La última fábrica de mantas de Grazalema se reinventa para salvar tres siglos de historia

Artesanía Textil de Grazalema, que acaba de recibir una de las Banderas de Andalucía por el 28F, mantiene viva una industria que llegó a emplear a 9.000 trabajadores y cuyos tejidos llegaron a los campos de batalla de Flandes, en un nuevo episodio de la serie de artículos que lavozdelsur.es dedica a la localidad serrana

Mario Sánchez, cuarta generación de Mantas de Grazalema, la única fábrica que se mantiene en el pueblo.
04 de marzo de 2026 a las 19:54h

Grazalema, hoy con poco más de 1.500 habitantes, llegó a superar los 9.000 a finales del siglo XIX gracias a la industria lanera. En aquel momento funcionaban diez fábricas y alrededor de 4.000 personas, casi la mitad de la población, trabajaban directa o indirectamente en el sector.

Ahora solo sobrevive Artesanía Textil de Grazalema, donde todavía se producen mantas, ponchos, bufandas o chales de forma artesanal, una empresa familiar con 40 años de historia que por el pasado 28F fue reconocida con una de las Banderas de Andalucía de la provincia de Cádiz que otorga la Junta. Y cuya historia forma parte de la serie de artículos que lavozdelsur.es dedica a Grazalema cuando se cumple un mes del desalojo del pueblo por las incesantes lluvias de principios de año. 

La actual Artesanía Textil de Grazalema se encuentra a las afueras del pueblo y está dirigida por Mario Sánchez, cuarta generación de una familia dedicada a este oficio. La historia empresarial comenzó en 1908, cuando Vicente Narváez inició la producción de mantas. En los años 40, coincidiendo con la llegada de la electricidad al municipio, amplió las instalaciones y trasladó la fábrica de hilados y tejidos de lana Nuestra Señora del Carmen, cuyo rótulo aún se conserva en la entrada.

Posteriormente tomó el relevo José Mario Sánchez Román, abuelo de Mario y sobrino de Narváez, quien fundó en 1986 la actual sociedad Artesanía Textil de Grazalema e incorporó los primeros telares mecánicos. Su hijo, José Mario Sánchez Campuzano, asumió la dirección en 1995. Hoy la empresa sigue en manos de la familia. 

Una manta de Grazalema, recién salida del telar.  JUAN CARLOS TORO

Una empresa que combina tradición y modernidad

El interior de la fábrica conserva maquinaria histórica que aún forma parte del proceso de fabricación. Entre ellas destaca un batán del siglo XIX, una máquina que golpea los tejidos con mazos de madera húmedos para compactar la lana y mejorar su resistencia.

Pero va más allá. La estrategia de la dirección pasa también por renovar maquinaria, formar a nuevas generaciones y adaptarse a los nuevos canales de venta. La empresa está modernizando sus instalaciones para asegurar la continuidad de la actividad. En los últimos años se han incorporado dos nuevos telares, adquiridos en 2023 y 2025. La inversión no busca aumentar la velocidad de producción, sino garantizar el mantenimiento del proceso.

Un operario de la empresa, en uno de los telares nuevos.  JUAN CARLOS TORO

“Las máquinas antiguas se estaban quedando sin repuestos ni técnicos que supieran arreglarlas”, explica Sánchez. Los nuevos equipos permiten realizar el trabajo con mayor seguridad y eficiencia, aunque el proceso artesanal se mantiene.

“Estamos invirtiendo para que el negocio no se pierda y pueda seguir dando de comer a la gente”, explica Mario Sánchez, quien en un paseo por las instalaciones enseña los nuevos telares, con pantalla táctil, que producen más y mejor que los antiguos, algunos con cerca de un siglo de vida. 

Un operario de la empresa prepara los hilos para que la máquina los teja. JUAN CARLOS TORO

Actualmente, la fábrica cuenta con una plantilla de diez trabajadores y se encuentra en pleno proceso de renovación generacional. "Se ha jubilado parte de la gente mayor y estamos incorporando jóvenes para que aprendan el oficio”, explica Sánchez.

Pero aprender este trabajo requiere tiempo. “El oficio no se aprende rápido, se aprende con alguien al lado durante meses”, insiste. Según el empresario, no todo el mundo sirve para este tipo de trabajo. “Hay que ser tranquilo, paciente y que te guste trabajar con las manos. Tener interés y gusto por el trabajo bien hecho”, reseña.

Las mantas que abrigaron en Flandes

Durante siglos, las mantas de lana de Grazalema han sido símbolo de una industria que marcó la economía local y que hoy sobrevive gracias a una sola fábrica: Artesanía Textil de Grazalema, donde todavía se producen mantas, ponchos, bufandas o chales de forma artesanal.

La historia de estos tejidos se remonta incluso a los conflictos europeos del siglo XVII. Durante la llamada Guerra de los 80 años, en la que los tercios españoles combatieron en Flandes —territorios que hoy corresponden a Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y parte de Francia—, los soldados españoles utilizaban mantas de Grazalema para combatir el frío de aquellas regiones del norte de Europa. 

Mario Sánchez, cuarta generación de Mantas de Grazalema, entre las máquinas que tejen las famosas Mantas. JUAN CARLOS TORO
Maquinaria histórica de Mantas de Grazalema, que tiene un batán del siglo XIX.  JUAN CARLOS TORO

La importancia económica de esta actividad fue tal que incluso Felipe V otorgó privilegios a los fabricantes textiles de la localidad. Historiadores como Romero de Torres destacaron en sus escritos el carácter industrial del municipio durante siglos.

Sin embargo, aquella pujanza se fue debilitando progresivamente con la industrialización, las dificultades de comunicación y la aparición de nuevas fibras textiles que desplazaron a la lana. Hoy solo queda la fábrica que regenta Mario Sánchez y su familia.

De industria masiva a presencia 'romántica'

El contraste con el pasado es enorme. Si a finales del siglo XIX trabajaban miles de personas en el sector, hoy la actividad es casi testimonial. “Había unas 4.000 personas trabajando en el textil. Éramos como Ubrique con la piel”, explica Sánchez.

El declive llegó por varias razones: la industrialización, la falta de infraestructuras y la aparición de fibras sintéticas. “Si miras cómo vamos vestidos hoy, casi todo es acrílico o materiales derivados del petróleo”, señala. La lana perdió protagonismo y muchas fábricas desaparecieron.

Un trabajador de Mantas Grazalema, ajustando un telar.  JUAN CARLOS TORO

La materia prima procede principalmente de ovejas merinas, cuya lana se beneficia del clima húmedo de Grazalema, uno de los municipios donde más llueve de España. La abundancia de pastos favorece una fibra de gran calidad.

Sin embargo, la producción local ya no es suficiente para mantener la actividad. Los ganaderos de la zona se han orientado hacia la carne y el queso, por lo que la fábrica también utiliza lana procedente de otras regiones, especialmente Extremadura. “Si solo usáramos lana de aquí sería algo muy romántico, pero no podríamos mantener la empresa”, reconoce Sánchez.

Un mercado internacional… y el turismo

Las mantas de Grazalema continúan encontrando mercado fuera de la provincia. La empresa vende productos en distintos puntos de España y exporta a países como Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda o Japón.

Un telar centenario que sigue en funcionamiento en Mantas de Grazalema.  JUAN CARLOS TORO

Las exportaciones suponen alrededor del 15% de la facturación, mientras que el resto procede principalmente del mercado nacional. La empresa también ha apostado por la venta online, una herramienta que permite ampliar el alcance de sus productos.

Pero hay otro factor clave para la supervivencia de la fábrica: el turismo. “Nos salva”, admite Sánchez. Cada año numerosos visitantes recorren las instalaciones para conocer el proceso artesanal y adquirir mantas que forman parte de la identidad histórica del municipio.

Sobre el autor

Francisco Romero

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