Hay preguntas que permanecen enterradas durante 5.000 años. En la necrópolis de Campo de Hockey, en San Fernando, una de ellas tiene que ver con 18 niños cuyos restos han sobrevivido hasta nuestros días. Dos fueron enterrados con ajuares especialmente ricos y cerca de tumbas monumentales. Ahora, una nueva investigación quiere averiguar si aquellos infantes eran niños o niñas y si su sexo pudo determinar el lugar que ocuparon incluso después de morir.
Esta necrópolis gaditana, que salió a la luz en 2008 durante los trabajos previos a la construcción del campo de hockey de la localidad –y hoy ya de nuevo enterrada bajo esta instalación deportiva– es una excepción entre los diferentes restos arqueológico del Neolítico en España. Y es que, de los 72 individuos documentados, 18 son infantiles. Y, además, sus restos presentan un estado de conservación especialmente bueno.
"Hay una gran sobrerrepresentatividad de niños", explica Jesús Corrales Díaz (Jerez de la Frontera, 2002), investigador predoctoral en la Universidad de Valladolid y director del proyecto ¿Niños y niñas? En búsqueda de la población infantil en el Neolítico de la Bahía de Cádiz a través del análisis bioarqueológico, financiado por la Fundación Provincial de Cultura de la Diputación de Cádiz e impulsado por la Asociación Profesional del Patrimonio Histórico-Arqueológico (Aspha), junto al grupo de investigación Thalassa, de la Universidad de Cádiz.
Además de Corrales, el equipo interdisciplinar que participa en el proyecto está integrado por Adolfo Moreno Márquez (Universidad de Almería), Alejandro Muñoz Muñoz (Investigador predoctoral Universidad de Cádiz), Serafín Becerra Martín (Director del Museo Municipal de Teba) en coordinación con el doctor Eduardo Vijande Vila (Universidad de Cádiz)
El yacimiento, cuya cronología se sitúa en torno al V milenio antes de Cristo, constituye uno de los enclaves más antiguos documentados del sur peninsular relacionados con las primeras comunidades megalíticas. En su interior aparecieron enterramientos individuales en estructuras de tipo silo, es decir, hoyos excavados en la tierra que posteriormente fueron monumentalizados con grandes piedras.
Pero lo que hace especialmente interesante a Campo de Hockey no es únicamente su antigüedad. Es, sobre todo, la posibilidad de estudiar a una población infantil que habitualmente permanece prácticamente invisible en el registro arqueológico.
"En arqueología, los niños han sido normalmente un colectivo marginado y sobre todo en la prehistoria", explica Corrales. Esto se debe, explica, a que los restos de los adultos aportan una mayor información osteológica (sexo y edad) de manera directa además del estado de conservación, que por lo general suele ser mejor en los adultos.

- Otros restos infantiles hallados en el yacimiento de Campo de Hockey, en una imagen de archivo
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Por eso, el que los huesos infantiles sean más pequeños y frágiles, provoca que sea más difícil que sobrevivan miles de años. Pero existe también una cuestión relacionada con la propia investigación arqueológica. "Más allá de la conservación, el problema es que los niños no se han estudiado tanto a nivel antropológico en contextos funerarios prehistóricos de la provincia de Cádiz", reconoce Corrales.
"Tradicionalmente, en arqueología, los de los niños suelen ser los restos poco atractivos que no te aportan muchos datos para obtener el perfil biológico de la población estudiada, porque es más complicado sacar datos de ellos", resume para explicar una realidad que ahora esta investigación quiere empezar a cambiar.
El misterio de las tumbas infantiles
En Campo de Hockey, sin embargo, esos restos sí pueden aportar información. Entre los enterramientos existen dos tumbas con un ajuar especialmente rico asociado a individuos infantiles. Es una circunstancia poco habitual y que abre una pregunta que va más allá de la de su sexo biológico: ¿qué importancia tenían esos niños dentro de su comunidad?
Ese ajuar lo forman collares de conchas y colgantes de piedra, señala Jesús Corrales. Además, explica que algunos menores fueron enterrados en zonas próximas a tumbas de mayor monumentalidad. El nuevo proyecto pretende averiguar si esos tratamientos estaban relacionados con el sexo de los individuos. "El objetivo es encontrar patrones entre el ajuar y la monumentalidad de las tumbas para determinar la importancia de estos niños en la necrópolis y, por tanto, en la comunidad".
La respuesta podría permitir saber si existían diferencias entre niños y niñas a la hora de ser enterrados, pero también identificar posibles desigualdades dentro de la propia población infantil. "Habría individuos que tendrían acceso a estas tumbas e individuos que claramente no tendrían acceso a ellas", apunta Corrales.
Eso no significa, sin embargo, que los investigadores puedan reconstruir de golpe la posición social de aquellos menores. La arqueología tiene sus límites, sobre todo cuando se habla de los presupuestos que se dispone para las diferentes investigaciones.

- Jesús Corrales (izquierda) durante una conferencia sobre el proyecto '¿Niños y niñas?'
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Para conocer, por ejemplo, si alguno de ellos era hijo de una persona con una posición destacada dentro de la comunidad, sería necesario establecer relaciones de parentesco mediante análisis de ADN. "Para eso hace falta muchísima inversión", explica Corrales, pero de todas maneras recuerda que ese no es el objetivo actual de la investigación, sino determinar el sexo de los individuos infantiles y cruzar esa información con las características de sus enterramientos.
Un diente como máquina del tiempo
Para conseguirlo, recurrirán a la paleoproteómica, una disciplina científica que estudia las proteínas antiguas conservadas en restos fósiles. En este caso gracias a esta técnica se determinará el sexo biológico de los individuos infantiles, algo que resulta especialmente complicado mediante el estudio convencional de sus restos óseos.
La importancia de esta técnica va más allá de los 18 niños y niñas de Campo de Hockey. Los restos humanos constituyen auténticas "cajas fuertes de información" sobre las poblaciones del pasado, afirma el investigador.
La investigación permitirá comprobar si existe una mayor presencia de niños o de niñas y, sobre todo, si el sexo guarda alguna relación con el ajuar, el tipo de tumba o su ubicación dentro de la necrópolis. Y de paso, se empezará a cambiar también la forma de estudiar los restos infantiles. "Se deben estudiar más", defiende Corrales, si bien señala que ya empieza a haber una corriente, dentro de la arqueología, que empieza a darle mayor importancia a este colectivo tradicionalmente menos estudiado.
En este sentido, Campo de Hockey ofrece una oportunidad excepcional en una necrópolis donde los niños representan una cuarta parte de los individuos documentados. Porque quizá la respuesta a cómo trataba aquella sociedad prehistórica a sus niños y niñas estaba allí desde el principio, enterrada junto a ellos. Solo faltaba disponer de la herramienta adecuada para poder descubrirla.
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