La lucha en diseminados, pedanías y 'micropueblos': creatividad y dependencia de otras administraciones

Los responsables de La Barca, Villaluenga y las barriadas de Barbate explican la dispar crisis económica que les viene encima y la politización de repartos de mascarillas

Un militar desinfecta una calle en Barbate. FOTO: Ayto.
Un militar desinfecta una calle en Barbate. FOTO: Ayto.

Los pueblos más pequeños y diseminados de la provincia de Cádiz están viviendo situaciones muy diferentes. Los hay a los que el coronavirus no ha llegado, y tocan madera para que eso siga siendo así. A otros sí. En otros, la falta de transparencia de datos, siguen a oscuras. En concreto, en los territorios inferiores al municipio administrativamente, como pedanías o barriadas rurales. Hablamos con los responsables de Villaluenga, con apenas 800 habitantes; los diseminados de Barbate y la pedanía de La Barca.

Alfonso Moscoso, alcalde de Villaluenga, tierra quesera, entiende que es más sencillo un confinamiento en un pueblo que en una ciudad. Las desinfecciones diarias, por ejemplo, son realizables en núcleos de pocas calles. Oficialmente conocen el caso de dos positivos, pero relacionados con el brote de la residencia de ancianos de Ubrique.

"La primera semana semana se estuvieron repartiendo mascarillas casa por casa, realizadas por voluntarias", explica. Esta semana, Diputación es el que ha permitido más reparto. Lo han hecho con mascarillas y guantes. En mente, sobre todo, los mayores. "Este es un pueblo rural, sin centros de ocio para ellos, sin esparcimientos. Su día a día ya era estar en casa, o en el campo".

Si bien este pueblo serrano es eminentemente industrial y ganadero, de la industria del queso, y la gente ha seguido trabajando, y a pesar de que no viven del turismo como otros municipios de la zona, la crisis sanitaria va a suponer un duro golpe. "Hasta que no abran bares y restaurantes", que es donde se consumen los quesos de Villaluenga. Por eso, sería esencial, igual que está fomentándose el turismo nacional, que se fomente el consumo de productos nacionales. "Ya hay varias campañas. Tenemos que ayudar a lo nuestro. La economía es consumo, empleo, desarrollo, riqueza...".

Ana Ruiz es la concejala de Barbate responsable de los diseminados. El suyo es un término municipal grande de la Janda y la Costa. Zahara de los Atunes es una pedanía, con su propio alcalde. La Diputación, denuncia la política andalucista, miró los colores y entregó 1.400 mascarillas para 1.200 habitantes. A Barbate, poco más con 10.000. "Ellos ven los colores políticos, la Diputación es de todos los gaditanos, y ahora no es tiempo de hacer política, sino de unirnos".

A Barbate le salvan otras aportaciones como más de 3.000 del Gobierno central para el transporte. Cuando acudieron a sus diseminados, como Los Caños, Manzanete, El Soto, Zahora y San Ambrosio, tuvieron que dárselas sólo a los cuidadores directors y mayores de 65 años. No había para todos. "A Vejer, con 12.000 habitantes, Diputación les dio 20.000".

Otra de las grandes quejas del municipio ha sido la falta de transparencia de la Junta respecto a los datos. Las cifras han ido bailando en los últimos días. Entre cuatro y seis positivos no detectados por el Ayuntamiento. Los vecinos no saben quiénes son. Y, mucho menos, si son de los diseminador y barriadas rurales o urbanizaciones fuera del pueblo pero dentro del término. "Eso es jugar con la salud. Debe saberlo un alcalde. Si viven en un edificio concreto, por ejemplo, por no saber quiénes son, no hemos podido limpiarlo".

La gente que vive en esas barriadas rurales, al menos, están acostumbradas a acudir poco a Barbate. No vio especialmente la llegada de personas de segunda residencia en marzo. Y si llegaron, "no se les ha visto". La ciudadanía, en general, sobresaliente. La última batalla del Ayuntamiento es que se ofrezcan soluciones para municipios relativamente pequeños en población pero grandes en territorio, sobre todo de playas. Barbate está intervenido por deudas de gobiernos anteriores frente a Hacienda, por lo que esperan algo de mano izquierda ante este asunto.

Por su parte, el alcalde de La Barca de la Florida, Alejandro Valenzuela, que no llega a los 5.000 habitantes oficialmente y no tiene que cumplir con horarios, también está contento con sus vecinos, con el comportamiento durante el confinamiento. El político popular, eso sí, no sabe oficialmente cifras de contagiados en el pueblo, aunque sí detectaron un positivo de un agente de la Guardia Civil al comienzo de la pandemia, que en principio no ha ido a más.

Denuncia, eso sí, que la oposición en el pueblo no estaría jugando limpio. Les acusa de aprovecharse de que el Ayuntamiento de Jerez es socialista para controlar el proceso de entrega de ayudas. "Estamos investigando por qué llama a cada beneficiario de La Barca, cómo sabe quién es cuando no lo sé yo, que soy el alcalde y él es solo un trabajador de este ayuntamiento. Estamos investigando si hace esas llamadas durante sus horas de trabajo aquí, que no puede hacerlo. He llamado al Ayuntamiento de Jerez y me dice que no me puede decir los nombres de los que reciben esas ayudas que vienen del pabellón Kiko Narváez (cesta de comida) por protección de datos. ¿Por qué lo sabe entonces la oposición en La Barca?". En ese sentido, explica que "vemos superbien" toda ayuda, pero es reacio al cómo.

Por otra parte, indica que La Barca no es un enclave turístico, pero que muchos de sus vecinos pasan temporadas trabajando en el sector en Mallorca, algo que este año no ocurriría con casi toda probabilidad. Va a ser un tema duro. el campo sí está funcionando, hay menos trabajo. Esta semana pasada hemos compartido en nuestras redes una oferta por la que han entrado 10 personas a trabajar".

Sí se muestra algo escamado respecto al desconfinamiento. El popular señala que "ha sido un poco anticipado. Vemos a mucha gente sin mascarilla. El estado de alarma hace falta, con matizaciones. No es un cheque en blanco. Si se hicieran test, se podría abrir con mayor seguridad, pero hay mucha incertidumbre". Los primeros días, el pueblo se surtió de una donación de 500 procedentes de un bazar chino. Después, han ido adquiriendo telas para coserlas allí. "Ahora, tenemos ayudas de Diputación y la Junta. El gel es lo más complicado de encontrar a grandes cantidades, mascarillas ya hay en la farmacia".

Gracias a labores de limpieza del ejército, además de medios propios municipales y de Diputación, se van limpiando las calles. Y al ser una localidad pequeña, "sin obligar a nadie", van a intentar organizar las calles para que la gente no se agolpe al hacer deporte. Son medidas que sí son viables estas zonas, y no en ciudades.

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