Los boquerones del 5 de septiembre

Barbate recuerda con dolor la tragedia del Nuevo Pepita Aurora, que supuso la pérdida de ocho hombres que dejaron su vida en el mar

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“¿Te has enterado? El viernes hubo partes de 500 y 600 euros…” Un oasis en el desierto. Después de años y con una flota menguada, donde el barco que no ha ido al desguace, se hunde en el mismo puerto, Barbate sigue sobreviviendo. La plaza de Abastos era un clamor, las gentes se preguntaban como antaño “¿cuántas cajas de boquerones lleva el García Lara?”, pregunta una señora, “pero si ese ya no faena”, le contesta un caballero. Aunque no es lo que fuera hace años, al menos por un instante los marineros barbateños y sus familias han recordado aquellos tiempos de bonanza en la lonja del puerto de la Albufera.

Quizás esa alegría se empañe con el recuerdo y la vista atrás. Nadie ha olvidado un suceso que sacudió la población hace diez años y que todavía un mar de dudas se extiende por lo que aconteció un 5 de septiembre de 2007. Caladero marroquí. Martes, 5 de septiembre. 10:00 am. Varios buques barbateños terminan la faena. A 58 millas, en la Estación Radio Puerto Pesquero, se recibe el mensaje de las capturas obtenidas y que se procede a iniciar el regreso: “Primo Juan, volvemos, sobre las 15.30 llegamos”; “Recibido, cuidado a la vuelta”; “¿Cómo está la cosa?”; “Viento del Este de fuerza 8 a 10 y mar gruesa a muy gruesa con olas de 4 a 5 metros”. “Ok. Recibido”; “Y en el Estrecho, cambia a Levante, fuerza 7”; “Recibido, tendremos cuidado”; “Venga, cambio y cierro”.

El pesquero Nuevo Pepita Aurora, en una imagen de archivo.

El Nuevo Pepita Aurora, un flamante cerquero construido en 1999 en Galicia, con 19,40 metros de eslora y casco de acero, navegaba a una velocidad de 10 nudos, tranquilo mientras que discurrió paralelo a la costa de Marruecos desde Larache. Una vez que sobrepasó el Cabo Espartel para adentrarse en el Estrecho de Gibraltar, y no estar ya a sotavento de la costa, se encontró con viento de levante, que iba arreciando a fuerza 7 y olas de 2 a 3 metros, por lo que el patrón, según la Comisión de Investigación de Siniestros Marítimos, decidió navegar con mar de amura.

A medida que el buque se adentraba en el Estrecho las condiciones de viento y mar empeoraron hasta alcanzar olas de 4 a 5 metros, por lo que el buque redujo su velocidad hasta 7 nudos. Las olas comenzaron a dejarse notar, el agua entraba en cubierta. Habida cuenta que el buque no podía evacuar el agua embarcada, el patrón decidió efectuar varios cambios de rumbo poniendo popa al viento por si de esta manera podría resultar efectiva la evacuación. Alrededor de las 14:30 pm, y durante la última de estas maniobras, según los tripulantes supervivientes, el buque recibió un golpe de mar mortífero.

Llamada de socorro

Las olas voltearon el barco. A los pocos minutos acudió al lugar del siniestro el pesquero Benamahoma, seguido del Hermanos García Lara, Moby Dick y Piloto, que navegaban próximos al buque siniestrado, salvando el primero a siete tripulantes con vida. Por su parte, el pesquero Hermanos García Lara rescató a otro tripulante y los pesqueros Moby Dick y Piloto recogieron un tripulante fallecido cada uno, trasladándose todos ellos al puerto de Barbate. Desde la Estación Radio, Juan Rossi ya había avisado a todas las autoridades siguiendo el protocolo. Salvamento Marítimo, Tarifa Radio, Cruz Roja, Autoridad Portuaria Bahía de Cádiz y, cómo no, al alcalde de Barbate, por aquellos entonces, Rafael Quirós.

Así, poco a poco se fueron aglutinando en el puerto personas y medios sanitarios. Lo que habitualmente era un trasiego de compradores, vendedores, marineros, familiares, cajas de pescados capturados, operarios… se convirtió en un auténtico infierno. En el pueblo la noticia voló. Y los familiares de los marineros del Nuevo Pepita Aurora, no quisieron esperan llamadas y se fueron para el puerto. Allí ya esperaban compañeros, el personal habitual del muelle, así como todo tipo de personas desde Cruz Roja, las ambulancias, Protección Civil, autoridades y demás vecinos que se agolpaban para saber qué había pasado. Ya se había comunicado el fallecimiento de al menos dos personas y otra desaparecida. La Lonja del Pescado, morgue improvisada fue dejando pasar las horas hasta que se fue decretando el llanto. Barbate lloró de pena y empezó a buscar explicaciones. No hacía ni dos meses que había sido “despachado” el barco con los certificados en regla.

¿Qué ocurrió realmente?

Las causas del siniestro se sabían antes de que la Comisión de Investigación realizara sus conclusiones, y es que a la gente de mar es muy difícil engañarla. Según el Informe de Fomento, fue un cúmulo de circunstancias como el exceso de pesos y su disposición  a bordo (la red); el efecto de superficies libres por agua embarcada en cubierta por las olas, sin evacuación por el cierre de más de la mitad de los desagües; la pérdida de flotabilidad por el peso y, lo más importante, las condiciones meteorológicas adversas.

Bocana del Puerto de la Albufera. FOTO: L.R.

No obstante, la pérdida de los cinco marineros y tres desaparecidos hacen recordar la ardua y dificultosa labor de los hombres del mar. Todavía hace unos años se creía en la posibilidad de recuperar el pecio que sigue hundido frente a las costas tarifeñas, ya hoy es más complicado. Aunque este asunto merece capítulo aparte. Los buques de Salvamento Marítimo se desesperaban por mantener el pesquero a flote, aunque éste se hallaba en posición invertida y con el bulbo de proa ligeramente levantado. La prioridad, según indica José Antonio Aparicio, experto en gestión de Emergencia, "era hacer firme un cabo al casco del Pepita Aurora para facilitar su remolque hacia la costa y sacarlo de las aguas profundas en las que se encontraba".

Pero el diseño de su casco no ofrecía ninguna opción clara para fijar estos anclajes, de modo que los esfuerzos de los GEAs de la Guardia Civil sólo lograban poner en riesgo sus propias vidas. Y en el primer día hubo que desistir del intento, decisión que fue duramente criticada por las familias de los desaparecidos. Finalmente, el buque no pudo ser remolcado y acabó en el fondo del mar, frente a las costas de Tarifa. Manuel Corrales Oribe, Antonio Miguel Gil Guerrero, Manuel Fernández Fernández, Manuel Alba García y Andrés Lucio Groslán engrosaron la lista de hombres que dejaron sus vidas en el mar por un sustento. Por su parte, Francisco Cla Caballero, Manuel Reyes Moreno y Manuel Vuela Sánchez, continúan hoy descansando entre corales.

Diez años después en Barbate, con la mente puesta en aquel día, aquellas aguas y aquella red, la herida sigue sin cicatrizar, a pesar del salitre. Dos homenajes se prevé el próximo martes al mediodía, el primero en la capilla de la Virgen del Carmen, situada en el muelle pesquero, donde tendrá lugar un responso y una ofrenda floral en el muelle. El segundo de los actos será la representación de una obra de teatro que recuerda aquellos momentos en el patio de Pío XII: La Aurora de Barbate. Ese día no hubo pesca. Nadie quiso aquellos boquerones capturados en aquel fatídico 5 de septiembre de 2007.

Sobre el autor:

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Luis Rossi

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