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La cooperativa La Reverde, nacida en 2011, produce verduras y hortalizas de manera ecológica en las dos hectáreas de terreno que tiene en Montealegre. Su presidenta, Marianna Zungri, cree que "la gente ha ido perdiendo contacto con las variedades tradicionales".

 

"Piensa globalmente, produce y consume localmente". Esta frase, que en tan poco espacio dice tanto, puede considerarse el eslogan de la cooperativa ecológica La Reverde. Fundada en 2011, en la actualidad acumula 125 socios, a los que surte de verduras y hortalizas cultivadas en las dos hectáreas de terreno que tienen en Montealegre, en una zona a la que se accede desde la cuarta rotonda de la avenida Juan Carlos I. El sentido de la cooperativa es "abastecer a los socios mediante el sistema de cajas", según explica Irene Roldós, miembro de La Reverde. El procedimiento es el siguiente: un socio hace un pedido a través de la web y los martes (día de reparto) acude a las instalaciones de la cooperativa a por su caja de hortalizas, que suele pesar entre cinco y seis kilos y cuyo contenido varía dependiendo de la época del año. 

Aunque tiene a tres personas en nómina, dos a tiempo parcial y una a tiempo completo, para la siembra y recogida ayudan los socios, ya que ése es otro de los pilares del funcionamiento de la cooperativa: el voluntariado. Además de las labores propias de la siembra y recolección, los voluntarios ayudan en el reparto, gestión de la página web, organización de eventos... "El que se hace socio es porque comparte los valores del cooperativismo y quiere sostener con un compromiso mayor ese tipo de proyecto", explica Marianna Zungri, presidenta de La Reverde. Las decisiones importantes, como es habitual en este tipo de organizaciones, se toman en asamblea -ayer mismo celebraron una-, y la asociación se rige bajo unos valores: "Tenemos una cuenta en el banco ético Triodos Bank y el seguro de responsabilidad civil y de los trabajadores con Caes, un consorcio de seguros éticos, porque también pretendemos transmitir unos valores distintos en la sociedad", explica Zungri.

En las huertas hay todo tipo de verduras y hortalizas: zanahorias, tomates, lechugas, sandías, pimientos, berenjenas, coles, espinacas, apio, acelgas, grecos, perejil, puerros, patatas... "Apostamos mucho por las variedades locales, como los tomates rosa, una variedad que ya no se comercializa porque pasa muy poco tiempo entre que está rosa y pasa a rojo, síntoma de que ya está pasado", explica Marianna Zungri. Gracias a La Reverde, "descubrimos productos que se han dejado de consumir", ya que cultivan variedades que "no se encuentran en los supermercados". "La gente -añade- no sabe si los tomates, por ejemplo, son de invierno o de verano, porque tenemos en el mercado unas cuantas variedades en exposición que se han seleccionado para que sean criadas en invernaderos. Por ejemplo, la lechuga iceberg se mantiene durante mucho tiempo, pero no sabe a nada, y ha ido en detrimento de otra variedad que es mucho más sabrosa".

Además, cada cierto tiempo añaden a las cajas una variedad de hortaliza distinta, como las coles negras. "En invierno cultivamos una que pesaba cinco kilos... eso en un mercado es impensable", cuenta Zungri. "La gente ha ido perdiendo contacto con las variedades tradicionales", por ello cada vez que distribuyen una variedad nueva explican a sus socios cómo limpiar la pieza y cómo cocinarla. Evidentemente, el sabor no tiene nada que ver con el de las verduras y hortalizas que consumimos habitualmente: "En algunos productos se nota una barbaridad, como en la zanahoria, el tomate, la patata… vuelves a conocer cómo saben las cosas", asegura Irene Roldós. "La idea es cambiar los hábitos de consumo, aquí no damos la opción de elegir las hortalizas que van en las cajas, sino que todo el que consuma nuestros productos tiene que habituarse a lo que ofrecemos", añade. "Es muy habitual que algunas personas de más edad nos comenten que los productos que tenemos son como los que comían de pequeños, cuando no era todo tan de plástico".

La actividad de la cooperativa no se rige sólo a la producción, ya que también organizan un mercadillo cada quince días, van a uno que se celebra en el Parque de Los Toruños (El Puerto), participan en el que organiza el Grupo de Desarrollo Rural (GDR) de la Junta y cuatro veces al año, una por estación, realizan una jornada de puertas abiertas. La última tuvo lugar en febrero y acudieron unas 300 personas. "Cada vez viene más gente", matiza Irene. En estas jornadas realizan degustaciones, exponen sus productos en un mercadillo, pero sobre todo "es una ocasión para ponerte en contacto con la tierra, porque aquí la gente ve de dónde sale la verdura", explica. Además, los que más aprenden son los niños, que "agradecen mucho este tipo de visitas, ya que hay muchos que no saben ni de dónde sale una zanahoria".

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