En la localidad barcelonesa de Santa Coloma de Gramenet, donde llevaba afincado 50 años, ha sonado más la noticia de su fallecimiento, lógicamente, que donde sigue residiendo buena parte de su familia desde que su padre, Florián Luna, aterrizó desde el pueblo extremeño de Montemolín: el municipio sevillano de Los Palacios y Villafranca. Pero Máximo Luna Luna, que acaba de marcharse a los 76 años de edad dejando un legado de compromiso con los derechos sociales en ese municipio catalán de 124.000 habitantes y donde ha regentado un bar que es un auténtico referente en la Plaza del Reloj, el Frankfurt La Paz, mamó la necesidad de la lucha obrera desde que era un niño en las marismas del Guadalquivir, en cuyas explotaciones arroceras se vio trabajando desde finales de los años 50 del pasado siglo.
Su padre, Florián Luna, al que hace una década se le rotuló una calle en Los Palacios y Villafranca, no aterrizó en cualquier barrio de este pueblo, sino precisamente en el más necesitado de todos, el de El Cerro. Allí, en una casita de pasto como las de sus vecinos, se ganó la vida como sillero, manipulando los montones de anea que recogía en las muchas lagunas que había entonces por estos terrenos marismeños.
Por fortuna para su familia de diez hijos, los responsables de los cines de verano del tardofranquismo en Los Palacios y Villafranca se acostumbraron a encargarle al sillero Florián el arreglo de las imperfecciones de los asientos, un oficio que solo ha heredado su hijo Juan, hermano de Máximo, quien llegó al barrio de El Cerro con solo cinco años.
Pero Florián Luna era también el responsable de prensa comunista cuando en un pueblo como aquel no les estaba permitido a los pobres ser responsables de nada, y mucho menos de nada que uniera bajo la misma responsabilidad los conceptos de prensa y comunismo. Por eso la vivienda de Florián contaba con una ventana tapiada con dos pilares donde caían clandestinamente los ejemplares de Mundo Obrero.
Fue precisamente Máximo quien compartió enseguida los ideales políticos con su padre y ambos se convirtieron en transmisores de la lucha obrera en unas marismas donde los braceros no habían oído hablar ni por casualidad de derechos, de desempleo o de descanso. El domicilio de la familia Luna era un punto estratégico para la distribución de octavillas que el franquismo prohibía taxativamente.
Una paliza por repartir propaganda
La lucha por los derechos sociales tuvo consecuencias claras y directas en aquel pueblecito marismeño donde a muy poca gente se le hubiera ocurrido señalarse de tal modo. “Lo cogieron repartiendo propaganda y le dieron una paliza impresionante”, relataba ayer una de sus hermanas, Granada, que sigue viviendo en Los Palacios. “Tardó muchos meses en recuperarse”, añade.
Cuando fue enjuiciado por ello, “le salieron dos años de cárcel”, recuerda Granada, y es su padre quien decide que no entre en prisión, sino que se vaya a Barcelona. “Estuvimos dos años sin saber nada de él en la familia, porque realmente no sabíamos dónde se encontraba”, rememora Granada Luna.
Al poco murió Franco y, durante la Transición, Máximo se afincó en Santa Coloma de Gramenet sin cambiar un ápice su actitud de lucha: participó en huelgas, organizó piquetes y afrontó “más de un susto que puso en juego su integridad”, recuerda hoy su sobrino Florián Ramírez Luna, el nieto del primer Florián que llegó a Los Palacios y el hijo de Granada, que es precisamente ahora concejal en el pueblo y delegado de Educación, Medio Ambiente y Transformación Digital. “Fue la constancia de gente como mi tío la que, sumada a la de miles, abrió los huecos por donde entró la democracia en este país”, ha señalado. “Nunca en su vida dejó de ser una referencia política y humana para su entorno”.
Primer teniente de alcalde
Máximo Luna formó parte del primer ayuntamiento democrático en Santa Coloma. Entre 1979 y 1982, ejerció como concejal en el mandato del alcalde Lluís Hernández. El Ayuntamiento de la localidad catalana emitió ayer un comunicado y un sentido pésame a la familia, reconociendo que “su trayectoria política quedó estrechamente ligada a una etapa clave de la historia local, marcada por la consolidación de las instituciones democráticas en Santa Coloma”
A lo largo de su vida, Máximo Luna se implicó en la vida de su municipio de adopción y militó sucesivamente en el PSUC, en el PCC y finalmente en el PCPC.
Su mujer y sus dos hijos han recibido igualmente el pésame del alcalde palaciego, Juan Manuel Valle (IP-IU), consciente de la amistad que unía a Máximo con su propio padre, Juan Valle, que también fue alcalde de la localidad sevillana a comienzos de la década de los 80.
“Ha fallecido un luchador antifranquista que tuvo que marcharse de nuestro pueblo, perseguido por la dictadura de Franco por luchar por la conquista de las libertades y la democracia”, ha señalado el regidor palaciego, que también ha enviado una corona de flores desde su partido, como lo han hecho el Partido Comunista de Madrid, el PSC de Barcelona, el propio Ayuntamiento de Santa Coloma y hasta instituciones del PC cubano.
El funeral tendrá lugar hoy domingo a las 13.00 horas. Todos los que conocieron a Máximo hablan de una persona cabal, honesta y de que era puro corazón. Ahora descansa en paz con la confianza de que deja aquí sobrada memoria.


