Morante de la Puebla ya habla desde la cama del hospital después de la cornada con pronóstico "muy grave" sufrida en Sevilla. El torero ha relatado cómo vivió la cogida y los momentos posteriores. Ha sido, reconoce, “la cornada con más dolor” de toda su carrera. Después de pasar la noche en la UCI del hospital Viamed de Sevilla, donde ingresó tras ser operado de urgencia en la enfermería de la Maestranza, el diestro ya ha salido de cuidados intensivos y permanece en planta.
La situación, dentro de la gravedad de la herida, presenta una evolución inicial positiva. Así lo trasladan tanto el propio torero como el doctor Octavio Mulet, en entrevista con el periódico El Mundo, responsable de la intervención y firmante del parte médico. La evolución está siendo “muy buena” y Morante se encuentra “muy bien, con el dolor controlado”, aunque el gran temor en estas primeras horas sigue siendo el riesgo de infección, mayor por la existencia de lesión intestinal. Aun con ese escenario, el médico subraya que no se ha producido ninguna complicación en este arranque de la recuperación, como la temida fiebre que advertiría de una posible infección en la sangre, el peor escenario en casos así, la septicemia.
El tratamiento obliga ahora a extremar las precauciones. Morante tendrá que seguir ingresado, sin alimentación oral durante varios días y con nutrición por vía parenteral, es decir, alimentado por vena, con el objetivo de mantener el intestino en reposo y proteger la herida. En lugar de recurrir a una bolsa de colostomía, supondrá no comer y recibir todo por vía intravenosa para reducir al mínimo el tránsito intestinal. Además, el doctor apunta que en unas horas podrá ponerse en pie y empezar a moverse, aunque insiste en la entrevista en que todavía es pronto para poner fechas a la recuperación.
Las palabras de Morante
Desde la propia cama, Morante de la Puebla asegura que ha sido “la cornada con más dolor que he sentido nunca”. Sintió “un dolor inmenso” y pasó “muchísimo miedo” al pensar que estaba perdiendo mucha sangre. Su temor, según explica, fue inmediato y muy concreto: “Temía que me hubiera alcanzado las tripas”. Solo cuando llegó a la enfermería y comprobó que el sangrado era menor de lo que imaginaba consiguió relajarse algo, aunque el dolor siguió siendo intensísimo, y que mostraba en la propia plaza al ser consciente del pinchazo.
La pasada noche ha sido “un poco regular, de dormir poco”, si bien añade que no ha tenido muchos dolores. Está resignado a lo que venga: “Tendré que estar unos días así, con nulo alimento y espero poderlo pasar con un poco de paciencia”. Incluso se refiere a la vía para alimentarse: “Nunca me la he puesto, pero dicen que es con un catéter que te llega más a la vena gruesa para que entre el alimento mucho mejor”.




