Alcalá de los Panaderos, la que se define igualmente por el río que la baña —el Guadaíra—, los almacenes de aceituna y las canteras de albero, tiene a partir de ahora un motivo más del que presumir incluso de noche: su impresionante Castillo, que no en vano constituye el recinto amurallado más extenso de la provincia de Sevilla.
La alcazaba almohade del siglo XII, que adquirió su constitución definitiva tras la conquista de la capital hispalense por parte del rey castellano Fernando III, estrenó anoche una iluminación artística que realza todos sus valores para ser disfrutados no solamente de día, como hasta ahora, sino también cuando la noche “transforma los lugares y la forma de disfrutarlos”, como se insiste en el vídeo promocional que la Delegación de Identidad y Cultura, que dirige el andalucista Christopher Rivas, llevó recientemente a Fitur y que este pasado jueves por la tarde volvió a proyectarse en la puesta de largo de esta novedosa iluminación nocturna.
Es "la joya de nuestro patrimonio", aseguró el delegado de Hábitat en el Ayuntamiento alcalareño, David Delgado, en referencia al Castillo y en un acto repleto de invitados en el centro San Miguel al que, por supuesto, acudió la alcaldesa, Ana Isabel Jiménez (PSOE), y otros ediles de la corporación municipal, además de una amplia representación de las asociaciones de panaderos, patrimonialistas, fotógrafos y del museo de la ciudad que va a revitalizarse a la par que el Centro de Interpretación del Castillo.


La comitiva inaugural paseó durante el último crepúsculo de ayer por las distintas dependencias de un Castillo calificado por la regidora de Alcalá de Guadaíra como “el símbolo y el origen de los alcalareños”, pues la localidad surgió primero en el interior del enorme recinto amurallado y más tarde, a partir del siglo XV, fue creciendo extramuros.
Jiménez y Rivas insistieron en que, para las visitas nocturnas proyectadas para todos los fines de semana de febrero y marzo, basta con reservar en la web del Ayuntamiento. Ya tiene que ser para el próximo fin de semana, porque para este se han agotado las 1.100 plazas en menos de 48 horas. “Eso dice mucho de la demanda que había”, insiste Rivas, que ayer no perdía detalle en las explicaciones que dispensaba al primer grupo una de las guías turísticas de la empresa Engranajes Culturales, que se dedicará a enseñar el recinto, a ilustrar sobre su historia y a emocionar con sus leyendas, tan variopintas.
170 luminarias LED
La mayoría de las 170 luminarias que se estrenaron anoche para ganar una dimensión completamente nueva del Castillo de Alcalá se sitúan en el suelo, porque “nadie puede esperar que lo convirtamos en la torre Eiffel”, insistió Christopher Rivas, aunque muchas otras se hallan en el interior de las torres, lo que se califica como por contraste en negativo.
Lo que busca la inédita iluminación del conjunto es realzarlo de un modo respetuoso, sutil, tenue y desde luego artístico. La inversión de los trabajos, que comenzaron antes del pasado verano, ha supuesto unos 135.000 euros, que no han salido de las arcas municipales, sino de una subvención de Red Eléctrica Española.
Se espera que la iniciativa, aplaudida ayer por los primeros visitantes, sorprendidos por el nuevo Castillo que se perfilaba a sus ojos, atraiga más visitas y una perspectiva turística que no se tenía y que ahora “abre un mundo de posibilidades”, señaló la propia alcaldesa, orgullosa de que la nueva iluminación no contamine la visita y de que un Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1985 pueda redimensionarse ahora para muchos más visitantes que, incluso de noche, o sobre todo de noche, verán resaltados sus valores arquitectónicos y la diversa magia pétrea de sus murallas, sus almenas y merlones.

Un Castillo con futuro
La soberbia fortaleza de Alcalá de Guadaíra, situada al final de la empinada Avenida del Águila, es el mayor emblema patrimonial de los alcalareños, aunque no fuera hasta 1924 –como ochocientos años después de su construcción- cuando fue declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico. Desde hace cuatro décadas es BIC.
La alcaldesa insistió ayer en que, si el Castillo es “nuestro pasado y nuestro presente, también tiene que ser nuestro futuro”, en referencia al anillo cultural del que el Consistorio se siente tan orgulloso cuando otea, desde los adarves, la ribera del Guadaíra y un barrio, el de San Miguel, que se empeña a sí mismo en revitalizarse con la cercanía y familiaridad al mayor monumento local, con el trasiego de turistas y con una joven peña flamenca, El Arrabal, capaz de poner a cantar y a bailar a más de 300 chiquillos que suelen hacerlo en las cuevas.

Realidades y leyendas
El Castillo, ahora iluminado para que durante estos dos próximos meses acoja visitas de unos 20 minutos –se ampliarán a casi la hora cuando llegue el mes de abril-, está plagado de realidades históricas en las que fueron cociéndose diversas leyendas vinculadas a sus distintos espacios: el patio de los Silos, en cuyos almacenes no solo se guardó grano sino que también sirvieron de prisión; el patio de la Sima, ese pozo que suministraba agua a sus habitantes durante la Edad Media; los baños árabes, con sus diversas zonas de aguas frías, templadas o calientes para una clientela que se conformaba con el vapor; o las casas palacio donde se fueron instalando, a lo largo de los siglos, familias nobles más allá de la época de Leonor de Guzmán, aquella amante a la que el monarca Alfonso XI dio el primero de los Trastámara, el rey Enrique II, y que se convirtió en la dueña no solo del Castillo, sino de toda la villa de Alcalá de Guadaíra, o de Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, que reforzó sus murallas.
Precisamente en las visitas que llenan de contenido los guías turísticos de la empresa Engranajes Culturales se da buena cuenta de la relación de leyendas vinculadas a este Castillo al que también arribó el ejército francés cuando la invasión napoleónica.
Jornadas de puertas abiertas
Desde la inauguración de la nueva iluminación nocturna del Castillo, durante todos los fines de semana de febrero y marzo se van a mantener las jornadas de puertas abiertas, hasta que “volvamos a las visitas de casi una hora de duración, y ya veremos si, además de viernes, sábado y domingo, tenemos que abrir los jueves, en función de la demanda”, ha adelantado Christopher Rivas, orgulloso del paso adelante que “estamos dando en el uso turístico de Alcalá” y de la “forma distinta que tendremos ahora de multiplicar el turismo”. En la recámara, el proyecto de terminar de iluminar también la cara sur del Castillo, como ya está la cara norte.
"Ya se acabó lo de echarle el cerrojo al Castillo solo porque esté atardeciendo", ha dicho Christopher Rivas, alcalareño de pura cepa que sabe lo que ha supuesto esta nueva iluminación para el realce monumental de esta integrada alcazaba en un pueblo desde el que se otea Sevilla, el Valle del Guadalquivir y la campiña sevillana; este recinto amurallado que ha sido testigo, en la pura realidad, de su propio abandono a partir del siglo XVII y de su conversión en objeto de inspiración para los paisajistas de la llamada Escuela Alcalareña (David Roberts, Manuel Barrón y Carrillo, Joaquín Guichot o Emilio Sánchez Perrier); y, en la pura ficción, de su propio paisaje literario para una protagonista internacional como Nancy en aquella tesis que firmó Ramón J. Sender por estos lares.


