La otra batalla del Trocadero: una gran 'familia' de pescadores contra el derribo de sus históricas casetas

La Demarcación de Costas de Andalucía-Atlántico ordena el desalojo y derribo de unas construcciones que sirven para guardar aparejos de pesca en la Isla del Trocadero, en Puerto Real

Pescadores de la Isla del Trocadero, en la que es su 'casa' la mayor parte del día.
Pescadores de la Isla del Trocadero, en la que es su 'casa' la mayor parte del día. MANU GARCÍA
25 de enero de 2026 a las 08:38h

Una mañana cualquiera, en la Isla del Trocadero de Puerto Real, hay pescadores preparando sus utensilios de pesca, hablando entre ellos, una estampa que se viene repitiendo desde hace décadas. Porque hace más de 50 años que comenzaron a levantarse las casetas que ahora Costas quiere derribar.

Pero hay que rebobinar para entender el presente. En el margen derecho del caño del Trocadero, cerca de la denominada salina Victoria del Trocadero —muy visible desde la CA-35, nada más cruzar el puente Carranza de Cádiz—, hay una especie de poblado de pescadores que forma parte del paisaje desde hace medio siglo. El entorno ha ido cambiando, ellos se han mantenido.

Se fueron construyendo pequeñas casetas para guardar sus cañas, los motores, las redes de pesca y demás utensilios. Unas construcciones de chapa, ladrillos, bloques o azulejos de mil colores. Lo que tuviera a mano cada uno. Cada una es única en sí misma, porque están levantadas con retales. Lo importante no es su aspecto, sino que cumplan su función.

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Barcos en la Isla del Trocadero, cerca de las primeras casetas.   MANU GARCÍA

Y en los espacios comunes, bajo un modesto porche con apenas una mesa y algunas sillas alrededor, reparan sus cañas, empatillan anzuelos, o simplemente hablan los pobladores ocasionales de un enclave en el que todos se conocen. En el que casi son familia, una particular comunidad que puede tener los días contados.

Porque hace poco tuvieron una visita inesperada. La de trabajadores de la Demarcación de Costas de Andalucía-Atlántico, que recorrieron las casetas, una a una, para dejarles una notificación, dándoles diez días para abandonar sus casetas, y retirarlas. Hasta 159 expedientes de recuperación posesoria para recuperar este espacio, ubicado en dominio público marítimo-terrestre.

Este deslinde fue aprobado mediante Orden Ministerial de 29 de mayo de 1998. En este tiempo se han intentado derribar las casetas en varias ocasiones. En 2002 hubo un amago, pero la falta de plan alternativo terminó por dejar morir la intención de Costas. Pero ahora arremete de nuevo para recuperar este terreno, en una situación que recuerda a la vivida en La Casería, en San Fernando, en 2022.

"Sin previo aviso, nos quieren echar. ¿Por qué ahora? Nadie lo entiende. El Caño del Trocadero está vivo gracias a las embarcaciones que hay aquí. Si no estuviéramos nosotros, hubiera desaparecido la desembocadura", defiende Pedro Vega, presidente de la recién creada asociación Castillo de San Luis Isla del Trocadero, un nombre que recuerda que este es un lugar histórico.

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Florencio, uno de los pescadores del Trocadero.  MANU GARCÍA

Un lugar que comparte nombre con una plaza de París

En este punto, a pocos metros de donde tienen sus casetas, está el Fuerte de San Luis. En la entrada del caño de la Isla del Trocadero, el 31 de agosto de 1823, los Cien Mil hijos de San Luis derrotaron a los españoles constitucionalistas —llevaba unos pocos años en vigor la Constitución de 1812— en la conocida como batalla del Trocadero, que da nombre a una de las principales plazas de París, a la sombra de la torre Eiffel

Y la nueva asociación, nacida para reivindicar el mantenimiento de las casetas de pesca, quiere reforzar la idea de que ellos también contribuyen a mantener el ecosistema tal y como se conoce ahora. Porque insisten en que sin el ir y venir de las barcas por este caño, se terminaría secando, porque ayudan a desplazar los sedimentos, a que no se asienten.

"Yo me he criado aquí, en la carretera de Matagorda, donde vivíamos muchos de los que seguimos", proclama Pedro Vega, quien cuenta que hacen una pesca "artesanal" o, en otros casos, "de subsistencia". Pescar para alimentar a la familia, para complementar pequeñas prestaciones. "En mi casa éramos doce hermanos y había que buscarse la vida, por eso es una pena que ahora quieran derribar todo esto", insiste Vega.

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Pescadores del Trocadero, una mañana cualquiera, en el poblado.   MANU GARCÍA
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Anzuelos preparados para salir a pescar.  MANU GARCÍA

"Sabemos que no podemos estar, pero esto existe gracias a nosotros", señala el presidente de la asociación. Los pescadores piden una alternativa. "Si quieren tirarlo todo y poner módulos de madera, estamos de acuerdo, pero que nos den otra solución", dice. Porque ellos simplemente se dedican a la pesca artesanal —"selectiva, nada que ver con los grandes arrastreros"—.

"La mayoría de nosotros hemos sido pescadores de toda la vida, aunque hayamos tenido otros trabajos. Antes en el pueblo no había apenas nada, solo astilleros, y la gente vivía de la pesca y de las tierras", explica Vega. La asociación ya presentó alegaciones a la decisión de Costas de forma conjunta, pero deberán hacerlo individualmente. A finales de la semana que viene expira el plazo.

El proceso, que recuerda al vivido en La Casería, está dando pasos similares. En el caso de San Fernando, las alegaciones fueron desestimadas, y se derribaron las casetas. Solo quedan en pie dos negocios de hostelería, que están pendientes de una resolución judicial.

La voz de los pescadores 

"Cuando me enteré de que nos querían echar me llevé cuatro noches sin dormir", señala Florencio, uno de los pescadores del Trocadero. "Y mis hijas, que son adolescentes, se hartaron de llorar también", agrega.

Hace estas declaraciones casi sin mirar, mientras en un espacio común entre casetas, sentado, prepara anzuelos, una labor que hace de forma mecánica, porque lo ha hecho incontables veces a lo largo de su vida. Su infancia la pasó entre estas casetas, a pie de caño, rodeado de aparejos de pesca. 

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Algunas casetas del Trocadero, con motivos de pesca en sus paredes.    MANU GARCÍA

Como su compañero Guillermo, otro de los que se ha criado en la zona. Hasta los cinco años vivió en una barriada cercana a la Isla del Trocadero. "Luego todo eso se expropió, creo que porque el puente Carranza iba a ir por esta zona en un principio. Al final no fue así, pero ya nos habían sacado, y nos dieron casetas", reseña.

El padre de Guillermo era pescador profesional. Él, a los tres años, ya estaba montado en un barco. "Me llevaban amarrado, para que no me cayera. Esto es mi vida. Si me lo quitan, ¿qué hago?", se pregunta. Medio en broma, medio en serio, comenta que el derribo de La Casería llegó tras hacerse la película Operación Camarón. Y que el del Trocadero se produce después de rodarse Tierra de nadie. "Ya no dejamos grabar más", dice, riéndose.

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Antonio, Guillermo, Florencio y otros pescadores del Trocadero.   MANU GARCÍA

Cerca suya está la caseta de Antonio Losada, que hace labores de vigilante de seguridad en el Trocadero. "Me he criado aquí, esto es mi vida. Yo vivo en Puerto Real, pero paso más tiempo aquí porque en mi casa me aburro. Aquí estoy distraído", reseña.

Como sus compañeros, se queja de que no les hayan dado una alternativa al desalojo. Un horizonte al que aspirar. "Eso te hace polvo, porque la mayoría hemos nacido aquí prácticamente", señala Losada. "Si el caño se mantiene es gracias a nosotros", abunda.

Y es que además de su componente romántico, para muchas familias también es su sustento. "Soy soldador, pero cuando estoy parado salgo a ganarme la vida. He mantenido a mi familia desde aquí. Aquí se come de esto", dice otro pescador, que no da su nombre. También insiste: "Si nos lo quitan, el caño se pierde. Y tampoco nos dan alternativa".

El Trocadero como un referente medioambiental e histórico

El Ayuntamiento de Puerto Real, tras conocerse la intención de la Demarcación de Costas de Andalucía-Atlántico, pide la suspensión del proceso de desalojo de las casetas de la Isla del Trocadero.

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Barcas de pescadores, con el puente Carranza al fondo.   MANU GARCÍA

El Consistorio solicita a Costas que no avance en la aplicación de esta medida sin antes establecer un marco de diálogo y planificación que permita ordenar este espacio conforme a criterios medioambientales, sociales e históricos.

"El gobierno local propone elaborar un plan conjunto que defina un uso compatible con la protección del entorno y reconozca el valor cultural de una actividad que forma parte de la identidad puertorrealeña", decía en un comunicado. 

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Las casetas del Trocadero, vistas desde arriba.   MANU GARCÍA

El Ayuntamiento recuerda que las casetas del Trocadero, levantadas hace décadas por pescadores locales, representan un testimonio vivo de la pesca artesanal y de una forma de vida estrechamente vinculada a la Bahía. De ahí que el Consistorio entienda que la recuperación de este espacio debe partir de la regulación de la actividad y no de su erradicación.

La meta, para el Ayuntamiento de Puerto Real, debe ser convertir la Isla del Trocadero en un referente medioambiental e histórico desde la colaboración entre administraciones. La última palabra la tiene Costas.

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Francisco Romero

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