En las entrañas del reino de las papas: "Encima en Sanlúcar se olvidan de La Algaida, con el trabajo que damos"

La Colonia, fundada en 1914, es de esos pocos sitios que sacan rendimiento a la arena de playa sin que sea para que la pisen los turistas. El Sanlúcar rural se reivindica, mientras continúan algunos problemas históricos como la falta de infraestructuras, y con el trasfondo de la proliferación de cultivos 'indoor' de marihuana

Un trabajador de la cooperativa Virgen del Rocío, en una nave repleta de patatas.
Un trabajador de la cooperativa Virgen del Rocío, en una nave repleta de patatas. MANU GARCÍA

Sanlúcar es una localidad con muchas almas. Las más conocidas, la marinera y la recreacional. Pero hay otra donde hace calor por calor, el del campo, al que casi no refresca la brisa del mar. Es esa Sanlúcar agrícola, donde el rey es la papa y todo tubérculo. La arena de playa, la más fina, es la que permite que la patata o el boniato crezcan sin que la piel se destroce y, por tanto, se mantenga intacta, tanto de sabor como visualmente, sin que se oxide alguna parte. En las papas, como en Sanlúcar, hay clases. La spunta es "la buena", y la "redonda" o Arizona, la menos buena. El kilo baja 15 o 20 céntimos cada día. Sanlúcar produce durante unos diez meses al año varias toneladas diarias. Por aquí no hay plásticos, los cultivos de mayor beneficio, sino patatas que crecen del suelo, se venden por millares a pequeños propietarios que viven de ello sin excesivos lujos. Da coraje, cuenta un agricultor, que venga un perito y te diga que tu cosecha, a la que has dedicado meses, no vale ni para purés, porque algún bicho la haya picado. Y en esas, la Colonia de Monte Algaida, conocida como La Colonia o como La Algaida, vive entre la desembocadura del río Guadalquivir y el puro campo.

Fundada en abril de 1914, estas colonias surgen con la entrega de pequeños terrenos con una vivienda incluida. Algunas, dos o tres, quedan en pie. Cuentan los mayores del lugar que conocieron La Algaida sin luz y sin agua y con una pequeña escuela a la que iban solo algunos, aquellos en cuyas casas podían permitirse no contar con un sueldo desde que apenas eran niños. Eran otros tiempos. Hoy hay centro de salud y uno de los mejores colegios de Andalucía, el CEIP Maestra Caridad. Las viviendas han sufrido duras sanciones porque se construyen donde estaban las que entregó el Gobierno, en los años de Alfonso XIII, y no reformadas, como permitiría la actual legislación. Esas sanciones llegan en algunos casos a los 200.000 euros. Casas que no son para turistas sino para vecinos que viven en el campo.

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Luis Raposo y Diego Parada, con patatas spunta.  MANU GARCÍA

Luis Raposo y Diego Parada son dos los vecinos que nacieron en una Algaida puramente rural. Ambos tienen 64 años y toman un vino y una cerveza en la cafetería de la cooperativa Virgen del Rocío, una de las existentes en torno a la patata. "La papa este año está medio valiendo. El año pasado estaban a 15 y 20 céntimos el kilo". Cuentan que la patata da más trabajo que el vino y los langostinos en Sanlúcar. La Algaida es un motor que no se apaga. "Aquí, de 18 años para arriba, el que no estudia, trabaja. Trabaja todo el mundo. Tengo cuatro hijos y todos están en los mercados", dice Luis. La patata de Sanlúcar es especial "por la arena. No la hay en ningún lado. Es la mejor papa del mundo". "Las papas de Conil son buenas, ¿eh?", defiende Diego. "Ts, hablamos de tierra fina, esa es de tierra gorda". La piel, dice, es más dura, pero la de Sanlúcar "tiene para todo. Sin papas, y sin zanahorias, no valemos nada". 

Cuando crecieron, "esto era todo arena, no había nada. Íbamos descalzos". Luis dice que se puso sus primeros zapatos con 14 años. Él sí tiene un campito. Diego, no. Diego explica que sí pasó hambre. "Comíamos lo que el campo daba, hambre, lo que es hambre, muy poca", añade Luis. Diego estaba con una zoletita a quitar malas hierbas a los campos. "Teníamos las manos más duras que el suelo". Se ríen si les pregunta si, claro, echarían de menos algún guante. "¡De eso no había!". Ese trabajo era el refilón de las crisis que sufrieron sus padres, años de Guerra Civil, crisis económica y posguerra.  "Yo no sé leer. Me quité con el libro de Los Primeros Pasos. Bueno, una carta, te la leo, pero escribir muy poquito. Toda la vida en el campo".

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Una de las últimas viviendas de 1914 en La Algaida.  MANU GARCÍA

Los últimos campos los repartió el IARA, en parcelas de 10.000, 20.000 y 30.000 metros. "Sobrevives, no te mueres de hambre, pero no te haces rico". Atrás quedaron esos años de "tener que ir con un burro con mi madre a Sanlúcar a que me echaran las vacunas. Íbamos así. Hoy tenemos todo, todo. El campo no es tan duro ya". En la casa de Luis eran 13 hermanos. En dos habitaciones, y un salón también con camas, muchas literas. "Y mi hermano el mayor dejó embarazada a la mujer y se vino también a la casa. Pero comíamos". Hoy no comen trece hermanos así como así. "Con siete años ya estabas guardando cochinos, o guardando cabras. Los niños hoy ya se crían mejor imposible. Y los chavales son críos hoy muy buenos, que cuando tienen la edad de trabajar, trabajan mucho. Han aprendido a trabajar de los viejos".

Guancho Ibáñez es una de esas personas que viven por y para el campo en La Algaida. Explica que ya el Ayuntamiento buscó una marca, Arenas Finas, para que sirviera como marca colectiva. "Nos encontramos en algunos lugares patatas de otros lugares que se comercializan como si fueran de Sanlúcar porque cogen la caja de las cooperativas". La papa de Sanlúcar, señala, "nunca se lava, y eso es lo que le da valor. Se pone al contraste al sol y es rubia". La cooperativa Virgen del Rocío tiene de empleos directos casi 300 empleos todo el año, más los agricultores. Y así, otras empresas. Aunque "esta tierra vale para casi todo, menos para viña. Lo que le das, lo coge". Y cuenta que la papa quita y quitó hambre. En los años de crisis. Y en los de la actualidad. Porque los jóvenes siguen creciendo con el olor a la arena mojada de los campos.

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Guancho Ibáñez, en la cooperativa Virgen del Rocío.  MANU GARCÍA

Juan Antonio Vega, a sus 60 años, cuenta que sus padres eran esos colonos de toda la vida. "Tenemos para comer, esto está bien, pero la agricultura está fatal. Nos traen mucho de Marruecos que le echan productos que aquí no están permitidos". Empezó en la papa y en el campo a los 13 años. En una tertulia de bar, varios agricultores charlan a la hora de salida del colegio, una vez cumplida la jornada. "Aquí estamos marginados, eso sí. Porque aquí se da trabajo a medio Sanlúcar". Paco, con 64, recuerda que ducharse después de la medianoche es un problema por la falta de la presión del agua. Los caminos, "una mierda", que no arreglan las administraciones. Las calles, sin alumbrado en muchos puntos.

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Agricultores tras la jornada en La Algaida.   MANU GARCÍA

"Las casas multadas con 200.000 euros no se solucionan, pero el IBI lo pagamos. Y no tenemos derecho a la luz de la calle. Faltan un montón de cosas y el alcalde viene para las elecciones nada más. Me da igual quién gobierne, pagamos impuestos para nada, es una mierda", añade Vega. Lo que necesitan, cuentan, "es que los impuestos de los de aquí se gasten aquí", remacha Francisco Javier. Entre tanto, mientras haya arena, habrá patatas, -y lo que no son patatas, porque son boniatos, tomates, pepinos...-. José Manuel, de 34 años, es un ejemplo también de que los jóvenes pueden encontrar un futuro. "Es duro", dice, pero no tanto como antes.  

Los casos de narcotráfico: "No es un problema de La Algaida, es de toda Andalucía"

Cuentan algunos vecinos que para muchos agricultores puede ser muy frustrante que venga un tercero, un comprador, y diga si algo vale y si no. Y si se pierda, que quema la sangre ver la cosecha triturada. Y sin un ingreso con el que se contaba para vivir. Por eso, en la zona de La Algaida existen casos de detenciones cada cierto tiempo por cultivos de marihuana indoor o por tráfico. Un alto cargo de la Policía Judicial de Sanlúcar explica el trasfondo.

"En los últimos años hemos notado un crecimiento exagerado de cultivos indoor. Cada semana son tres o cuatro que encontramos en Sanlúcar. Es un delito muy rentable, que roza la impunidad, porque las penas suelen ser económicas y son un daño para la sociedad y para el entorno de los cultivos, porque vivir cerca de ellos es insoportable, enganchan la luz, se les coge y a los meses, incluso, se les vuelve a pillar. Es una pérdida de calidad de vida que genera una permanente petición de los vecinos".

"No hay tolerancia hacia la droga, pero el narcotráfico sí tiene muchas raíces en la provincia"

Una de las realidades de La Algaida es que se encuentra en la desembocadura del Guadalquivir, pero sin estar tan expuesto a la zona pesquera o turística. La Colonia es un núcleo de viviendas entre campos, casas a menudo irregulares, calles sin luz y entornos que no todos conocen. "Para nosotros puede ser difícil actuar allí". Pero actualmente está en marcha el Plan Especial de Seguridad impuesto por Interior para declararle la guerra al narcotráfico, y en ese marco, ha habido importantes avances. A finales de abril, por ejemplo, se localizó una furgoneta en el entorno con casi 700 kilos de hachís.

"No hay tolerancia entre la población hacia estas prácticas, lo que sí puede haber es muchas personas que se dediquen y eso genera muchas raíces. A ciertos niveles de juventud, el narcotráfico puede suponer una forma de conseguir dinero, y hasta prestigio, sin esfuerzo. Pero el problema no es de Sanlúcar, es de toda la provincia y de toda Andalucía", remachan fuentes policiales.

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