Ver para creer: en Sevilla hay una piedra que llora

'La piedra llorosa' recuerda el dolor de un alcalde por el fusilamiento de 82 sevillanos

Imagen de 'La piedra llorosa'.
Imagen de 'La piedra llorosa'.

En Sevilla hay una piedra que recoge el llanto histórico de un alcalde de la ciudad que no pudo soportar la pena por el fusilamiento de 82 de sus vecinos en la Plaza de Armas de El Campo de Marte. 

El entonces alcalde, García de Vinuesa, pidió el indulto para los condenados por el que fuera siete veces presidente del Gobierno de España, Ramón María Narváez. Su petición no fue atendida y tras ver que acabaron matando a los prisioneros, muchos de ellos jóvenes, se sentó en una piedra que todavía sigue al final de la sevillana calle Alfonso XIII.

Allí, el alcalde se sentó y se puso a llorar desconsolado por el fusilamiento de los jóvenes. Desde entonces, esa piedra se conoce como La piedra llorosa

Una imagen antigua en la que se aprecia una joven sentada sobre 'La piedra llorosa'.
Una imagen antigua en la que se aprecia a una joven sentada sobre 'La piedra llorosa'.

Una inscripción en el lugar recuerda aquellos acontecimientos. "Según la tradición popular, sobre este sillar, llamado desde entonces La Piedra Llorosa, se sentó a llorar amargamente el 11 de julio de 1857, el entonces alcalde de la ciudad al contemplar, tras tratar de impedirle su exilio, el fusilamiento de 82 jóvenes de Sevilla en la vecina Plaza de Armas de El Campo de Marte. El Ayuntamiento de Sevilla dedica este recuerdo en memoria de la actitud ejemplar de aquel alcalde como recordación futura contra la pena de muerte".

El libro Tradiciones y Leyendas de Sevilla, de José María Mena, narra también aquella escena. "Terrible Sevilla. Terrible España. En aquel espanto llegó el alcalde García de Vinuesa con dos alguaciles, en un último e inútil intento de salvarlos. Redoble de tambores. Suena la descarga del piquete de ejecución. Disparos de muerte. Y más horror: unas balas perdidas rebotan y matan a dos zagalones que han subido a un árbol a contemplar la macabra escena. García de Vinuesa, entonces, se fue hacia la Puerta Real. Desolado. Derrotado. En una esquina halló una piedra. Se sentó en ella. Todo un hombre, alcalde de la cruel ciudad, rompió en llanto. Sobre aquella piedra, García de Vinuesa lloró la muerte de aquellos sevillanos fusilados. Los alguaciles que lo acompañaban lo oyeron lamentarse una y otra vez, pañuelo en mano: ¡Pobre ciudad, pobre ciudad!".

 

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