En Barbate, donde el atún forma parte de la identidad colectiva y el olor a salazón se mezcla con la brisa atlántica, una empresa familiar ha logrado convertir la tradición en industria sin perder el alma. Herpac cumple 40 años en el mejor momento de su historia: crecimiento sostenido, diversificación productiva, expansión internacional y más de un centenar de trabajadores respaldan una trayectoria que comenzó de forma artesanal y hoy se proyecta hacia los cinco continentes.
Lejos de sufrir la temida “crisis de los 40”, la compañía atraviesa una etapa de madurez sólida. Las últimas cifras de facturación confirman el punto dulce que vive la empresa, fruto de una estrategia basada en tres pilares: trabajo constante, implicación familiar y capacidad de adaptación a los nuevos tiempos.
De los hermanos Pacheco a la tercera generación
Herpac nace de la iniciativa de los hermanos Pacheco —Paco y Diego—, cuyo apellido dio nombre a la firma. Desde sus inicios en el casco urbano de Barbate, la empresa fue creciendo de manera progresiva, consolidándose como un referente en la elaboración de salazones y derivados del atún.

Hoy, cuatro décadas después, la empresa se encuentra plenamente instalada en la tercera generación. Paco Pacheco, uno de los fundadores, supera los 80 años y sigue vinculado al proyecto. Diego, ya fallecido, dejó una huella imborrable en la historia de la compañía.
Actualmente, alrededor de once miembros de la familia trabajan activamente en la empresa. Hijos y nietos de los fundadores participan en áreas clave como producción, ventas, administración y gestión. Lejos de diluirse con el paso del tiempo, el vínculo familiar se ha reforzado. El relevo generacional no ha sido forzado, sino natural: quienes crecieron viendo el esfuerzo diario en la fábrica han terminado formando parte de él.
Crecer sin perder el espíritu familiar
El crecimiento ha sido constante. Hace apenas dos décadas, la plantilla rondaba los 30 trabajadores en los momentos de mayor producción. Hoy supera el centenar de empleados. Este aumento no solo refleja un incremento en volumen de negocio, sino también una ampliación sustancial de la actividad industrial.
En 2011, la empresa dejó atrás su antigua fábrica en el núcleo urbano para trasladarse al polígono industrial El Olivar de Barbate. Las actuales instalaciones, que alcanzan aproximadamente los 10.000 metros cuadrados, permiten optimizar procesos y responder a las exigencias del mercado actual.

Aun así, el carácter familiar sigue siendo el motor interno. La dirección está presente en el día a día y mantiene una implicación directa en cada decisión estratégica. Esa cercanía, aseguran desde la empresa, es una de las claves de su estabilidad.
De la mojama emblemática a una industria “cuatro en uno”
Si hay un producto que simboliza la esencia de Herpac es la mojama de atún. Ha sido históricamente su emblema y continúa siendo una referencia dentro y fuera de Andalucía. Sin embargo, la empresa ha sabido ampliar horizontes.
Hoy, Herpac funciona prácticamente como cuatro fábricas bajo un mismo techo: el área de conservas (atún de aleta amarilla, atún rojo, melva y caballa), el área de salazones tradicionales, la línea de ahumados (salmón, bacalao, atún rojo y aleta amarilla) y la zona de corte y almacenamiento de pescado congelado.
Esta estructura multiproducto la diferencia dentro del sector. Mientras muchas industrias se especializan en una sola línea, Herpac ha apostado por integrar todas las posibilidades de transformación del pescado: conserva, semiconserva, pasteurizado, salazón, ahumado y congelado.
Tradición y modernidad: una combinación necesaria
Mantener recetas artesanales no significa quedarse anclado en el pasado. La empresa ha incorporado tecnología avanzada, sistemas de control de calidad y procesos adaptados a normativas cada vez más exigentes. El mercado evoluciona, las regulaciones se endurecen y la competencia se globaliza.

En ese contexto, Herpac ha apostado por anticiparse: invertir en seguridad alimentaria, optimizar procesos productivos y adaptarse a las nuevas demandas del consumidor. La tradición sigue siendo la base, pero la innovación es la herramienta que garantiza la continuidad.
El principal cliente de Herpac continúa siendo el canal Horeca, especialmente la restauración. El prestigio de sus productos en la hostelería ha sido clave en su consolidación.
Sin embargo, la empresa mira ahora hacia el consumidor final. El desarrollo de nuevos formatos orientados al retail forma parte de su estrategia para ampliar mercado y reforzar marca.
Internacionalización: no poner todos los huevos en la misma cesta
La expansión exterior es otro de los grandes desafíos asumidos en esta etapa. La compañía cuenta con una presencia consolidada en la Unión Europea, pero ha iniciado un proceso decidido de apertura hacia nuevos mercados.

Estados Unidos es uno de los principales objetivos. Herpac ya está dada de alta en la FDA, el organismo regulador que permite la entrada de productos alimentarios en el país. Además, ha comenzado a comercializar determinadas conservas en territorio norteamericano.
La expansión alcanza también América Latina, Australia, Singapur y Arabia Saudí. En Filipinas se han realizado envíos puntuales, aunque el mercado aún no ha terminado de consolidarse. Diversificar destinos, explican desde la empresa, supone una garantía de estabilidad. Si un mercado se contrae, otros pueden sostener la actividad.
La tercera generación: formación científica para una industria tradicional
Uno de los ejemplos más claros de evolución es la incorporación de perfiles altamente cualificados en la tercera generación. José Vázquez, nieto de uno de los fundadores, representa esa nueva etapa.
Formado en Bioquímica y con un máster en Tecnología Industrial, trabajó en laboratorio antes de decidir regresar a la empresa familiar. Su incorporación simboliza la convergencia entre conocimiento científico e industria tradicional.
La tercera generación reconoce no contar con la experiencia vital de sus padres o abuelos, pero aporta herramientas técnicas, visión estratégica y capacidad de innovación. Esa suma intergeneracional es, probablemente, uno de los factores que explican la solidez del proyecto.


