello, desde la Policía consideran “fundamental” el papel de los padres. “Muchos dimiten de la educación de sus hijos y piensan que la tienen que recibir en el colegio, y no es así. El centro es un apoyo, pero el otro gran pilar es la educación que reciben de la familia. Si desde la familia no encuentran valores de convivencia ni sociales, si en una familia no hay esa confianza, es todo más difícil. Nosotros decimos que no somos nadie para decirle a la gente cómo debe cuidar a sus hijos, pero sí detectamos que en las familias en las que hay confianza y comunicación es mucho más difícil que se produzcan este tipo de casos. La solución es fácil: La familia debe cuidar en valores y en comunicación”.

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