La dichosa calabaza arrojó en el concurso de la semana pasada, organizado por el Ayuntamiento, un peso de 293,8 kilos y ganó el primer premio, claro. De hecho, constituyó el récord en este certamen que cada verano reúne a los ejemplares más gigantescos y lustrosos de este municipio sevillano que pone en la balanza no solo calabazas, sino sandías negras y rayadas y racimos de uva que rondan los diez kilos. Pero es que, por si fuera poco, el segundo premio del concurso fue para otra calabaza, procedente de la misma explotación familiar, que pesó 271’8 kilos. Es decir, que solo entre las dos (y sin contar con el tercer premio, que solo pesó 146 kilos), se han contabilizado 565 kilos de calabaza, mucho más de lo que cualquier supermercado suele exponer en sus estanterías en temporada alta.
Tales exageraciones solo pueden darse en el pueblo sevillano que presume de récords: Los Palacios y Villafranca, que produce 16 millones de kilos de tomates cada año porque tiene el mayor número de invernaderos de toda la provincia (la mitad de toda Sevilla), que consiguió el Récord Guiness en 2013 por la mayor fritada de tomates del mundo (2.662 kilos para que mojara pan todo el pueblo y sobrase) y que volvió a hacerlo en 2018 con un racimo de uvas que pesó 10 kilos y 120 gramos.

- El ejemplar de Aurora y Rosa Rodríguez Caballero con el alcalde de Los Palacios el día del concurso.
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En el último concurso, el celebrado el pasado viernes, las mismas dueñas de la calabaza, las hermanas Aurora y Rosa Rodríguez Caballero, pulverizaron su propio récord de calabaza hiperbólica cosechado en el año de la pandemia del Covid con un ejemplar de 180 kilos. Comparada con estas, aquella calabaza de hace seis años parece ya pequeña. Y tan grandes son los dos ejemplares de esta vez, que en vez de comprársela el restaurante Manolo Mayo -que acogió el concurso y que en otras ocasiones se ha quedado con ejemplares tan mayúsculos para lucirlos y cocinarlos a continuación- ahora son las propias agricultoras las que han decidido trocearlas y repartirlas entre sus paisanos.
Los Palacios y Villafranca tiene 38.700 habitantes, pero si cada hogar se lleva una bolsita de 200 gramos aproximadamente, puede haber calabaza para todos los hogares. “E incluso para gente de fuera que nos está pidiendo a través de las redes sociales”, asegura Rosa, sorprendida con la buena acogida de la propuesta, tan solidaria.
“Lo estamos haciendo de la forma más natural del mundo”, cuenta su hermana Aurora: “Las estamos troceando en pequeñas porciones y las metemos en una bolsa. Y en la puerta de mi casa, como en los viejos tiempos, las hemos metido en espuertas y todo el vecino que pasa y quiere un trozo se lleva su bolsa”.
En efecto, el encargado de repartir las bolsas de calabaza es “nuestro sobrino, porque nosotras estamos trabajando y no podemos compaginar, así que el chiquillo las reparte la mar de contento”. “Y cada cual le da el uso que quiere, ya sea para el potaje, para hacer cremas, bizcochos o dulces caseros”, explica Rosa.

- Partes de la calabaza de Aurora y Rosa ya troceadas.
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“Para nosotras es una alegría compartirla y que los vecinos disfruten del fruto de esta tierra tan maravillosa”, asegura Rosa, la joven agricultora que lleva más de una década arrasando en este concurso con sus calabazas cada vez más grandes. “No queremos que se desperdicie ni un solo pedazo”, han publicado ellas mismas en sus redes sociales, donde anima a todo el mundo a “ponerse en contacto con nosotras”.
La célebre calabaza palaciega de este año está muy lejos todavía del récord mundial que cultivaron los hermanos gemelos británicos Stuart e Ian Paton el año pasado y que arrojó un peso de 1.278 kilos. Pero Los Palacios y Villafranca está amasando un récord distinto: el de la generosidad.
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